La burbuja inmobiliaria y los cambios en las clases hegemónicas
LOS RESPONSABLES POLÍTICOS DE LA TRAGEDIA ECONÓMICA Y LA NUEVA OLIGARQUÍA
Lo que se ha dado
en llamar la "burbuja inmobiliaria" tiene su origen en la
constitución de un nuevo "modelo económico" capitalista, que fue
desarrollándose paralelamente al desmantelamiento industrial y agrario que se
dio en el Estado español tras la adhesión a la Unión Europea.
La construcción terminó convirtiéndose en la
auténtica "industria nacional". Se trató, pues, de una reconversión
radical y profunda de la economía española, mediante un proceso nada espontáneo
iniciado en la década de los 80, alternativo a aquél que se había diseñado en
los años 60 bajo la dictadura de Franco. A partir de 1982, bajo el gobierno de
Felipe González, se fueron abonando las condiciones para que en 1997 se empezara desarrollar, de manera
vertiginosa, lo que luego hemos conocido como la
"burbuja inmobiliaria".
En realidad, el
proceso comenzó cuando durante la transición política de la dictadura
franquista a la monarquía juancarlista se produjo una "refundación"
oligárquica del poder de las clases dominantes. Poco a poco, sobre esta
"refundación" las clases hegemónicas españolas fueron desplazando el ámbito de su poder económico hacia los
negocios de la recalificación y construcción de suelos, que no sólo no estaban
sometidos a ningún tipo de control, sino que encontraron el aliento y la complicidad
de las instituciones gubernamentales.
Esta política fue patrocinada por el propio presidente del ejecutivo
socialdemócrata Felipe González Márquez. Y resueltamente defendida, públicamente,
por su ministro de economía Carlos Solchaga. Fue la época en la que éste último
se preguntaba soberbio ante los medios de comunicación qué podía tener de malo que España
fuera un país plenamente dedicado al sector servicios y a la recepción de
jubilados europeos. La pregunta del ministro no respondía, naturalmente, a una reflexión personal suya, sino que era la expresión de la aceptación por su parte del papel subordinado que la UE había impuesto a España.
En el curso de
este período, una burguesía inmobiliaria y rentista, vinculada a las grandes
empresas de las infraestructuras y la construcción, consolidó su poder en
todas las áreas económicas del Estado español.
Con los gobiernos
de Aznar y Rodríguez Zapatero, el nuevo "modelo económico" se
fortaleció. Como corresponde a cualquier Estado capitalista, la legislación fue
puesta en sintonía con los intereses de la nueva oligarquía hegemónica. En el
año 1998, una ley dictada por el gobierno de Aznar privatizó el mercado del
suelo. El propósito era evidente: multiplicar la rentabilidad del negocio
inmobiliario aumentando el terreno edificable. Su continuador en la
presidencia, Rodríguez Zapatero, no hizo más que consolidar las medidas de su
predecesor implementando su aplicación.
Fue esta la época de
los megaproyectos urbanísticos, acompañados por las recalificaciones de suelos.
En una alucinante orgía de despilfarro
se construyen aeropuertos, parques temáticos, "ciudades de la
cultura", complejos congresuales, etc., atendiendo exclusivamente a los intereses inversionistas de la
nueva clase dominante.
Este período
coincide también, por otra parte, con las repercusiones provocadas por la entrada de
España en la Unión Europea. Los fondos europeos pusieron a disposición de las
grandes empresas de la construcción cantidades fabulosas de capital dispuestas
a ser invertidas en cemento. Ello creó paralelamente la mágica ilusión, en importantes sectores de
la población española, de convertirse en propietarios de viviendas, gracias a
las "libérrimas" facilidades ofrecidas por una banca que también poseía
importantes intereses en el sector de la construcción.
De forma simultánea,
el valor de las viviendas crecía exponencialmente. Durante el decenio 1996-2006
el precio de la vivienda se duplicó. El endeudamiento de las familias alcanzó tal desarrollo que en el año 2006 una
cuarta parte de la población española estaba endeudada por más de una década.
Durante esos
años, decenas de miles de jóvenes abandonaron sus estudios seducidos por "El
Dorado" de la construcción. Mientras que el precio de la vivienda se
duplicaba, los salarios en cambio permanecían congelados.
¿Cómo era posible,
entonces, que la adquisición de este bien continuara creciendo exponencialmente? La razón
estribaba en que los banqueros, borrachos por el festín de beneficios que
proporcionaba el boom de la construcción, ofrecían "hipotecas baratas para
todos". Los plazos de las mismas fueron ampliados hasta límites
inconcebibles: ¡40 años!. "¡Si usted no puede pagarla, la pagarán sus
nietos! Y si en el transcurso de esas cuatro décadas algún suceso le
impidiera pagar los plazos, con su venta ganaría dinero" - afirmaban sonrientes los gestores de la banca.
El final de esta
historia no es necesario recordarlo. Hoy está a la vista de todos.
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