Guillermo Almeyra, periodista de La Jornada, advierte:
"OPONERSE SOLO AL NEOLIBERALISMO ES QUEDARSE EN LA SOMBRA DEL SISTEMA"
Guillermo Almeyra / La Jornada
El periodista Guillermo Almeyra, del diario mexicano La Jornada,
apunta en este artículo una de las claves fundamentales para la
clarificación conceptual de una izquierda que se pretenda verdaderamente
transformadora. La raíz de los problemas, su verdadero enemigo, no se
encuentra en el neoliberalismo o la llamada "globalización neoliberal".
El periodista critica, igualmente, el sorprendente apoyo dado hace escasas fechas por el marxista egipcio Samir Amin a la intervención imperialista francesa en Mali, en un artículo publicado en la publicación Viento Sur. (Para leer el artículo de Samir Amin pinche AQUÍ). (Para leer la réplica de Paul Martial pinche AQUÍ).
Nota de la Redacción.
A riesgo de repetirme como disco rayado, recuerdo que el neoliberalismo no es un sistema, sino una política, la política actual del capitalismo,
y resultado del fracaso del capitalismo del bienestar social vagamente
keynesiano, el cual es irrepetible y está muerto y enterrado. Pretender
centrar los esfuerzos contra el neoliberalismo equivale a disparar
contra la mera sombra del sistema. No hay capitalismos buenos: hay un
régimen de explotación, opresión, racismo, colonialismo y guerras que
hace de todo para sostener la tasa de ganancia de las grandes empresas
financieras y monopolistas. Los capitalismos de Estado y las políticas
asistenciales y distributivas del ingreso forman parte de ese sistema
mundial y lo sostienen. La diferencia entre los gobiernos que son
agentes directos del capital financiero y los que tratan de tener algún
margen de maniobra es que éstos aplican algunas políticas que,
defendiendo las ganancias de los capitalistas, deben tener en cuenta la
necesidad de sostener el mercado y las ganancias con subsidios al
consumo y a los servicios y de ceder algo a los movimientos sociales y a
la protesta obrera, para evitar que se organicen en forma
independiente. Los gobiernos nacionales y populares, sin embargo, no
pertenecen a una categoría diferente: igual que los demás, aceptan el
despojo salvaje de la gran minería y practican un extractivismo que
destruye los bienes comunes (agua, bosques, tierras, minerales) y que
contamina, como demuestra China. Ellos privilegian el crecimiento
económico sobre el desarrollo humano, reducen al mínimo los derechos
humanos y sociales y los márgenes de la democracia. No son populares y
tampoco son nacionales.
Ahora, para colmo, Samir Amin descubre en Viento sur y en Utopie Critique que Francia es imperialista, sin duda, pero que en Malí cumpliría un papel progresista que hay que apoyar porque combate el islamismo extremista que Qatar financia y que Estados Unidos utiliza para desmembrar los estados africanos y para derrocar al gobierno argelino.
Francia fue uno de los grandes colonizadores y fragmentadores de África y carga con un millón de muertos (sobre 11 millones de habitantes) producidos por la guerra de independencia de Argelia, con cientos de miles de víctimas en Marruecos, Argelia, Túnez, Madagascar, con la horrible matanza de Burundi y la tragedia de Biafra, cuando quiso desmembrar a Nigeria, Estado islámico que amenazaba sus intereses. Sostiene en Malí a un gobierno surgido de un golpe de Estado, incapaz y corrupto, que se derrumbaba por carecer de apoyo popular ante unos pocos islamistas tuaregs, medievales y esclavistas, sostenidos y armados por Estados Unidos y Qatar, con las armas del arsenal de Kadafi vendidas a éste por Sarkozy. Los socialistas franceses, que sostuvieron hasta el fin la guerra colonial en Indochina y las matanzas en Argelia (Mitterrand fue 11 veces primer ministro durante ellas y las cubrió), cumplen su papel de siempre de médicos de cabecera del capitalismo, como decía uno de ellos, León Blum.
Estamos solamente ante un conflicto de intereses entre el imperialismo francés, con su uranio en Níger y el gas de Argelia (su país cliente), y el imperialismo estadunidense, con su perro faldero británico, porque Washington quiere disputar África no sólo a China, sino también a Francia, y está esperando convertir en su próximo blanco al gobierno argelino, que es odiado y mató a más de 300 mil islamistas e implantó una dictadura neocolonial.
Samir Amin se opone a la autonomía de etnias y regiones porque, según él, esto debilitaría los estados, que fueron inventados con papel, lápiz y escuadras por los colonizadores y que son, todos, multiétnicos y multiculturales. Pero fue la represión de los militares nacionalistas malienses unidos a Francia lo que fortaleció el separatismo de los tuaregs y los lanzó ahora a los brazos de Qatar y de Washington. Fue la represión de los nacionalistas sudaneses lo que favoreció crear –sobre la base de la religión y de la piel– un Estado ficticio, cliente de Estados Unidos, en Sudán del Sur. Quienes creen que hay que apoyar a los capitalistas buenos supuestamente antiyanquis y a los imperialismos buenos que se oponen a Washington para oprimir ellos a los africanos, ven sólo los estados, no las clases o sectores sociales que podrían unirse contra todo el colonialismo y excluyen el internacionalismo –la oposición de los trabajadores franceses al imperialismo francés, por ejemplo–, que fue la gran fuerza que permitió la independencia argelina y la victoria vietnamita. Es lamentable que gente que por decenios atacó al capitalismo y al imperialismo caiga hoy a este nivel de realpolitik y piense que lo importante es la fuerza relativa que pueda tener el enemigo de su enemigo (capitalistas progresistas o imperialismo bueno) y no cómo los oprimidos pueden adquirir fuerzas contra todos sus enemigos y adversarios.
Por supuesto, hay que combatir el papel de Washington y de Qatar en Siria o en el apoyo a los tuaregs, que esclavizan a los Bella, venden droga, quieren conquistar el Malí negro, queman los libros de la biblioteca de Tombuctú, que en el siglo XIV fue uno de los primeros centros mundiales de cultura. Por supuesto, hay que combatir los planes de Estados Unidos para toda África, pero eso no significa que haya que alinearse con los competidores de Washington, que son, sin embargo, sus socios en la guerra en Siria y en el apoyo a Israel. En todos los países africanos han surgido siempre tendencias anticolonialistas e independentistas, en la intelectualidad y hasta en el ejército que la burguesía francesa, por cierto, ayudó a liquidar. Lo que hay que apoyar es su desarrollo y maduración, no al imperialismo menos malo.
Título original: "Sobre capitalismos e imperialismos "buenos"
De La Jornada
Ahora, para colmo, Samir Amin descubre en Viento sur y en Utopie Critique que Francia es imperialista, sin duda, pero que en Malí cumpliría un papel progresista que hay que apoyar porque combate el islamismo extremista que Qatar financia y que Estados Unidos utiliza para desmembrar los estados africanos y para derrocar al gobierno argelino.
Francia fue uno de los grandes colonizadores y fragmentadores de África y carga con un millón de muertos (sobre 11 millones de habitantes) producidos por la guerra de independencia de Argelia, con cientos de miles de víctimas en Marruecos, Argelia, Túnez, Madagascar, con la horrible matanza de Burundi y la tragedia de Biafra, cuando quiso desmembrar a Nigeria, Estado islámico que amenazaba sus intereses. Sostiene en Malí a un gobierno surgido de un golpe de Estado, incapaz y corrupto, que se derrumbaba por carecer de apoyo popular ante unos pocos islamistas tuaregs, medievales y esclavistas, sostenidos y armados por Estados Unidos y Qatar, con las armas del arsenal de Kadafi vendidas a éste por Sarkozy. Los socialistas franceses, que sostuvieron hasta el fin la guerra colonial en Indochina y las matanzas en Argelia (Mitterrand fue 11 veces primer ministro durante ellas y las cubrió), cumplen su papel de siempre de médicos de cabecera del capitalismo, como decía uno de ellos, León Blum.
Estamos solamente ante un conflicto de intereses entre el imperialismo francés, con su uranio en Níger y el gas de Argelia (su país cliente), y el imperialismo estadunidense, con su perro faldero británico, porque Washington quiere disputar África no sólo a China, sino también a Francia, y está esperando convertir en su próximo blanco al gobierno argelino, que es odiado y mató a más de 300 mil islamistas e implantó una dictadura neocolonial.
Samir Amin se opone a la autonomía de etnias y regiones porque, según él, esto debilitaría los estados, que fueron inventados con papel, lápiz y escuadras por los colonizadores y que son, todos, multiétnicos y multiculturales. Pero fue la represión de los militares nacionalistas malienses unidos a Francia lo que fortaleció el separatismo de los tuaregs y los lanzó ahora a los brazos de Qatar y de Washington. Fue la represión de los nacionalistas sudaneses lo que favoreció crear –sobre la base de la religión y de la piel– un Estado ficticio, cliente de Estados Unidos, en Sudán del Sur. Quienes creen que hay que apoyar a los capitalistas buenos supuestamente antiyanquis y a los imperialismos buenos que se oponen a Washington para oprimir ellos a los africanos, ven sólo los estados, no las clases o sectores sociales que podrían unirse contra todo el colonialismo y excluyen el internacionalismo –la oposición de los trabajadores franceses al imperialismo francés, por ejemplo–, que fue la gran fuerza que permitió la independencia argelina y la victoria vietnamita. Es lamentable que gente que por decenios atacó al capitalismo y al imperialismo caiga hoy a este nivel de realpolitik y piense que lo importante es la fuerza relativa que pueda tener el enemigo de su enemigo (capitalistas progresistas o imperialismo bueno) y no cómo los oprimidos pueden adquirir fuerzas contra todos sus enemigos y adversarios.
Por supuesto, hay que combatir el papel de Washington y de Qatar en Siria o en el apoyo a los tuaregs, que esclavizan a los Bella, venden droga, quieren conquistar el Malí negro, queman los libros de la biblioteca de Tombuctú, que en el siglo XIV fue uno de los primeros centros mundiales de cultura. Por supuesto, hay que combatir los planes de Estados Unidos para toda África, pero eso no significa que haya que alinearse con los competidores de Washington, que son, sin embargo, sus socios en la guerra en Siria y en el apoyo a Israel. En todos los países africanos han surgido siempre tendencias anticolonialistas e independentistas, en la intelectualidad y hasta en el ejército que la burguesía francesa, por cierto, ayudó a liquidar. Lo que hay que apoyar es su desarrollo y maduración, no al imperialismo menos malo.
Título original: "Sobre capitalismos e imperialismos "buenos"
De La Jornada
Tomado de Canarias semanal
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