Patrioteros de opereta
Hace poco nos desayunábamos con otro exabrupto de un
alto mando del ejército español [1]. Ni más ni menos que todo un General
de División que, aprovechando una tribuna cuartelaria, lanzaba una
soflama al más puro estilo del franquismo fascista....
Cada vez que oigo hablar del concepto de patria que profesan los
oficiales superiores de tendencia franquista me hierve la sangre.
Porque sus galones y su ascenso en el escalafón se produjeron en el
entorno de una maquinaria militar que a partir de 1939 se dedicó a
asesinar sistemáticamente a la mitad de la patria, de su supuesta
patria.
Bigotillos recortados del muera la inteligencia que usurpan y
sustituyen el concepto de pertenencia por el del totalitarismo
militarista. La patria son los míos, los que piensan como yo. Los demás
son eliminables.
Asesinos en serie contra su propio pueblo compartiendo hazañas con
los genocidas argentinos que robaban bebés, saqueaban haciendas,
torturaban hasta la muerte o tiraban desde el aire a los pobres
narcotizados que no cabían en su patria.
General de División que debería usar un uniforme de SS, negro como su
alma de cobarde, de bravucón ignorante y patriotero. Fuerte con sus
compatriotas, débil con sus amos.
Señores tan patriotas que luego mueven la colita y babean cuando
ricos o banqueros les lanzan un hueso, cuando sus jefes gringos ocupan
su tierra en indignas bases extranjeras o cuando mandan a morir a sus
subalternos para defender los intereses estadounidenses bajo bandera de
un conveniente antiterrorismo como excusa habitual.
Qué indignado se muestra el señorito con la posible celebración de
una consulta. Se puede estar de acuerdo o no, pero nada dicen estos
patriotas de la entrega de la soberanía de su sacrosanta patria a los
poderes financieros. Nada sobre el expolio sistemático por los ricos de
los sectores estratégicos de su nación. Mudos ante la expulsión al paro y
la pobreza de millones de compatriotas.
Es cierto, los militares no deberían hablar, pero dan asco los que
hablan selectivamente. Los que entienden la patria con los estandartes
del totalitarismo al servicio de amos y patrones. Nada del bien común.
Nada de la soberanía del pueblo. Ningún respeto por los ciudadanos a los
que deben servir y guardar.
Sí, nos hace falta un ejército libre de militares franquistas
adoradores del culto faccioso. Militares que sean del pueblo y sirvan al
pueblo. Oficiales y Jefes que no sean “fans” de Estados Unidos [2] y
que, además de las fronteras, defiendan la soberanía de su país frente
al exterior y la soberanía de su pueblo frente a los poderes económicos.
Solo así, con unas Fuerzas Armadas limpias de rebabas fascistas y una
Constitución que resguarde la soberanía popular, dejaremos de temer a
nuestro propio ejército.
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