EDITORIAL de inSurgente
Los ajustados resultados electorales en Venezuela han dejado un sabor
agridulce en la izquierda. La marea humana que despidió a Chávez, que
acudió a los actos de Maduro, y las encuestas todas presagiaban una
victoria clara y contundente del gobierno bolivariano. No ha sido así,
pero el triunfo hace posible que el proceso hacia una sociedad más justa
siga adelante. La derecha festeja la derrota y –como ya había
advertido- cuestiona el resultado. Los gobiernos de países donde la
democracia es una deuda pendiente con la gente, como el de EE.UU,
Colombia o España piden que se cuenten los votos con esmero, quizás
porque saben cómo las gastan ellos, recordemos aquí a los Bush en
Florida. Ante la derrota, la derecha y el imperialismo intentará
provocar una desestabilización del gobierno, las últimas noticias de
varios simpatizantes bolivarianos asesinados por las hordas fascistas de
Capriles así lo corroboran. La reacción se juega mucho en el envite
venezolano, petróleo y la correlación de fuerzas en todo el continente.
Por eso, desde la izquierda es importante que se preste atención a la
pérdida de votos, aun sabiendo que la lucha era contra todo un
conglomerado que aglutina a la extrema derecha, a la derecha, a la
socialdemocracia, al centro, y a pseudoizquierdistas neo arrepentidos,
todos con muchos dólares llegados de EE.UU para frenar el avance del
socialismo encarnado esta vez en Nicolás Maduro. La izquierda gana -¡que
no es poco!- pero retrocede, y culpa de ello lo puede tener la
inseguridad en los barrios y calles donde bandas violentas no han podido
ser frenadas y causan centenares de muertos; en la corrupción que cual
cáncer ha continuado en las administraciones públicas como en las épocas
anteriores a la llegada de Chávez; en la creencia que allí donde no hay
tiempo a que nazca el socialismo y la justicia social se puede ir
arreglando el problema con dádivas (un militante del PSUV decía no hace
mucho que si regalamos una lavadora a una familia obrera siempre se
corre el riesgo de que la derecha venga y regale dos), y en decenas de
factores que sólo la izquierda venezolana puede y debe analizar. Al
resto nos queda seguir batallando para que en nuestros respectivos
contextos pueda haber algún día una victoria de esa izquierda que, como
la venezolana, ni claudica ni renuncia de ideales por pragmatismo.
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