Al Coronel Martínez Inglés no lo callan. Nuevo artículo: "La amiga entrañable"
Y también, y de acuerdo con nuestro deprimido lenguaje social en
el que la cobardía intelectual tiene gran peso especifico, los
habitantes de este nuevo protectorado europeo denominado en la
actualidad Merkelandia (antes, según la época, Celtiberia, Iberia,
Hispania, Califato Cordobés, España, Borbonia…), nos hemos permitido
calificar una y otra vez como “falso, salvo algunas cosas” a lo
presuntamente muy veraz; como “cierto” a lo previamente manipulado; como
“contrato en diferido y simulado” a lo que no deja de ser un descarado
chantaje; como “indiscutible mayoría absoluta” a lo que a todas luces es
una encubierta dictadura neoliberal; como “necesarios recortes” a las
tajantes ordenes del nuevo Tercer Reich económico alemán… Sin olvidarnos
del renuente trágala político consistente en llamar “Estado de las
Autonomías” al demencial e ingobernable guirigay taifal, presuntamente
federal, en el que a día de hoy nos ahogamos casi todos los ciudadanos
españoles.
Y no para ahí la cosa porque, dejando de lado la sabiduría popular
de siglos pasados, los que ahora malvivimos en la antes boyante, y
ahora reseca, piel de toro ibérica, no nos sonrojamos en absoluto cuando
llamamos “amiga”, “amiga íntima”, amiga entrañable”, compañera de
caza”, “acompañante regia” o “asesora estratégica”, a una señora de muy
buen ver, extranjera ella, a la que nuestros antepasados, los vasallos
borbónicos de toda la vida, no se hubieran cortado un pelo en cargarle
el nada honroso sambenito popular de “querida”, “amante”, “favorita”,
“mantenida regia”, concubina e, incluso, el a todas luces feo y
detestable de “barragana”.
Pero, amigos, así somos en este país. Tenemos una forma de ser y
de hablar muy peculiar, utilizamos a mansalva la perífrasis y los
eufemismos para enmascarar nuestro miedo y nuestro ancestral servilismo
ante el poderoso. Ahora bien, a mí, que como escritor no tendría por qué
molestarme para nada la libertad de expresión y el puro decir de cada
quisqui, lo que más me desagrada (y por eso protesto) de todo este
tinglado parabólico nacional es lo que acabo de mentar: el miedo, el
miedo insuperable, el pánico (tanto personal como colectivo) de
amplísimas capas de la sociedad española a enfrentarse al poderoso, al
que gobierna, al famoso, al que tiene la sartén por el mango… que
todavía en el presente, a comienzos del siglo XXI, sigue instalado,
grabado a fuego, en el alma, teóricamente valerosa, de un pueblo como el
español. Un pueblo, que si hacemos caso a la historia, conquistó medio
mundo esparciendo por doquier cultura y esperanza y que en estos
momentos se debate entre la pobreza, la sumisión y la ruina de los
valores morales e intelectuales que fueron el motor de su valía
histórica ¡Da pena de verdad, amigos!
Pero, y ya termino esta pequeña digresión personal sobre la
actualidad que cubre la penosa realidad española ¿Por qué no nos
rebelamos los españoles ante este lamentable estado de cosas? ¿A qué
viene tanto miedo? ¿Qué tememos los ciudadanos de este país para
arrastrarnos permanentemente ante el poderoso que desprecia y arruina
nuestras vidas? ¿A un jefe del Estado cojo, lisiado, golferas, acabado,
desprestigiado, enfermo, en permanente estado de revisión médica en el
“taller” biológico (al que quizá ya esté unido con carácter permanente),
que tuvo que pedir perdón por sus pecados al pueblo español (no al
cardenal Rouco) y al que todo el mundo, incluidos los sorprendidos
embajadores que presentan sus cartas credenciales esbozando una sonrisa
ante su juego de muletas previo al besamanos, mira ya con una mezcla de
compasión y deseo de que abandone cuanto antes su personal vía crucis?
¿Al presidente Rajoy, a punto de ser desahuciado de su vivienda oficial,
con un partido cogido in fraganti cuando se repartía el botín del
ladrillo, con una secretaria general que le ha salido tartamuda, con la
espada de “Barcenocles” permanentemente sobre su cabeza (y la de todos
los españoles) y que se pone como un flan en cuanto su aparato
inmunológico le avisa de que la señora Merkel está cerca?
¡Venga ya, amigos, a ponernos las pilas y a reaccionar cuanto
antes que la cosa está fea y el futuro más negro que la boca de un lobo
estepario! Empecemos a llamar a las cosas, y a las persona, por su
nombre, sin miedo alguno. El miedo no es una rareza, es algo
consustancial con el ser humano pero muy fácil de canjear por el valor,
estado anímico mucho más placentero y que rinde bastantes más beneficios
morales y espirituales; aunque, todo hay que decirlo, en la mayoría de
los casos muy pocos materiales.
Fdo. Amadeo Martínez Inglés
Coronel. Escritor. Historiador.
Tomado de inSurgente
Comentarios
Publicar un comentario