Asamblea Constituyente del Municipio de Huelva
“Nos consideramos de abajo a la izquierda y estamos dispuestos a
la unidad total con lo de abajo a la derecha, es decir, con el 70 u 80%
de la población. Pero no nos esperéis en la unidad con los de arriba, ni
aún cuando se autoproclamen de izquierdas. Esa izquierda de arriba que
entiende de recortes de derechos y salarios en acuerdos y pactos con las
elites a cambio de visas-oro, cenas principescas, asesores-as, hoteles
de cinco estrellas…”
“Sobre la unidad
del 80% bajo una sola voz, para hacer frente a una posible caída del
gobierno para el cambio del sistema y la abolición del Capitalismo”...
A una pequeña parte de los que formamos constituyentes se nos acusa
reiteradamente de sectarios por no participar de los llamamientos
generales tipo 25 S, foros, mareas… y de no estar a la altura de los
tiempos por negarnos a promover candidaturas ciudadanas para las
próximas y siguientes elecciones, ya que se parte de que la única vía de
cambio de sistema es “desde dentro del corazón de la Bestia”, por
quienes creen que la bestia solo tiene un corazón y que este está en los
escaños del sistema.
Ya intentamos responder repetidamente a estas críticas desde nuestra
militancia en las asambleas locales y en cuantos llamamientos generales
se realiza desde constituyentes, pero parece que no es suficiente. Las
críticas se repiten incesantemente llegando en algunos casos a
acusaciones de que trabajamos para el enemigo.
Algún que otro compañero me ha pedido que hagamos pública nuestra
respuesta a esas críticas breves y concisas pero que requiere una
respuesta que no puede ser ni breve ni concisa, quizás por falta de
capacidad por mi parte. A ver que sale.
En primer lugar hay que considerar que la posición que se nos critica
la mantenemos un pequeño grupo de andaluces, por ello todo lo que pueda
parecer el llamamiento a tener “una sola voz” estará ausente de nuestro
discurso. No podemos ni pretendemos reflejar más que una de las voces,
de las miles de voces que desarrollamos los de abajo. Pues es
característico de lo andaluz la confrontación y convivencia con ideas y
“voces” o propuestas dispares.
Nunca nos ha gustado el encuadramiento característico de la cultura
germano europea imperante en otras latitudes, y desgraciadamente
dominante cada vez más en la propia Andalucía, por ser las formas de los
que nos dominan: una sola España, una sola Europa, un solo líder, un
solo programa, un solo partido (aunque evolucionado al bipartidismo
aparente), un solo sindicato, una sola manifestación, una sola voz, etc.
Nuestra confrontación por la conquista de la democracia no es solo
dialéctica, es también formal. Frente a la voz única de los poderosos
nosotros confrontamos las voces múltiples de los que sufrimos. Nuestra
democracia es la que permite la diversidad de voces. Mientras que en
todas las plataformas o frentes que existen y que han existido, desde
nuestro conocimiento y participación en algunas de ellas, muchas voces
quedan silenciadas y se imponen unos objetivos que en muchos casos, no
se corresponden con las ansias liberalizadoras de los de abajo.
Por otro lado, la unidad de las organizaciones y plataformas que
luchan es siempre un objetivo y, como objetivo, es necesaria la lucha
por su conquista. Hay quienes sustituyen la lucha por llamamientos,
pintadas o pancartas con el lema de la unidad, pero esto no es luchar,
es más parecido a rezar.
Quizás haya que esperar a que las movilizaciones espontáneas de las
gentes de abajo obliguen a la unidad, tal y como pasó en la lucha
popular contra la intervención de España en la guerra contra Iraq, donde
como exclamó el Subcomandante Marcos, las islas de la izquierda en
España se convirtieron en un gran archipiélago.
También cabe una pregunta, unidad ¿para qué? Nos decís que para
“abolir el capitalismo”. Pero las luchas que estamos desarrollando a
partir del 15M de 2011, han desembocado en la reivindicación de un nuevo
proceso constituyente desde abajo.
Muchas movilizaciones,
organizaciones y plataformas de lucha coincidimos en este objetivo. Y si
es verdad que sería necesaria la unidad del 70 o el 80 por ciento de la
población, también hay que tener en cuenta que no todas las
reivindicaciones de un proceso constituyente van dirigidas hacia el
mismo objetivo.
Históricamente y a priori se pueden distinguir dos tipos
(fundamentales) de procesos constituyentes: Los procesos que se realizan
para mejorar o encauzar el sistema bajo el que se produce dicho
proceso, como los del 1868 o 1978 en España; o por el contrario, los que
se realizan para cambiar el sistema bajo el que se produce, como por
ejemplo el de 1810 donde el territorio que habitamos pasó de ser la
Corona Hispánica a Nación Española, donde se pasó del Antiguo Régimen a
un Régimen parte integrante, desde una posición de semi-periferia, del
Sistema Mundo Capitalista o Capitalismo Internacional.
Por nuestra, parte estamos dispuestos a la unidad, reduciendo al
máximo nuestras expectativas y objetivos, incluso dejándolos en un
segundo término, si esa unidad persigue el cambio del sistema
capitalista bajo el que vivimos y morimos, por otro sistema donde la
democracia, la dignidad de los seres humanos y la reparación de la
naturaleza sean sus características fundamentales.
Cuando en los eslóganes aparecen consignas de recuperar derechos
perdidos, volver a la concertación social, o paliar sufrimientos
sectoriales, no se está reivindicando la superación del capitalismo sino
su perpetuación. Y no están los tiempos como para no hacer propaganda
de la revolución democrática y anti-capitalista.
Y unidad ¿con quien? Nos consideramos de abajo a la izquierda y
estamos dispuestos a la unidad total con lo de abajo a la derecha, es
decir, con el 70 u 80% de la población. Pero no nos esperéis en la
unidad con los de arriba, ni aún cuando se autoproclamen de izquierdas.
Esa izquierda de arriba que entiende de recortes de derechos y salarios
en acuerdos y pactos con las elites a cambio de visas-oro, cenas
principescas, asesores-as, hoteles de cinco estrellas…
Esa izquierda es cómplice de las elites y corresponsable de los sufrimientos de hoy de los de abajo. A ellos, ¡ni agua!
Otra cuestión que se nos plantea es que la esperada caída del
gobierno puede abrir una posibilidad para “abolir el capitalismo”. Pero
lo único que se abre ante la caída de un gobierno es el nombramiento de
otro o elecciones anticipadas. Lo que creemos que lleva implícita la
postura que nos demanda estar preparados ante esa circunstancia, es que
debemos estar preparados para la participación electoral.
Y preparados estamos, algunos son miembros de organizaciones
tradicionales anticapitalistas, otros, desde diferentes movimientos
sociales, se postulan como alternativas nuevas e intentan españolizar
propuestas como la syriza griega, el pepe grillo italiano o los
islandeses. Otros están preparados para no votar o seguir no votando,
que es su manera de participar.
Pero para sustituir al capitalismo creemos que no hay preparación, ni
la procuramos, ni la esperamos. Blas Infante en La verdad sobre el caso
de Tablada y el estado libre de Andalucía, planteó que los hombres de
la república (1936) vinieron a convertirse en puntales de un edificio
que apuntaba ruina. Que España estaba preñada de nueva vida y en lugar
de parteros solo había modistos. Y esos modistos nos traerían la
desgracia. Y vaya que la trajeron: 40 años de dictadura.
El poder, y más concretamente el poder del pueblo, la democracia,
necesita de sus propias herramientas de soberanía. Con las elecciones
solo podríamos entrar en una de ellas, las herramientas del control
político en las Cortes Generales, en las asambleas legislativas de las
CC.AA., ayuntamientos y diputaciones.
Pero no podemos participar en las otras herramientas de las élites:
las del control económico, las del control mediático o ideológico, y las
del uso de la fuerza.
Difícilmente se podría “abolir el capitalismo” mientras las élites
mantengan intacto su control soberano sobre el resto de herramientas de
soberanía.
Nosotros por el contrario proponemos la construcción de nuestras
propias herramientas de soberanía. Actualmente existen multitud de
espacios libres en economía y medios de comunicación alternativos. Y en
eso estamos algunos pocos, promoviendo que esos espacios de grupos se
conviertan en herramientas de poder del pueblo junto a la constitución
de las asambleas municipales constituyentes como órganos de control
político de los de abajo.
Esto puede parecer más lento, pero creemos que es más seguro. En los
años 70, los de abajo le dimos una oportunidad a la unidad, a la
negociación, a la concertación, a la participación y a la
corresponsabilidad y hasta aquí hemos llegado.
A un mundo laboral que recuerda lo peor del franquismo, a ser
considerados terroristas, ha ser menospreciados por las élites y por
quienes se postulan como candidatos a élite. Pero resulta que la tortuga
sale vencedora frente a la liebre. Ahora, por correr ayer, estamos aún
en la línea de salida. ¿Vamos a repetir?
Por lo demás que cada uno vote a quien quiera o que no vote si no
quiere. El camino revolucionario va por otro lado, como siempre. Ahora
bien, si alguien nos demuestra que nos equivocamos no tendremos ningún
problema en cambiar de opinión. El que suscribe este documento nunca lo
he tenido, es más, cuanto más viejo, más alejado de mis opiniones
iniciales. Por ejemplo, antes votaba en las elecciones, ahora no.
Para ir terminando con este escrito que ya me parece que se alarga,
me referiré al cómo se nos plantea el cambio del sistema y la abolición
del capitalismo, aunque me repita en algunas cosillas.
Primero, como me dije antes, solo se nos plantea la toma de una de
las herramientas de soberanía del poder constituido, las del control
político, que son las únicas que poseen el espejismo de poder ser
tomadas por el pueblo vía electoral. Pero si no se plantean además,
propuestas sobre el control de las restantes herramientas, la pretensión
de acabar con el sistema me parece irrealizable y populista.
Y más aún si se espera que una iniciativa electoral anti capitalista
alcance una victoria por mayoría absoluta en contienda electoral. Mucho
mejor preparados estaban en Grecia e Italia y han vuelto a ganar los de
arriba, sin entrar en consideración la subida en escaños de la extrema
derecha. Tampoco las elecciones han representado un avance en el proceso
constituyente islandés, sino más bien al contrario. Ni contamos con las
alianzas internacionales idóneas para tal aventura.
¿Soportaríamos acaso un embargo como el de Cuba? ¿Estamos preparados
para hacer frente a golpes de estado y a la guerra mediática como en
Venezuela? Creo que nos falta mucha preparación previa antes de
aventurarnos los de abajo en una contienda electoral con el objetivo de
acabar con el sistema y abolir al capitalismo.
Aunque quizás tampoco haya que generalizar. Existen territorios y
alternativas electorales que pueden contribuir al avance de un proceso
constituyente de los de abajo como la CUP en Catalunya, la CUT en
Marinaleda (solo en el caso de que abandonen las filas y posiciones
socialdemócratas actuales), o la izquierda arbetzale en Euskadi. No
obstante repito, que mientras los de abajo no tengamos construidas
nuestras propias herramientas de soberanía, toda proclama revolucionaria
en contienda electoral no deja de ser más que demagogia y populismo.
Y segundo, “abolir el capitalismo” desde el control político, como
por decreto, me suena a la “abolición de la lucha de clases” de Franco o
“el fin de la historia” del Fukuyama. La Historia no funciona por
decretos sino mediante la lucha de unos grupos sociales por obtener el
control sobre otros grupos sociales, sobre sus vidas, sus familias y sus
recursos de subsistencia.
Al menos así ha funcionado la Historia escrita hasta ahora. Cambiar
este paradigma histórico es por necesidad un proceso largo, que no sabe
de plazos electorales y que correrá parejo a la construcción de nuestras
propias herramientas de soberanía. O no correrá.
Por todo esto seguimos insistiendo en el llamamiento a todas las
direcciones de las organizaciones que coincidimos en las luchas de estos
momentos de crisis terminal del sistema, para que aprovechemos la
ocasión y hagamos propaganda de la revolución democrática y de
propuestas anti capitalistas. Porque si aún no ha llegado el momento
para ello, entonces nunca será el momento.
Al menos eso es lo que entendemos, aunque casi seguro que estaremos
equivocados pues la mayoría van o vais por otro lado. Pero es que no
encontramos los argumentos necesarios, ni en la historia ni en el
presente, para cambiar de opinión, al menos de momento.
Y por último, lo contenido en el escrito no se corresponde con la
opinión del conjunto de constituyentes, sino del que lo suscribe y
algunos pocos más.
Salud.
Salud.
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