Stille Nacht, heilige Nacht… un lazo navideño

Stille Nacht, heilige Nacht… un lazo navideño 

inSurgente

Mikel Arizaleta, traductor.- 

En  esa gran epopeya, colección de códices diversos, de leyendas, susurros,  reflexiones de gentes sobre ilusiones, esperanzas y dolores, que es lo que  llamamos Antiguo Testamento, nos encontramos con el libro de Job, de autor  desconocido, un libro de poesía reflexiva  humana sobre el mal en el mundo. La historia de un hombre, consciente de  que no ha cometido pecado, y que, sin embargo, se siente castigado por Dios por  sus malas acciones.

La  exposición está confeccionada por las reflexiones de Job, tres amigos de Job:  Elifaz de Temán, Bildad de Súa y Sofar de Naamat y Elihú.

Se  exponen tres teorías sobre los males que aquejan a Job: la teoría de los tres  amigos, la teoría de Job y la teoría de Elihú.

  • La teoría de los tres amigos es   en el fondo muy simple: Dios castiga el mal y premia el bien, luego Job, que   sufre horriblemente es que ha cometido pecados horribles, que no los quiere   reconocer.

  • La teoría de Job es igual, la   misma que la de los tres amigos: Dios castiga el mal y premia el bien. Pero   con un añadido; a diferencia de los tres amigos, que le acusan de haber   pecado, Job niega que haya cometido pecado y lanza improperios contra Dios, y   le pregunta directamente que le conteste por qué hace eso con él s i no ha   cometido cosas inicuas.
  • La teoría de Elihú es   razonamiento divino, preparación a la intervención de Dios: Se equivocan   quienes, como los anteriores,    creen que todo sufrimiento es castigo divino, quienes creen que Dios   premia lo bueno y castiga lo malo. Además la argumentación de los tres amigos   es canallesca, hablan como si hablaran por boca de Dios, como si sus   razonamientos fueran razonamientos divinos. Son palabra de hombre y presumen   ser palabra de Dios. ¿Qué sabe el hombre de Dios? ¿A qué viene esas preguntas   de Job a Dios, sus interpelaciones de enano y poca cosa ante todo un creador   del mundo? ¿Quién es él para exigir responsabilidades a   Dios?
En el fondo  subyace la vetusta teoría: 

Que se nos viene repitiendo en prédicas y discursos de  amenaza y obispos: ¿Qué se puede esperar de un mundo que ha dado la espalda a  Dios? Maldad y desastre es su vaticinio. 

Vieja teoría que rezuma y apunta ya en  la leyenda del pecado original, en la torre de Babel y en tantos y tantos  relatos bíblicos: la del hombre que quiso ser como Dios y fue su perdición. La  mera pregunta o exigencia a Dios es ya engreimiento humano, todo interrogante  lanzado a él es ya rebelión indigna: ¿Quién es el hombre para interrogar a  Dios?

¡Silencio en la noche sagrada, calle el  hombre, habla Dios! Dios los creó a su imagen pero sumisos,  corvados. Así los quiere Dios. El dolor  como pecado y también como camino de purificación, de acercamiento a  Dios.

Los curas, obispos y papas, comerciales  de Dios en la tierra, anunciando la nada del hombre, la adoración de Dios en  este valle de lágrimas, que es la tierra.  ¿Qué sabrán estos de  Dios?

¡Cállese el hombre que habla Dios!, es  el viejo mensaje de los voceros del poder, de antes y ahora, que quieren que el  hombre siga sumiso en esta tierra de su cortijo. Predican sus intereses con lazo  divino de Navidad.

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