Por qué no podemos ser cristianos y mucho menos católicos – Piergiorgio Odifreddi
Como ciudadano, Odifreddi sostiene que el cristianismo no ha apoyado
el desarrollo del pensamiento democrático y científico europeo, sino que
ha actuado como freno al crecimiento moral y cívico, y que el
anticlericalismo, hoy en día, es más una defensa del estado laico que un
ataque a la religión de la Iglesia. Como autor, por último, lee el
Antiguo y el Nuevo testamento y las sucesivas versiones de la Iglesia
para desvelar, con una crítica tan concisa como sugestiva, no sólo las
incongruencias lógicas, sino la falta de fundamento histórico, dando a
la Razón lo que es de la Razón y haciendo emerger la Verdad de los
textos; dice Odifreddi, que «Moisés, Jesús y el Papa están desnudos»...
Entrevista a Odifreddi realizada en 2008 con motivo del libro
Aunque es un ateo confeso, todavía tiene callos en los pies por culpa
de su última experiencia mística. Piergiorgio Odifreddi (Cuneo, Italia,
1950) acaba de regresar del Camino de Santiago, esa meca de la
cristiandad que ha recorrido durante dos semanas con su amigo Sergio
Valzania. El itinerario ha dado que hablar en Italia. Juntos han hecho
en cada etapa un programa especial para la emisora RAI 3. La gracia está
en que Odifreddi no cree, pero Valzania sí se confiesa católico a
ultranza. “Al final hemos quedado como empezamos. Ni él me ha convencido
a mí, ni yo he logrado quebrar su fe”, comenta, en un hotel del centro
de Madrid, este escritor, matemático y profesor de lógica.
Pero en algo sí se han puesto de acuerdo: “Galicia es bellísima;
Castilla, un poco aburrida con esas llanuras tan interminables”,
comenta. “Y España, más laica que Italia, con diferencia. En nuestro
país todavía no es posible criticar abiertamente a la Iglesia”, asegura
Odifreddi. Quizá por eso, para frenar la larga mano del Vaticano sobre
la libertad de expresión, se ha lanzado este ensayista a la yugular de
la Iglesia. Lo ha hecho con un libro que resultó un impacto en su país y
un éxito de ventas que dejó patente algo serio: “La fractura entre
religión y laicismo que existe en mi país, con clara desventaja para los
no creyentes”.
El título es tan directo que no deja lugar a dudas: Por qué no
podemos ser cristianos y menos aún católicos (RBA). Ni que decir tiene
que el texto de quien es hoy por hoy el látigo del laicismo en Italia ha
supuesto una pesadilla entre las jerarquías. No por existir, sino
porque el destino y los calendarios editoriales le lanzaron a las
librerías a competir al tiempo con otro libro opuesto: Jesús de Nazaret,
del papa Joseph Ratzinger.
“Durante semanas estuvimos alternándonos en el primero y el segundo
lugar en las listas de los más vendidos”, comenta jocoso Odifreddi.
Seguramente la curia habría preferido otro competidor. Pero al diablo no
se le pone nada por delante. Sigue jugando fuerte y haciendo de las
suyas. Ni con rosarios pudieron evitar que Odifreddi vendiera 200.000
ejemplares.
De manera que llega del Camino de Santiago… ¿Ni así ha encontrado la luz?
Ha sido una experiencia interesante. Creo que es la primera vez que un
ateo retransmite en Italia el Camino por la radio. El modelo fue la
película de Buñuel La Vía Láctea, con aquellos dos personajes que combatían a golpe de dogmas y herejías.
Bueno, igual que siempre, ¿no? Aunque la herejía como
concepto ha sido superada por una etiqueta mucho más digna que llamamos
laicismo. En España tienen más suerte que en Italia en ese ámbito.
¿Usted cree? En España no existe un cardenal Martini, por
ejemplo. Alguien que defienda tan abiertamente desde la jerarquía el
sacerdocio para las mujeres o las bodas entre curas.Hombre, en
España la derecha es católica, pero la izquierda es claramente laica. En
Italia yo he militado en el Partido Democrático, de Walter Veltroni, y
me salí porque no defendían el laicismo. Me lo pidió él. Yo pensé que
era conveniente porque ya que dentro conviven varias corrientes, algunos
podíamos alentar un aire de izquierda más radical y laico para frenar
lo que nosotros llamamos facción teocon. Pero al final Veltroni
no ha sido claro. Ha decidido no meterse en asuntos que tuvieran que
ver con la Iglesia. Por más que le han preguntado, nada. Y yo me he ido
del partido al ver que no se comprometía claramente.
¿Por qué la izquierda italiana no se decide a romper con la Iglesia?
Las anteriores elecciones las ganó la izquierda por 20.000 votos. Con
esa ventaja tan pequeña, nadie quiere ponerse en contra a una
organización que controla a 30 millones de ciudadanos. Yo milité para
intentarlo, pero es difícil en un partido que lidera alguien como
Veltroni, un personaje a quien se le conoce como el señor pero también…Falta valentía. Esta oportunidad la hemos perdido.
Desde la izquierda, después de las primeras acciones de Berlusconi, ¿cómo se va digiriendo el resultado electoral?
Por culpa de cosas como éstas se ha perdido. El partido de Veltroni no
tiene identidad, es una refundación de viejas estructuras. Caben gente
del antiguo Partido Comunista y de la Democracia Cristiana, empresarios y
trabajadores… hay 120 diputados que se declaran abiertamente católicos.
¡Hasta la antigua Democracia Cristiana era mejor que esto! En cuanto a
este Gobierno, es pura derecha.
Muchos lo califican de neofascista. Quítele el neo.
Fini lo es. La Liga es racista y Berlusconi va a lo suyo. En la primera
semana de mandato ya discutíamos de la televisión… Pero, en fin, este
Gobierno sabemos lo que es. Sin embargo, con el partido de Veltroni no
hay definiciones claras.
¿Le resulta ‘light’, descafeinado? Tiene miedo a
ciertas cosas. A la Iglesia, para empezar. En España no ocurre esto. Yo
leo artículos en la prensa de este país que en Italia serían
impensables. Cuesta publicar ciertos asuntos.
¿Por eso ha decidido dejar sus posiciones claras en un libro? Con la óptica de un matemático, además. He escrito mucha divulgación científica. Con asuntos que relacionan ciencia y religión, como hice en El Evangelio según la ciencia, por ejemplo, o en Las mentiras de Ulises. Me he empeñado en hacer ver las matemáticas como una parte de la cultura, integrar ambos mundos.
Pero ¿cómo formula un matemático algo que carece de toda lógica? Este libro tiene dos inspiraciones claras. La obra de Bertrand Russell ¿Por qué no soy cristiano? y aquel de Benedetto Croce Por qué no podemos considerarnos cristianos.
La idea nació porque cada año editamos un libro de Russell y tocaba
hacer aquél. Lo releí y me pareció que había envejecido mal con el
tiempo. Se lo dije al editor y él me propuso hacer una interpretación
propia. Así que me metí un semestre en Nueva York al Instituto de
Estudios Italianos en la Universidad de Columbia. Estudié a fondo la
Biblia y el catecismo. Mis amigos me encontraban siempre con ambos
libros a cuestas y me preguntaban: “¿Qué te ocurre?”
.
Normal… Le verían como un converso o temían alguna andanada suya.
¡Quién sabe! El caso era hacer una lectura a fondo, una crítica de la
religión no desde perspectivas políticas de injerencia en la vida
pública y todo eso, sino de observarlo desde una concepción teológica,
desde dentro, y descubrir sus anacronismos. Su concepción violenta,
cruel, sanguinaria de la vida, sobre todo en el Antiguo Testamento. Por
eso se han molestado también los judíos, que me han acusado de
antisemita.
Es que reparte para todos. Normal. Los cristianos han heredado el Antiguo Testamento y uno no sabe por qué lo han hecho.
Lo acometieron además de manera acrítica.
Completamente. Hubo algunos que quisieron eliminarlo. Creían que el Dios
bueno del Nuevo Testamento no requería la ira del anterior. No se
aceptó, allá ellos.
¿Le han amenazado? Algunos me han escrito diciéndome
que diera gracias porque los cristianos no fueran como los islamistas,
que si no ya lo habría pagado. He pensado en hacer algo que se titulara Por qué no podemos ser islámicos, pero es que en Italia son cuatro y no sería útil. Además decretarían una fatwa, y es lo que me faltaba.
Todavía hay cosas que no nos dejan tocar. Y tanto,
en Italia existen directores de periódicos que reconocen que los dogmas
de fe son un cuento, pero que no pueden escribirlo porque el mero hecho
de ponerlo en duda ya crea un conflicto.
Como por ejemplo… Lo peor es poner en duda la propia existencia de Jesucristo. No hay constancias históricas serias. Son relatos construidosa posteriori. Decir esto ya es algo escandaloso.
Igual que poner en duda la virginidad de María, que lo que uno no sabe muy bien es por qué se sostiene lo contrario.
¡Aquella invención! ¡Increíble! Es un dogma con una historia muy
interesante, de todas formas. Para eso se readaptó un pasaje del Antiguo
Testamento que viene a decir: “Por aquí ha pasado Dios (refiriéndose al
útero de la Virgen) y no lo hará nadie más”. Son las mismas palabras
que utilizan para señalar una puerta de Jerusalén por la que pasó el
Arca de la Alianza. Cogen un pasaje, se cambia de sitio y a nadie le
importa.
A usted, después de haber escrito que Cristo puede ser hijo ilegítimo de un centurión romano, ¿no le han quemado?
Pantera se llamaba el hombre. Pero todo eso ya se comentaba en la época
más próxima. En fin, yo no creo que haya mucha gente que se lo trague a
estas alturas. Creo que es una pose social sostener estas cosas, pero
que en realidad no lo piensan. Es una convención. Ni eso, ni la
trinidad, ni la transustanciación… Ni la resurrección se puede explicar
científicamente. No es un milagro. Las bacterias del tétanos, por
ejemplo, pueden producir una muerte aparente. Pudo haberlo cogido
clavado en la cruz.
Existen explicaciones racionales para todo aquello que pasa en el Evangelio, pero no las hay para todo lo que dicen en él.
Cierto, cierto. El Evangelio tiene tres inspiraciones. Una, la del
profeta, la del Jesús de la montaña, el de los bienaventurados. Luego
está la del charlatán. En Palestina, hace 2000 años, había muchísimos.
La última es la del Jesús revolucionario. Uniendo las tres, se ha
forjado esta historia.
Una historia que tiene después la suya propia.
Ésa es la más interesante. Apasionante. Entender cuáles son las fuentes
de esos escritos, desmembrarlos, acotarlos. Los apócrifos, tratarlos
desde el punto de vista lingüístico, de la arqueología del lenguaje, los
pasos que ha sufrido tras los diferentes concilios, todo eso. Las
discusiones, las herejías que pintaban a Jesús como una realidad
virtual, como el personaje de una película, como un ser que nunca
existió porque nunca había podido encarnarse al ser Dios precisamente.
Así hasta nuestros días, porque el último dogma es de 1950, la asunción
de la Virgen, que también trajo lo suyo.
¿Ah sí? Sí, porque los católicos pensaban que
había ascendido sin saber si había muerto o no. Mientras que los
ortodoxos sostienen que seguramente había muerto, pero no están seguros
de que haya ascendido. ¿No es un cachondeo? Yo incluso llegué a hacer un
cálculo científico. ¿Desde dónde ascendió? Verticalmente desde
Jerusalén. ¿Con qué? Con el cuerpo. Suponiendo que lo haya hecho a la
velocidad de la luz, lleva 2.000 años subiendo y, por tanto, todavía no
ha atravesado nuestra galaxia. Por ahí sigue, está saliendo. Con
cualquier telescopio potente en el mismo Jerusalén podríamos
localizarlo. ¿Se da cuenta del ridículo?
En sus desmontajes, trata usted también los mandamientos.
Los hebreos sostienen que hay más de 600, pero en el caso cristiano,
uno de los más interesantes es el segundo, que se pierde, curiosamente.
El que prohíbe alzar y construir imágenes.
¿Cuál de todos los dogmas es el que más le atrae?
La transustanciación. La hostia, que se basa en un principio
aristotélico. Va contra la idea de sustancia científica. A los papas les
trae de cabeza.
¿De dónde le viene esa manía de ponerlo todo patas arriba?
No hace falta tanto. Si quisiera hacer una verdadera cruzada,
recomendaría una única cosa a la gente: que leyeran la Biblia con un
punto de vista racional, con atención. Dejarían de creer inmediatamente.
No hacen falta libros anticlericales.
Es que 200 años de Ilustración prenden finalmente en nuestra moral y en nuestra concepción de las cosas de manera contundente.
Es así. Pese a que muchos insisten en que no puede haber moral sin
religión. Era Chesterton quien decía que si no creías en Dios, podías
creer en cualquier cosa. Yo ahora pienso lo contrario, que quien cree en
Dios puede acabar tragándose cualquier cosa. Italia es de los países
con más fe del mundo, por eso seis millones de italianos consultan
también a magos, quirománticos, echadores de cartas. Si te crees lo de
la trinidad o la virginidad, te entra todo. Tampoco es justo ese
discurso de que los laicos no creemos en nada. No es cierto, lo hacemos
en los ideales. Pero no en los dogmas.
Eso que tanto espanta ahora del relativismo, ¿cómo lo ve?
Ahh… Ratzinger es un ultraconservador antipático y obtuso. Estas cosas
lo prueban. Es un asunto que demuestra la incapacidad de la Iglesia para
entender casos como el de Galileo. Le han perdonado 400 años después de
haberle condenado por algo que era cierto, pero no han entendido nada.
Lo admiten muchos miembros de la Iglesia, aunque luego lo pagan. Lo dijo
George Coyne, un jesuita que fue el encargado del Observatorio
Astronómico del Vaticano durante 25 años. Aseguraba que no se había
comprendido la magnitud de ese caso. ¿Y qué pasó con él? Que lo
licenciaron. Este mismo pidió públicamente al Papa que definiera sus
posiciones sobre el evolucionismo y le cesaron.
Los jesuitas, ¿son otra cosa? Son los más
incisivos, sin duda. Plantean abiertamente sus dudas sobre muchos
dogmas. Existe una anécdota fantástica que los define. Cuando
descubrieron la momia de Jesús en Jerusalén, los franciscanos decían: es
cierto lo que sufrió por nosotros, las heridas están a la vista,
debemos amarlo todavía más. Los dominicos se plantearon: cuidado, que si
está aquí es que no ha resucitado, vamos a tener problemas con el
dogma. Y los jesuitas dedujeron: ahí lo tenemos; por tanto, ha existido.
¿No es genial?
Martini es un buen ejemplo de jesuita. Bueno, es que él ha llegado a criticar hasta el libro del Papa sobre Jesús de Nazaret. Es raro, pero es que es la minoría.
¿Es necesario escribir libros así contra la Iglesia o es
darle demasiada importancia a todo aquello que no debería ni siquiera
ser debatido porque va contra toda razón? No sólo es necesario.
Es que me parece poco todo lo que se pueda argumentar en contra. He
tratado de escribir un libro serio, sin despreciar también la ironía.
Aunque sobre todo he intentado hacer una crítica rigurosa basada en
principios teológicos y la prueba de que ha calado es lo que les ha
molestado. La importancia de la Iglesia es un hecho, no es que se la dé
yo. No escribiría un libro preguntándome por qué no somos raelianos. Me
da exactamente lo mismo. En Italia, 30 millones de personas se declaran
católicos. La Iglesia posee un cuarto de los bienes inmuebles, de
nuestros edificios.
Como inmobiliaria no hay quien pueda con ella. Exacto. Además, en Italia, el Papa vive dentro. Una solución sería enviarlo a Jerusalén. Dejemos Roma para los romanos.
En España vive el Opus, que también impone. Una
organización que ha ganado muchísimo poder dentro de la Iglesia por
culpa de Juan Pablo II, por cierto. Él llevó a la bancarrota las
finanzas vaticanas para financiar al sindicato Solidaridad. Fue el Opus
quien tapó el agujero.
Otro de los asuntos que trata en el libro es el
creacionismo. No creamos que es sólo un invento de Estados Unidos,
aunque ha sido allí donde se ha desarrollado más. En Italia, ya el
primer Gobierno de Berlusconi lo reivindicó, y no me extrañaría que
ahora volvieran a la carga. Me hace gracia que ahora, para hacer el
Camino, mi compañero ha llevado la Biblia. Yo, en cambio, elegí El
origen de las especies, de Darwin. Me ha impresionado su visión de
futuro. Todas las objeciones cretinas que le ponen hoy al evolucionismo,
Darwin las prevé y además las responde en el libro con anticipación.
¿Lo vio venir? Exacto, y basta leerlo para
frenarles. Pero el problema es que son insaciables. Porque tampoco el
evolucionismo va contra la religión. El problema está no tanto en la
creación del mundo, sino en el momento que surge el hombre. Ahí tenían
que poner su sello.
Inventar la culpa. ¿Sin culpa no hay negocio? Eso es.
¿Y por qué de entre todo el cristianismo, lo que menos se sostiene para usted es el catolicismo? Porque son los que más dogmas imponen y, por tanto, los más fáciles de rebatir.
Más cuando la mayoría son imposiciones caprichosas, a expensas de los papas, los concilios, las alianzas de poder.
Como la infalibilidad pontificia, el dogma que más sospechas despierta
entre los creyentes. Encuestas de universidades católicas aseguran que
en la infalibilidad del papa sólo cree un 30% de católicos. Es el dogma
más débil. Hay otras cosas más absurdas, como que el 40% de los que
tienen fe cree que san Juan se convirtió en hijo de la Virgen ante la
cruz. Lo que le digo: si leyeran con atención los evangelios, dejarían
de creer automáticamente.
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