Candidaturas ciudadanas
Recientemente
se ha constituido en Sevilla una asamblea ciudadana formada por un
grupo de personas de diferentes colectivosi,
con la pretensión de promover candidaturas de asambleas ciudadanas
en las próximas y sucesivas elecciones. La noticia no deja reposar
las esperanzas por un mundo mejor que parece que despertaron el 15de
Mayo de 2011 y que no la hemos dejado que repose desde entonces ni un
instante. Esperanzas que se esparcen y robustecen a cada paso, en
cada concentración, manifestación, huelga, marea o marcha.
En el
mismo comienzo de la noticia el corazón me empieza a vibrar, al
borde de la arritmia: el objetivo es desbancar al poder constituido.
Perfecto, todo parece indicar que en esta ocasión el objetivo no es
volver al estado del bienestar anterior, sino ¡desbancar al propio
poder constituido! El interés se convierte en pasión buscando en el
interior de la noticia las frases, los comentarios o las palabras
revolucionarias que van a marcar el proceso, desde la constitución
de esa asamblea ciudadana hasta, nada más y nada menos, desbancar al
poder constituido.
Y es que
es verdad. La mayoría de la rabia expresada en las manifestaciones
por parte de la gente de abajo que participamos en ellas, nunca llega
al poder constituido tal cual, casi siempre la rabia es convertida en
unas pocas reivindicaciones que tan solo persiguen recuperar los
derechos perdidos, la vuelta al estado del bienestar. En esta ocasión
parece que no se persigue la vuelta a la situación anterior a la
crisis y a los recortes (que también podríamos decir anterior a la
gran estafa y a los sucesivos golpe de estado vía decreto-ley),
situación que se caracterizaba por mantener satisfecha a una cuarta
parte de la población mundial, matando de hambre al resto y, de
paso, destrozando el planeta.
Siempre
me ha parecido mal la aparición de nuevas propuestas electorales
“alternativas” cuando existen otras que desde siempre han
defendido esos derechos que hoy hemos perdido. Y me ha parecido mal
porque he creído que la aparición de nuevas propuestas electorales
por parte de los movimientos sociales condenaban para siempre a las
fuerzas electorales tradicionales opositoras al capitalismo al
banquillo de los minoritarios o cuando más, al de la oposición. Y
que más bien que conseguir avances democráticos se obtienen nuevos
gobiernos reaccionarios, de derecha o izquierda pero fieles a la
defensa del sistema capitalista, es decir, fieles a la defensa de la
propiedad privada y a las relaciones de explotación del hombre por
el propio hombre.
¿Merecerá
la pena que los de abajo nos arriesguemos a volver a convertir a las
fuerzas progresistas tradicionales en grupos minoritarios y en la
oposición participando en los nuevas propuestas electorales? Sigamos
devorando la noticia.
La
decepción llega enseguida. Tras unas primeras declaraciones
generales que quieren decirlo todo sin decir nada como “reiniciar
la democracia”, “acceso al poder”, etc. viene la iluminación
de uno de los principales valedores del proyecto cuando dice que el
viento de la historia nos conduce al pueblo a la presentación de
candidaturas ciudadanas y “que quien se oponga a ello será barrido
como han sido barridos comunistas y socialistas en Italia y Grecia”.
Pero esta
ausencia de humildad y de respeto por los compañeros de lucha no es
lo peor, otro de sus principales convocantes enmarca la ideología
que debe imperar en la recién nacida asamblea ciudadana, esto es, la
honestidad: “solo son ideas de gente honesta, ni de derechas ni de
izquierda”. Y esto es lo que más me asusta. José Antonio Primo de
Rivera decía algo parecido en el siguiente extracto del discurso
fundacional de la Falange:
"...El
movimiento de hoy,
que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos
decir un antipartido, sépase desde ahora, no
es de derechas ni de izquierdas.
Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una
organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en
el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque
al subvertiría se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se
decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales.
Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas
consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero
que nuestro
movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al
interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas
e izquierdas..."
Desde
estos planteamientos que junto a falangistas comparten los liberales
de izquierdas o socialdemócratas de derechas, el corazón vuelve a
su ritmo. Ya no devoro la noticia, la voy digiriendo como puedo y de
pronto aparece la gracia, el chiste: la táctica.
Hasta
ahora tenemos: un nuevo llamamiento electoral, desde una posición
prepotente, ideológicamente enmarcado en la “gente honesta” (la
verdad no se como no se la ha ocurrido antes a la gente honesta
participar de las elecciones). Y ahora viene la hoja de ruta (el
chiste), a saber: “...promover un plebiscito popular sobre la
dimisión de Gobierno, la creación de un Gobierno de Transición y
la celebración de elecciones constituyentes con una ley electoral y
unas listas justas”
O quieren
promover un plebiscito ilegal, igualito que el Artur Mas, o esperan
que el poder constituido, al que pretenden desbancar, les convoque un
referéndum precisamente para que el poder deje de estar constituido.
O quizás lo que quieren es otra transición donde todo cambie para
que nada cambie salvo los representantes del Estado, como a finales
de los años 70 del siglo XX o recientemente en la “primavera
árabe”.
No se
puede ser más infantil, irresponsable u oportunista, por no decir
otra cosa, en todos estos supuestos. Lo malo es que si la gente de
abajo nos volvemos a dejar engañar por estos ilusos honestos y con
ello consiguen convertirse en la Syriza española, entonces la
dictadura, lejos de remitir, se irá consolidando como en Grecia. Y
con su mensaje de ni izquierdas ni derechas compartido con la extrema
derecha facilitará que se vayan incorporando gente desesperada a los
brazos de los fascistas, como en Grecia.
Los que
pensamos que la revolución consiste en la autoorganización de los
pueblos, para que nos dotemos de verdaderos gobiernos representativos
y no en la organización de gobiernos que suplanten la soberanía
popular, debemos continuar nuestro trabajo paciente y persistente.
Estas candidaturas electorales ciudadanas no tienen por qué desviar
nuestra atención en el camino del proceso constituyente del pueblo
que iniciamos el 17 de marzo de 2012 en Cádiz.
Miguel
Cano
miembro
de la Asamblea Ciudadana Constituyente de Huelva
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