Strupi
comprobó atónito como su amigo no podía más y caía desplomado al suelo
tras salir de la tienda de campaña, solo pudo lamerle la cara, tratar de
mostrar el cariño que solo los perros son capaces de trasmitir a un ser
humano. Todo fue inútil y aquel hombre joven, de solo 39 años, dio su
último suspiro. El can quedó desolado recordando en la soledad, entre
palmeras canarias, a alguien que fue parte de su vida durante tantos
años, con quien callejeaba entre turistas y hoteles en el enclave
turístico de Maspalomas, allá en el sur de Gran Canaria. Juntos buscaban
alimentos en la basura o conseguían algo de dinero vendiendo las
pequeñas obras pictóricas de su camarada de sueños.
Daniel,
su hermano del alma había muerto después de tantos años y el perrillo
quedó solo, luego llegaron policías, periodistas, televisiones y muchos
amigos y amigas, que como ellos vivían en la calle y dormían en la playa
o en medio de aquel palmeral destruido.
El
perro quedó desamparado cuando se llevaron el cadáver, se le veía en tv
olisqueando confundido, acompañando el cuerpo de su compañero, aferrado y
triste a las escasas pertenencias que los dos tenían en aquel bosque
perdido de las Islas Canarias.
A
pocos metros de aquella triste escena un gigantesco hotel, a todo lujo,
donde vienen visitantes de todo el mundo, en especial del norte europeo,
a disfrutar de piscinas, discotecas, spas, bares, restaurantes caros,
colindaban con aquel universo de indigentes, de personas sin esperanza
de distintas procedencias: holandeses, ingleses, alemanes, suecos,
finlandeses, isleños… Una especie de sociedad de naciones del desamparo,
de la pobreza y la marginación social, que sobreviven cada día
mendigando un trozo de pan, algo para vino barato y un pequeño espacio
para dormir bajo las estrellas, donde el ruido de las olas y el olor a
salitre inundan la existencia de la comunidad de los sueños perdidos.
En las
mismas fechas de la muerte de Daniel Laupchea, se celebró en Madrid la
Feria Internacional del Turismo (FITUR 2013), adonde acude la creme de
la creme del destrozo ecológico de estas islas, empresarios millonarios,
potentados del cemento y el soborno, que han construido impunemente en
playas vírgenes, destruido parajes naturales únicos en el mundo, solo
para satisfacer su depredación y su ansias desmedidas de ganar dinero a
costa de lo que sea.
En
esta feria del lujo y el ocio para unos pocos, se juntan con sus
cómplices de la casta política de la bananaria autonómica.
El sumiso y
monárquico presidente cipallo, alcaldes, príncipes de la realeza
corrupta, diputados y hasta ministros petroleros, todos acompañados de
sus despampanantes secretarias, asesores listillos, cochazos y dietas
para comer en lo más caro de Madrid. Todos unidos en ese objetivo común
de seguir destruyendo un territorio de incalculable valor ambiental y
cultural, mientras se llenan sus bolsillos a costa de un pueblo canario
que bate récords de empobrecimiento, desempleo, fracaso escolar,
desahucios, suicidios, hambre, miseria y malnutrición infantil.
El
cuerpo inerte de Daniel pasó la noche acompañado solo por Strupi, que
trataba de rebuscar en su alma un soplo de ternura.
En la lejanía se
rompía el silencio y se escuchaba la música estridente, los canticos de
hooligans borrachos o alemanes cerveceros y barrigones entonando sus
himnos. El olor a comida basura inundaba el ambiente y contrastaba con
el silbido cadencioso y asustado de los alcaravanes. La humildad y la
extrema sensibilidad a veces llevan a personas demasiado especiales a
terminar como este pintor de soles y estrellas. Su padre que fue alcalde
en una ciudad de Suiza y su familia adinerada no fueron óbice para que
se marchara y abandonará todo, que cambiara la opulencia y el
despilfarro por la vida en la calle, para vivir solo de sus humildes
pinturas y artesanías recicladas, devorando libros y disfrutando de la
inmensa poesía del infinito cielo estrellado.
Al
otro lado los señores del dinero y los sobres disfrutaban de las noches
de Madrid a todo tren, cerrando nuevos negocios, el próximo pelotazo,
planificando entre copas de Chivas Reserva o Cava del más caro, la
posible tala parcial de este palmeral, la nueva construcción millonaria
de Riu Hoteles, en el mismo lugar donde murió el pobre Daniel, en ese
paraje tranquilo que el viento arrulla, donde ahora siguen resistiendo
el embate de la miseria otros seres abandonados, que junto a este perro
solitario y triste conforman el paisaje de una tierra devastada.
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