Nuestro Guantánamo particular. ¡¡No dejen de leerlo!! (ampliado)
"Durante meses advertí a 'El País', al ministerio de Defensa,
a la Audiencia Nacional y a la presidencia del Gobierno de lo que había
pasado. Se rieron de mí. Me abochorna que las mismas personas que no
investigaron ahora firmen informaciones en primera en 'El País'. Ya
advertí en 2005 que al menos una decena de iraquíes habían sido
maltratados en Diwaniya y nadie me hizo caso"
El último punto de vista lo ha dado el periodista Gervasio
Sánchez, premiado con, entre otros galardones, el Ortega y Gasset en
2008 o el Nacional de Fotografía en 2009...
El cordobés, que actualmente trabaja en el 'Heraldo de Aragón', ha
denunciado a través de su cuenta de Twitter que el diario de Prisa
conocía estas prácticas desde el año 2005 y las ocultó deliberadamente
hasta el día de hoy a pesar de ser conscientes de su valor informativo.
"Durante meses advertí a 'El País', al ministerio de Defensa,
a la Audiencia Nacional y a la presidencia del Gobierno de lo que había
pasado. Se rieron de mí. Me abochorna que las mismas personas que no
investigaron ahora firmen informaciones en primera en 'El País'. Ya
advertí en 2005 que al menos una decena de iraquíes habían sido
maltratados en Diwaniya y nadie me hizo caso", denuncia.
"Diwaniya fue nuestro Guantánamio particular. Periodistas, políticos,
jueces y militares miraron a otro lado. Una vergüenza para nuestro
país", sentencia, afirmando que "Aznar es culpable de una guerra brutal,
Defensa es culpable de haber escondido la verdad y el PSOE es culpable
de mirar a otro lado".
"Sacar una historia con ocho años de retraso es desprestigiar el
periodismo. 'El País' tenía conocimiento desde al menos 2005. Durante
estos años he recibido recaditos del CNI ("Gervasio está jugando con
fuego"). Para que el CNI aclare sus vergüenzas, 'El País' debería
liderar una campaña periodística, pero antes debería pedir perdón",
añade.
Sánchez afirma esperar "que se les caiga la cara de vergüenza" a los
jueces Fernando Andreu y Fulgencio Coll, al diplomático Jorge Dezcallar,
a los ministros de Defensa Trillo, Bono, Alonso y Chacón y a los
periodistas de 'El País'.
Tomado de inSurgente
Mas sobre NUESTRO GUANTÁNAMO PARTICULAR
Flayeh en Nayaf/ GERVASIO SÁNCHEZ
El
suplicio dura cuatro días (hoy domingo 22 de marzo se cumple cinco
años) hasta que es trasladado a un penal de máxima seguridad, donde pasa
once meses de su vida. Es liberado porque no existe una sola prueba
contra él.
Estos
hechos no pasan en una prisión estadounidense ni en la isla de
Guantánamo ni tampoco en un país dictatorial africano ni en un centro
para criminales reincidentes.
Ocurren
en un acuartelamiento español, exactamente en Base España de Diwaniya
(Irak) entre el 22 y el 27 de marzo de 2004. La víctima se llama Flayeh
al Mayali, un traductor muy conocido entre los militares y periodistas
españoles.
Es, sin duda, nuestro Guantánamo particular.
Familia de Flayeh/ GERVASIO SÁNCHEZ
El
4 de diciembre de 2003, el juez de la Audiencia Nacional, Fernando
Andreu, abre una investigación judicial ante lo que define como un acto
de terrorismo contra ciudadanos españoles fuera de nuestras fronteras.
El 13 de febrero de 2004, apenas dos meses después, dicta un
sobreseimiento temporal aunque advierte en su auto que podría reabrirse
la causa en caso de aparecer nuevos datos.
El
22 de marzo, un mes y nueve días después, el traductor iraquí Flayeh al
Mayali es detenido por orden del general Fulgencio Coll, máximo
responsable de la Brigada Plus Ultra en Base España, interrogado,
acusado de ser “colaborador necesario” en el atentado, según consta en
una diligencia emitida por la Asesoría Jurídica del destacamento
militar, firmada por el capitán auditor Alejo de la Torre de la Calle, y
trasladado cinco días después a un penal bajo responsabilidad del
ejército de Estados Unidos. Ni el ministerio de Defensa ni el CNI
informan al juez Andreu de esta detención a pesar de la gravedad de las
acusaciones.
Tras
pasar once meses encarcelado en los penales de Abu Graib y Um Qasar, Al
Mayali es liberado sin cargos en febrero de 2005. En una entrevista
publicada por Heraldo de Aragón y La Vanguardia acusa a sus
interrogadores de someterle a un trato inhumano y degradante con
continuos golpes, insultos y amenazas de muerte mientras una capucha
cubre su cabeza durante la mayor parte del tiempo.
Alumnas de español y profesor/ GERVASIO SÁNCHEZ
En
noviembre de 2004, el CNI asegura a El País que Al Mayali “manejaba
grandes sumas de dinero de origen incierto”, una mentira burda ya que el
traductor había firmado entre el 15 de septiembre de 2003 y el 16 de
marzo de 2004, una semana antes de su detención, más de una decena de
contratos con el ejército español valorados en casi 300.000 dólares, que
le supuso unos beneficios netos de unos 70.000 dólares, según su propia
estimación.
La desfachatez del CNI llega hasta el punto de acusar a Al Mayali de “jactarse ante varias personas de su intervención en la muerte de los agentes”.
Todas
las personas consultadas por este informador a lo largo de los últimos
cinco años consideran que el CNI se inventó la acusación contra Al
Mayali para imponer el olvido sobre el caso y no aclarar su
propia responsabilidad en la elección de agentes secretos conocidos por
la Muhabarat, la antigua policía secreta de Sadam Husein, que se había
infiltrado en los grupos insurgentes y en los actuales servicios de
seguridad iraquíes.
“El
más grave error de mi carrera fue no sustituir a nuestros agentes en
Bagdad tras la caída del régimen de Sadam Husein”, reconoció en privado
el diplomático Jorge Dezcallar, máximo responsable del CNI en el periodo
en que se produjeron los dramáticos hechos, actual embajador de España
en Estados Unidos después de una meteórica carrera en Repsol.
El
evidente desinterés del PP y el PSOE, cuyos gobiernos están
involucrados en la detención y la larga encarcelación del ciudadano
iraquí, también impidió que se abriese una investigación en el Congreso a
pesar del interés de algunos partidos minoritarios.
Otros
ocho iraquíes, pertenecientes al subversivo ejército del Madhi,
vinculado al imán radical Muqtada al Sader, también fueron detenidos en
Diwaniya en abril de 2004 y sometidos a tratos inhumanos y degradantes.
Durante
cinco años este periodista ha intentado llamar la atención sobre este
caso de forma privada. El 14 de mayo de 2004 envió una carta a Roberto
López, jefe de gabinete del ministro de Defensa, José Bono. Al Mayali
llevaba cincuenta días detenido y su familia no sabía donde estaba.
Tuvieron que pasar otros cuatro meses hasta que su mujer y su madre
pudieran visitarlo en el penal.
En
mi carta le decía que “aunque sé que es un problema heredado del
gobierno anterior, me gustaría que usted se interesase por la situación
de este prisionero y me informase de cuáles son los cargos que hay
contra él”. Más adelante continuaba: “No me gustaría que Al Mayali
quedase olvidado en Irak tras la salida de las tropas españolas en una
cárcel controlada por Estados Unidos. Sería, además, un hecho muy grave
que el prisionero hubiese sido torturado o víctima de tratos inhumanos y
degradantes”.
Tras una triste persecución telefónica se me envío un emborronado escrito del CNI sin ningún interés.
Después
de la liberación de Al Mayali escribí el 2 de marzo de 2005 un carta al
presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que le fue entregada en el
aeropuerto de Zaragoza y que leyó durante su regreso a Madrid.
Después
de explicarle los antecedentes le rogaba: “Tome usted las riendas de
este asunto y ordene una investigación interna que aclare por qué un
iraquí ha pasado once meses de su vida encarcelado sin que ninguna
autoridad civil y militar española haya presentado cargos contra él”.
También le comentaba que “España podría haber violado diferentes
artículos de la Convención de Ginebra (en su protocolo cuarto)”.
No hubo respuesta ni acuse de recibo.
Dos
días después me recibió el juez de la Audiencia Nacional, Fernando
Andreu, que había abierto una investigación judicial tras el asesinato
de los siete agentes. A pesar de haber viajado expresamente desde
Zaragoza después de que su secretaria me confirmase la cita, el juez se
mostró con prisas y desinteresado desde el primer minuto. A trancas y
barrancas le pude explicar lo que sabía de este caso en apenas quince
minutos.
Aceptó
que le mandase toda la documentación a su juzgado, cosa que hice el 7
de marzo de 2005. En una carta le recordaba que había dictado un
sobreseimiento provisional sobre el caso aunque en su auto había
advertido que lo hacía “sin perjuicio de que, de existir nuevos datos
referidos a la identidad de los autores, de la naturaleza y de las
circunstancias de los hechos denunciados, se puede acordar sobre la
competencia de los tribunales españoles y la reapertura de las
diligencias”.
Le
comentaba que “el Ministerio de Defensa no informó a la Audiencia
Nacional de esta detención, desobedeciendo su auto de sobreseimiento, y
obstaculizando la labor de la justicia”.
No hubo respuesta ni acuse de recibo.
La
cuarta carta se la mandé el 18 de agosto de 2006 al general Félix Sanz,
el jefe del Estado Mayor de la Defensa, junto a todos los artículos
publicados. Unos días antes coincidimos en un Seminario y mantuvimos una
larga conversación sobre el caso. En la carta le recordaba que “había militares de uniforme entre las
personas que interrogaron y maltrataron (nunca he utilizado la palabra
tortura a pesar de que los hechos ocurridos en el acuartelamiento es
difícil definirlos de otro modo) a Al Mayali en Diwaniya”.
Le
confirmaba que “el prisionero no volvió a ser interrogado durante su
detención de once meses por ninguna autoridad civil y militar española y
que ninguna misión del CNI regresó a Bagdad para seguir la
investigación tras la salida de los soldados españoles en mayo de 2004”.
Le decía que una persona con estrecha relación con el CNI me había
asegurado que “la chapuza fue monumental y que buscaron un chivo
expiatorio para justificar una investigación muy deficiente”.
Y
al final le recordaba que este periodista “lleva más de quince años
cubriendo conflictos armados con presencia española. No encontrará en
ninguno de mis escritos una sola línea de crítica gratuita. Realicé
trabajos con soldados españoles en Centroamérica, Bosnia. Volé a
Afganistán en enero de 2002 con el coronel Jaime Coll, retransmití en
directo el ataque contra la base de Nayaf (Irak) y dediqué más tiempo a
informar de que no se habían producido muertos o heridos españoles en el
ataque que a describir la acción bélica. El general Luis Alejandre me
felicitó personalmente por mi actitud”.
No hubo respuesta aunque sí acuse de recibo.
Y
por fin el 16 de agosto de 2007 envié un nuevo dossier a Javier
Zaragoza, Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional donde le comentaba que
“me había sorprendido la pasividad del juez Fernando Andreu, encargado
de la investigación de ese execrable asesinato, al que remití un dossier
con todos los datos que había conseguido recopilar”.
No hubo respuesta ni acuse de recibo.
DOCUMENTACIÓN
1. TEXTOS PUBLICADOS POR GERVASIO SANCHEZ ENTRE 2004 Y 2008 SOBRE EL CASO FLAYEH AL MAYALI
2. CARTAS ENVIADAS A LAS AUTORIDADES EN RELACION AL CASO FLAYEH AL MAYALI
3. DOS CARTAS ESCRITAS POR FLAYEH AL MAYALI
4. CONTRATOS SELECCIONADO FIRMADOS ENTRE FLAYEH AL MAYALI Y LOS MILTARES ESPAÑOLES EN IRAQ
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