Reportaje:La política policial del Ministerio del Interior
El irresistible ascenso de un presunto torturador
Jesús Martínez Torres, máximo responsable de la lucha antiterrorista, ha sido acusado de malos tratos
Políticos progresistas y sectores jurídicos
democráticos coinciden en preguntarse sobre los criterios del Ministerio
del Interior para mantener al frente de la Brigada Central de
Información a un hombre como Jesús Martínez Torres, acusado
reiteradarnente de haber infligido torturas a jóvenes luchadores
antifranquistas. Policías que han trabajado cerca de... Martínez Torres lo
consideran "perfectamente sustituible" y reconocen que un cargo como el
que desempeña debe encomendarse a una persona de convicciones
democráticas. Pero acaso sea el testimonio de algunos de los presuntos
torturados lo que arroje más luz sobre la idoneidad para ocupar ciertos
cargos públicos.
Mikel Azkue Gabilondo, de 35 años, médico de la Seguridad Social en
San Sebastián, no quiere fotos, "por pudor, porque no se trata de una
historia personal". "Lo verdaderamente grave", dice, "es que Jesús
Martínez Torres ocupe un puesto de confianza política con un Gobierno
socialista". Azkue, actualmente militante de Euskadiko Ezkerra (EE),
está dispuesto "a ir a donde sea si aquel hombre se atreve a negar lo
ocurrido", pero no quiere personalismos, porque para Mikel, su historia
no es única ni excepcional, ni siquiera propia, sólo de aquella época, y
está muy lejos de su ánimo convertirse en un mártir a estas alturas.
Por lo demás, no tiene el más mínimo deseo de venganza. Su esposa, Ana
San Vicente, también médico y también detenida en Zaragoza en 1971,
espera un hijo, y ambos llevan una vida feliz y relajada. "Si aquella
foto no hubiera resucitado aquello...".
Aquello se produjo en enero de 1971, tras las
manifestaciones organizadas por el PCE en Zaragoza contra las condenas a
muerte del proceso de Burgos, cuando Mikel Azkue tenía 21 años y era
estudiante de Medicina. Según cuenta Vicente Cazcarra, dirigente del PCE
zaragozano en aquella época, la policía actuó con extraordinaria
dureza, y "cayeron unos 150 tíos". Se había decretado durante seis meses
el estado de excepción, y la policía podía prolongar la detención.
La Brigada Político Social
Desde la cárcel zaragozana de Torrero, varios de los detenidos
consiguieron pasar, en las asas del plástico de un bolso, el relato
manuscrito de las torturas padecidas. Era un procedimiento que había
patentado el propio Cazcarra en diciembre de 1961, cuando logró hacer
otro tanto desde la prisión de Barcelona, mediante papeles de fumar que
todavía se conservan en la sede central del PCE, "y que nunca habíamos
querido sacar a colación hasta ahora, cuando vemos que un torturador
ocupa un cargo clave nada menos que para la lucha antiterrorista". Los
diputados comunistas han dirigido una pregunta al Gobierno en la que
plantean que el olvido de las responsabilidades penales, por aplicación
de la ley de Amnistía, no es óbice para que un Gobierno socialista
encuentre un policía idóneo para un cargo de responsabilidad. El PCE
estudia la presentación de una interpelación, que suscitaría un
pronunciamiento de la Cámara baja y un aprieto para muchos socialistas.
Con la copia mecanografiada de los manuscritos de Floreal Torguet
Pena, José Castillo Monsegur, Salvador Gimeno Gasca, Javier Iriarte,
Pedro Moreno Rodas, José Manuel Abreu, José Joaquín García Gutiérrez,
Juan José Menéndez Sáez, Carlos Alonso, Ángel Pérez Sola, Félix Matute,
Ramón Iruretagoyena, Mikel Azkue Gabilondo, Francisco Álvarez Álvarez,
Manuel Lucas de Pedro, el PCE confeccionó y difundió unas hojas a
multicopista, en las que se denunciaba, entre otras cosas, que "los
métodos que ha empleado la Brigada Político Social son algo", decía el
panfleto, "que repugna a la conciencia humana y que denuncian por sí
solos a los que los practican y al sistema que representan". La mayoría
de los detenidos denunció las torturas ante el juez, pero los procesos
contra los policías terminaron sobreseyéndose "por falta de pruebas".
Fue al ver la foto en EL PAÍS cuando algunos recordaron a Martínez
Torres, a pesar de que entonces, en 1971, no llevaba bigote. Según Mikel
Azkue, "tenía unas patillas horterísimas y unos zapatos de tacón ancho,
quizá por complejo de bajo". "En mi caso", explica Azkue, "dirigió los
16 días de interrogatorios. Pero el que más me pegó no fue él, sino el Gordo,
uno muy gordo, con un hoyuelo pronunciado en la barbilla. La actitud de
Martínez Torres significaba un cambio en la forma de tratar a la gente.
Era un policía que no pegaba por pegar, sino para sacar información. Le
preocupaba la eficiencia. Eran nuevos métodos. Hacía gala de una
extraordinaria frialdad e intervenía en el momento adecuado. Otras veces
te decía aquello de que acababa de ducharse y de echar un polveteo
lo de que, como ya conté en mi carta al director de EL PAÍS, cuando
gobernáramos los de izquierdas él continuaría siendo funcionario de
policía. Esto es lo verdaderamente grave, que no sólo sea cierto
aquello, sino que incluso se le haya confiado un cargo de
responsabilidad".
Algunos de los entonces detenidos no recuerdan la participación de
Martínez Torres en las torturas de las que fueron objeto. Así le ocurre a
Félix Matute Cañas, con 25 años en 1971 y hoy profesor en un instituto
de enseñanza medía. Matute asegura que Martínez Torres no le pegó a él,
"aunque al ver la foto le reconocí, porque yo estuve 15 días en
comisaría y le había visto, pero conmigo no intervino".
El más veterano, Floreal Torguet Pena, albañil de 50 años y líder
sindical de la construcción, que contaba 36 años cuando le detuvieron,
explica con detalle los malos tratos que sufrió, que le produjeron la
rotura de un dedo del pie derecho, pero niega que la sordera que padece
sea consecuencia de aquello. Describe a quienes le pegaban, entre ellos a
el Ye-yé, el Catalán, "uno muy enclenque hacia el que siempre
me iba yo para que me pegara él", pero no está seguro de si entre ellos
se encontraba Martínez Torres: "Había otro asturiano, sin bigote; puede
que fuera él, pero, la verdad, no lo recuerdo bien".
Sí le recuerda Manuel Lucas de Pedro, estudiante de Medicina de 21
años cuando fue detenido en 1971 y hoy casado, con un hijo, médico en la
localidad zaragozana de Daroca. "Martínez Torres pertenecía a la
hornada que llegó en 1970. Hasta entonces estaban sólo los clásicos,
acostumbrados al movimiento obrero. Pero estos nuevos actuaban ya sobre
el mundo universitarios y comenzaban a infiltrar gente. Durante los 10 o
12 días que duraron mis interrogatorio s, a base de palizas, era él
quien los dirigía. No llevaba bigote, pero lo tengo plenamente
identificado", asegura. "Parecía que llevaba la responsabilidad, aunque
cascaba igual que los demás. La verdad es que había otros más brutos.
Éste lo que era es un poco chuleta. A veces rompía las declaraciones, si no le gustaban".
Los interrogatorios de 1975
Otras personas que también dicen recordar la actividad de Jesús
Martínez Torres como torturador son algunos de los jóvenes detenidos en
Zaragoza en 1975. Es el caso de David Ubico Soler, trabajador del metal,
que entonces contaba 24 años y que, como militante del Partido de los
Trabajadores (PT), participaba en una reunión preparatoria de las
elecciones para enlaces de los sindicatos verticales cuando fue
detenido, junto a otros compañeros, e interrogado "a golpe limpio".
Según Ubico, "Martínez Torres no era de los que más pegaban, sino de
los que dirigían y coordinaban los interrogatorios de las distintas
habitaciones, y, por ejemplo, te hacía oír gritar al compañero de la
habitación de al lado. 0 te decía: '¿Oyes cómo llama a mamá?'. Martínez
Torres iba con una porra en la mano, que a veces usaba. El que más me
pegaba no era él, sino otro que todavía sigue aquí. Martínez Torres te
daba un golpe, te soltaba una frase cínica y se largaba. También fue uno
de los que me llevaron al monte, a un agujero, y al ver que no estaba
la propaganda, hacían insinuaciones con la pistola que daban miedo... ".
Ubico recuerda que la primera vez que vio de nuevo a Martínez Torres
fue "hace ocho o diez meses, en televisión, dándole la mano al Rey.
Fueron sólo dos segundos, pero le reconocí. No lo comenté con nadie,
excepto con mi moza, pero cuando hace poco vi la foto en EL PAÍS ya no
pude contenerme y escribí la carta al periódico". También en 1975 fue
detenido Pablo Lacueva, que entonces tenía 19 años y militaba en el PT.
Recuerda que tres policías le pegaron bastante y que a Martínez Torres
le reconoció "por las fotos publicadas en la Prensa".
Para Pedro Praena, militante del Movimiento Comunista (MC), que tenía
25 años cuando fue detenido en 1975, "con mono y todo", en la fábrica
de electrodomésticos donde trabajaba de peón, el bigote de Martínez
Torres le hace inconfundible. "Yo, en mi mente, le llamaba el Mejicano, y es clavado a la foto de la primera página de EL PAÍS
del 27 de febrero". A diferencia de otros, Praena dice que Martínez
Torres era "uno de los duros, de los que preguntaban quién era el jefe
del MC y pegaba hostias a porrillo. Hacía de malo, tenía mala virgen y era de los que se portaban peor".
Algunos de estos jóvenes aceptaron comparecer para un careo con
Martínez Torres ante el Juzgado de Instrucción número 1 de Madrid, que
tramita una querella contra el periodista Carlos Carnicero por un
reportaje publicado en octubre de 1983 en el semanario Tiempo.
El trato a la ultraderecha
De la etapa de Jesús Martínez Torres en San Sebastián, en donde ya se
encontraba en 1980, no existen testimonios de malos tratos a detenidos.
Según fuentes jurídicas vascas de distinto signo, en ese aspecto pasó
inadvertido, porque "era comisario jefe provincial de Guipúzcoa y ya no
torturaba". En cambio, algunas de estas fuentes recuerdan que, en
relación con el atentado al bar Hendayais, de Hendaya, reivindicado por
el Batallón Vasco Español, trató de desvirtuar, en línea con su superior
jerárquico Manuel Ballesteros, la hipótesis sustentada por la acusación
particular de que fueron policías quienes cometieron el atentado y
después pasaron violentamente la frontera.
En relación con la detención de los dos supuestos miembros del
Batallón Vasco Español Ignacio María Itúrbide Alcáin y Ladislao Zabala
Solchaga, producida en 1981, bajo la acusación de varios asesinatos, en
medios políticos vascos se considera que sólo la actitud decidida de EE,
que amenazó con dar a conocer los nombres de los dos ultraderechistas
en una conferencia de prensa, forzó a Martínez Torres a ordenar su
detención. En cambio, fuentes policiales próximas al caso, sin negar la
colaboración de EE en esta operación, aseguran que Martínez Torres "no
puso ningún obstáculo para profundizar hasta el final en la
investigación de ambos ultraderechistas, que se realizó con pulcritud y,
desde luego, sin que a estos señores se les tocara un pelo".
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