Menú de escraches. Guiones y Coreografías para la defensa de nuestras vidas.

Menú de escraches. Guiones y Coreografías para la defensa de nuestras vidas.

escrachebcnEl PP se acaba de inventar una nueva polémica. Con los escraches de la PAH nos quieren obligar a hablar de violencia y vinculaciones con ETA, de democracia y representación, de legitimidades. La situación es cómica y a la vez dramática... Cuando todos los ex-tesoreros del PP están encausados por corrupción y blanqueo, son cientos de miles las personas que se han quedado sin casa y se cuentan por decenas los suicidios de hipotecados, quieren que hablemos en las portadas de los periódicos de si es legítimo colgar una fotocopia en el portal de la casa de un diputado. Como si los culpables de esta crisis, quienes se han beneficiado a manos llenas de la misma, pudiesen juzgar desde la imparcialidad y la moralidad a quienes son expulsados del sistema y condenados a la marginación.
 
 La pregunta es ¿por qué no ha de existir consenso en torno a cantarle las cuarenta a sus señorías?¿Acaso no querían tener cerca a la gente corriente? Pues aquí esta la respuesta señorías, con los escraches llegamos a la puerta de su casa, a pie de calle o de acto público. Esta es nuestra política de cercanía, nos situamos al lado de quienes arruinan nuestras vidas y se lo recordamos día a día.
 
 Entonces ¿por qué alzar la voz cuando una realidad cotidiana llama a su puerta? El escrache es un simple efecto de la realidad, como las largas colas en los comedores sociales, los parques llenos de jóvenes en paro o el carrusel de gente que entra pidiendo en el metro. Sólo que esta vez todos ellos -señorías- les señalan con el dedo. Entonces ¿qué es lo que realmente ha despertado tanta inquietud de los escraches? Fundamentalmente dos cuestiones.
 
La primera es que señalar a los políticos es señalar al sistema político en su totalidad, es poner el dedo sobre el lado más débil de nuestra democracia, sobre la realidad de que los agentes clásicos de representación gobiernan sin hegemonía. Señalamiento que despierta el miedo a que el Rey siga apareciendo desnudo y a la cruda realidad de que a día de hoy unas elecciones reflejarían que el sistema político nacido de la Transición se cae por su propio peso.
 
En segundo lugar, tampoco hay consenso porque los escraches abordan de manera clara y directa que ha llegado el momento de verse cara a cara con el poder político. Se les interpela para transmitirles que no nos representan, que su poder ha caducado, que es el momento de marchar. El cara a cara es la escenificación callejera de un poder de base abierto por el ciclo 15M y que, cargado de razón, proyecta sus argumentos ante los mandatarios de un régimen que toca a su fin.
 
Esta es sin duda la mayor potencia de los escraches contra los gobiernos zombies. Contra aquellos que gobiernan sin el respaldo de la población, bajo el descrédito del sistema en su conjunto. Por este motivo, la apuesta se debe prolongar, extender y refinar para hacerla practicable dentro del repertorio de protestas que han tenido lugar en el 15M, tal y como han sido las denuncias de las redadas racistas, los stop desahucios o las manifestaciones masivas no comunicadas. El reto es conseguir que el cara a cara con el poder genere consenso, atraiga simpatías y se expanda como práctica de desafío.
 
Para que esto suceda se debe apostar por desdramatizar los escraches, esto es, entender que el momento del cara a cara con la oligarquía política o financiera eleva al máximo los niveles de indignación y rabia. Saber que ambos sentimientos, como cara pública de las acciones, puede restarnos eficacia al mostrarse más como un acto aislado y visceral que como una reivindicación de todos y todas para todos y todas.
 
Los scraches generan momentos de tensión y esa tensión no se puede aparecer en nuestras acciones ni como pura visceralidad ni como mera quietud, tranquilidad o rabia contenida. Por ese motivo llamamos a reflexionar sobre una nueva fase de escraches. Pero ¿Cómo podemos hacer esto? Aquí es donde es crucial que cada escrache se prepare como si de una intervención teatral se tratase. Para los escraches debe haber guiones concretos, coreografías, mucho sentido del humor que evite la visceralidad y transmita el mensaje, que sea contundente y a la vez sea visual y comunicable.
 
Aquí entrarían un buen tablao flamenco a las puertas del Hotel Ritz para recibir a Mariano Rajoy, decenas de personas disfrazadas de feministas sufragistas persiguiendo a Tony Cantó, un ejército de peluqueros con tijeras (de plástico) tras Cristóbal Montoro o una chocolatada delante de la casa de cualquier fulanito. Todo ello permitiría -con humor- saltarse el enfrentamiento evidente para darle pleno protagonismo a lo que se quiere transmitir.
 
El tiempo de vuestro régimen se acaba, comienza la era de las ILP. Ahora el pueblo manda y los gobiernos tienen que obedecer. Y esto es sólo el principio.
27/03/2013
 
Texto recibido al mail de Madrilonia y firmado por “Cristina Scrache aka Cifu”
 
 

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