Ana Lilia Esquivel Ayala,
“Somos comunalidad, lo opuesto a la individualidad, somos territorio
comunal, no propiedad privada; somos compartencia, no competencia; somos
politeísmo, no monoteísmo. Somos intercambio, no negocio; diversidad,
no igualdad, aunque a nombre de la igualdad también se nos oprima. Somos
interdependientes, no libres. Tenemos autoridades, no monarcas. Así
como las fuerzas imperiales se han basado en el derecho y en la
violencia para someternos, en el derecho y en la concordia nos basamos
para replicar, para anunciar lo que queremos y deseamos ser”....
En la Sierra Juárez, estado de Oaxaca, en el sur de México, se vive
la “comunalidad”. El pensador indígena zapoteco Jaime Martínez Luna, en
su libro Eso que llaman Comunalidad (2010), explica: “Somos comunalidad,
lo opuesto a la individualidad, somos territorio comunal, no propiedad
privada; somos compartencia, no competencia; somos politeísmo, no
monoteísmo. Somos intercambio, no negocio; diversidad, no igualdad,
aunque a nombre de la igualdad también se nos oprima. Somos
interdependientes, no libres. Tenemos autoridades, no monarcas. Así como
las fuerzas imperiales se han basado en el derecho y en la violencia
para someternos, en el derecho y en la concordia nos basamos para
replicar, para anunciar lo que queremos y deseamos ser”.
El territorio es el espacio físico donde se yergue la comunidad, la
relación con la naturaleza es especial, mágica, espiritual, pues se sabe
que la vida depende de esa armonía entre seres humanos y naturaleza.
Está constituido por bienes naturales y bienes sagrados, es la base de
la reproducción física y social; es el sitio principal para el buen
desarrollo de la cultura comunitaria.
La forma de organización social y política ha sido establecida de tal
manera que cuenta con la participación de la totalidad de sus
integrantes para la toma de decisiones. Se reúnen en la Asamblea General
de Ciudadanos —considerada como el espacio que representa la máxima
autoridad en la comunidad—, donde hombres y mujeres expresan libremente
su opinión para llegar a consensos en beneficio de la comunidad. El
consejo de ancianos o cuerpo de caracterizados (grupo designado por la
Asamblea General, integrado por ciudadanos que desempeñaron de forma
destacada algún cargo dentro de la comunidad), resulta ser un espacio de
consulta y opinión, donde la experiencia y saberes guían y orientan el
camino a seguir. Los cargos a desempeñar se deciden y asignan en la
Asamblea General; así, nacen tanto autoridades comunales, como
comisiones y comités integrados por los habitantes de la comunidad. La
elección de autoridades se fundamenta en el prestigio y por consiguiente
en el trabajo. La realización de cargos o desempeños públicos no
conlleva un beneficio económico, pero trae consigo prestigio y confianza
que va ascendiendo según la jerarquía del puesto que se desempeñe.
La resistencia de los pueblos indígenas-campesinos de la Sierra
Juárez ha permitido que se conserven valores y principios de
complementariedad y reciprocidad dentro de un ambiente armonioso que se
ha visto socavado y violentado por la presencia de prácticas
capitalistas caracterizadas por el control y depredación que ejercen
sobre los bienes naturales y la violencia hacia comunidades de la
región. Dicha resistencia, motivada por la historia de cada comunidad,
ha conducido a que estos pueblos tengan mayores posibilidades de
alcanzar y/o mantener el bienestar y la felicidad, aquello que llaman
comunalidad (o vida comunitaria) y que empata muy bien con la idea del
Buen Vivir proveniente del pensamiento andino.
Identidad con la Madre Tierra Santa Catarina Lachatao, comunidad de
origen zapoteco, localizada en la Sierra Juárez, representa un claro
ejemplo del reencuentro entre el ser humano y la naturaleza. En épocas
pasadas, esta comunidad decidió explotar sus bienes naturales. La tala
de árboles llegó a ser una de las principales actividades económicas de
la comunidad.
Sin embargo, hoy en día, el camino es diferente. Juan Santiago
Hernández, expresidente municipal y ahora representante comunal, explica
a Noticias Aliadas, que la relación que existe con la naturaleza es de
armonía. Para él, la Madre Tierra es parte de su identidad.
“Si tenemos tierra y la cuidamos, vamos a seguir existiendo”, dice.
“Todo es una armonía con el suelo, el agua, el aire. La naturaleza es lo
más importante para nosotros; es la vida”.
La sensibilidad hacia la naturaleza, dentro del vivir comunitario, se
está transmitiendo a los niños. Verónica Hernández Cruz, asistente del
Comité de Ecoturismo de la comunidad, señala: “Ahora estamos trabajando
unas actividades con los niños, de llevarlos al bosque, porque deben
sentirlo, vivirlo, de tal manera que se vayan dando cuenta de las
consecuencias de no cuidar y respetar a la naturaleza. Les enseñamos lo
que es la flora y la fauna. También mediante la realización de talleres
queremos transmitirles la intención de seguir conservando lo que la
naturaleza nos da”.
La actividad forestal, si bien trajo beneficios económicos
importantes durante un corto periodo, ha dejado un gran vacío
irreversible en el paisaje natural de la comunidad. Ahora, Santa
Catarina Lachatao, mediante un rescate de su propia historia, ha ido
construyendo y trabajando alternativas que conduzcan al bienestar y
felicidad de la comunidad, pero siempre manteniendo un equilibrio con la
naturaleza. Actividades como la agricultura —cultivo de maíz, frijol,
chícharo, trigo, haba y calabaza— y el ecoturismo están siendo
generadoras de ingresos económicos, pero no nublan el principio de
conservación y buen manejo de los bienes naturales.
El proyecto de ecoturismo ofrece a los visitantes una verdadera
convivencia con la naturaleza. Hernández Cruz nos comenta que las
actividades que se realizan para el buen funcionamiento del proyecto van
desde tratamiento de aguas residuales hasta reciclado de desechos y
captación de agua de lluvia. Asimismo, para la construcción de cabañas,
se utilizan materiales como el adobe y la teja con el fin de que el
impacto hacia la naturaleza, sea mínimo.
Preservar el bosque
Por su lado, Santiago Hernández, recuerda: “Los abuelos nos hablaron
de la armonía con la naturaleza; ellos nos dicen que antes había mucha
agua, que antes iba uno al bosque y escuchaba aves y otros animales.
Ahora vamos y el bosque está más seco, ya no encontramos las aves ni los
animales que ellos veían. Por eso sabemos que sí se debe tener un
respeto a la naturaleza. Pensamos también en las futuras generaciones,
pues ellos nos dirán que nosotros tuvimos la oportunidad de conservar el
bosque y de poner un alto a la explotación; y quizá piensen que por
dinero, seguimos explotando y acabando con la naturaleza. Más bien
queremos que digan que pusimos un alto, que intentamos iniciar esa
lucha”.
Para entender la vida en comunalidad se deben tomar en cuenta
elementos como la confianza, la complementariedad, la reciprocidad, la
hermandad y la fiesta. Para las comunidades zapotecas de esta región, el
trabajar en equipo y apoyarse en diversas actividades, mediante el
tequio, les proporciona bienestar. El tequio es una práctica comunitaria
que mediante el quehacer o servicio (sin remuneración económica), que
cada ciudadano otorga a la comunidad, se realizan obras en beneficio de
todos; como escuelas, sistemas de abastecimiento de agua, limpieza de
caminos. Esta forma de vida no es nueva, es más bien algo intrínseco a
la cosmovisión de los pueblos indígenas-campesinos; algo heredado de sus
ancestros. Sin embargo, con la influencia del mundo occidental y los
constantes embates de la privatización, sumados a la penetración de
medios de comunicación basados en principios de mercado, esta
cosmovisión se fue distorsionando, razón por la cual comunidades como
Santa Catarina Lachatao buscan recuperar los valores trastocados y
rescatar el equilibrio armonioso entre seres humanos y naturaleza.
Parafraseando al maestro Martínez Luna, la comunalidad es la
ideología, pensamiento y acción que ha permitido a las comunidades
enfrentar y resolver retos y problemas que la historia les ha deparado.
Para él, la comunalidad es “sabiduría viva que facilita a todos convivir
y colaborar en una colectividad al servicio de todos”.
La importancia de entender y preservar este modo de vida, dice
Martínez Luna, “estriba en que en el futuro la sobrevivencia y
trascendencia de los pueblos antiguos, con respecto al actuar del mundo
que los rodea, descansará en mantener la resistencia-adecuación de este
modo de ser comunitario (…), pues se sabe que los valores fundamentales
de la sociedad occidental descansan en el individualismo”. Ecoportal.net
Noticias Aliadas
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