Por qué los odiamos con tanto ahínco (El extraño caso de Beatriz Talegón)
inSurgente
Primero se hizo mundialmente famosa cuando la vimos por televisión
abroncando a la gente de la Internacional Socialista. Después, fue ella
la abroncada en la manifestación de Madrid que la PAH convocó el pasado
sábado por la tarde. La pobre chica no encuentra una explicación
convincente sobre por qué un grupo de individuos se acercó hasta ella,
que iba acompañada, nada más y nada menos que por el exministro de
justicia de ZP, Fernando López Aguilar, y empezaron a insultarlos y a
abroncarlos. A ellos, que habían ido a la mani a mostrar su apoyo a los
desahuciados; a ellos, que no son como los otros; a ellos, que son
socialistas.
No sé si por su juventud o porque es un subproducto del nefasto
sistema educativo español, la pobre Beatriz no es capaz de ver lo que
todos los demás vemos con meridiana claridad. Los españoles, sin
distinción de raza, religión, sexo o comunidad autónoma donde hayamos
nacido o residamos, odiamos con todas nuestras fuerzas a los políticos
profesionales. Y los odiamos porque los políticos profesionales,
principalmente los del PP y los del PSOE, pero también los de CIU, PNV,
Coalición Canaria, UPD, y en menor proporción los de IU, son los
culpables de la mayoría de los males que asolan este país. Ellos son el
problema. Porque los políticos profesionales nos han robado, nos han
estafado, nos han mentido, nos han ninguneado, nos han menospreciado,
han arruinado nuestros ayuntamientos y diputaciones, se han reído en
nuestras jetas de nosotros, nos han dado por el culo por activa y por
pasiva, nos han puteado hasta la extenuación. ¿Lo captas ahora, querida
Beatriz?
En cuanto a su partido, ¿qué podemos añadir a todo lo que ya se ha
dicho? Le voy a poner sólo dos ejemplos, aunque hay muchos más. Seguro
que Beatriz, pese a su juventud, ha oído hablar de un individuo llamado
Felipe González, y de todo lo que hizo por desarmar ideológicamente a la
clase obrera, de todo lo que hizo porque los ricos de este país fuesen
más ricos, de cómo miles y miles de personas confiaron en él, y de cómo
las ilusiones de toda esas gentes quedaron en agua de borrajas. Y
Beatriz también conocerá a un tal Zapatero, que hasta antesdeayer fue
Presidente del Gobierno de España, y conocerá su extraordinario
currículum de tropelías, sus ataques indiscriminados contra los
trabajadores de este país, su apoyo ciego a la banca, su sumisión ante
los poderes fácticos del mundo globalizado, etc., etc.
Dice Beatriz en unas declaraciones al diario El País que, de repente,
se vio rodeada en plena manifestación por un grupo de violentos que la
insultaron y la zarandearon. Me gustaría que Beatriz entendiera lo que
realmente significa la palabra violencia. Violencia, amiga Beatriz, no
es que unas cuantas personas te insulten y coreen consignas contra ti en
una manifestación. La violencia es algo mucho más serio. Por ejemplo,
violencia es echar a la gente de sus hogares, sin importar que sean
octogenarios o bebés; violencia es dejar sin trabajo a un padre de
familia y privarlo de sus derechos con una maldita reforma laboral hecha
para contentar a la CEOE; violencia es desmantelar el sistema público
sanitario y el educativo; violencia es que los escolares no puedan comer
en los comedores escolares porque los políticos profesionales se han
llevado el dinero; violencia es dejarnos sin cultura; violencia es que
la policía te eche afuera un ojo en una manifestación y que encima estés
indefensa contra tal agresión; violencia es que te bajen el sueldo y
que te congelen la pensión; violencia es malvivir con 426 euros al mes;
violencia es seis millones de parados. Violencia es, en definitiva, que
nos dejen de un plumazo sin futuro. Y a todo esto, amiga Beatriz, tu
partido, el Partido Socialista Obrero Español (“¿Es socialista, es
obrero? / ¿O es español solamente? / Pues tampoco cien por cien. / Si
americano también. / Gringo ser muy absorbente” Javier Krahe dixit) ha
contribuido muy activamente. ¿Entiendes ahora por qué los odiamos con
tanto ahínco?
De todas maneras, amiga Beatriz, no te preocupes. En las próximas
elecciones generales, los jerifaltes de tu partido te reservarán un
silloncito en el Congreso de los Diputados, cobrarás tus cuatro mil
euritos, levantarás la mano cuando se te diga, y lo del sábado quedará
en una simple anécdota. ¿Qué no?
Kaosenlared.
Kaosenlared.
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