Somonte: la dignidad en marcha (II)
Cada día recibo y leo decenas de correos y artículos que nos explican
y denuncian aquello que nos está siendo robado o ya fue robado casi
sin que nos diéramos cuenta. Cada día o cada dos días las protestas
llenan las calles, pero sin conseguir que al estado le tiemble un pelo, o
al menos se modere en su desaforado expolio. Poco a poco pero sin pausa
el robo se ha consumado, mientras atontados en las luces de colores de
los escaparates y la cultura del espectáculo cotidiano vagábamos en
tierras de la subjetividad cruzada cada vez más por la estupidez y la
inercia que el discurso oficial potencia. Demasiado tiempo vagando en el
vasto desierto de la sentimentalidad y del yo. Una droga dura como
pocas. Es verdad que no es fácil detener la maquinaria depredadora del
capitalismo. Menos aún si uno tiene salidas para seguir consumiendo la
estupidez del sistema. Simbólica o real. En la cultura o en el
supermercado, que son ya más o menos lo mismo. Y al estado ladrón no le
tiembla un pelo porque los mecanismos de control ciudadano sobre los que
administran lo público no existen. El ciudadano sólo puede salir a la
calle, encontrarse con las vallas, los palos de la policía y la cárcel
como respuesta estatal.
La justicia no sirve ni para protestar una multa. Y protestar una
multa también cuesta dinero. Por eso, sólo se podrá detener y destruir
la maquinaria depredadora con unidad y organización.
La voz en el viento
no es suficiente, esa voz debe transformarse en una voz capaz de
hacerse oír unitariamente y debe ser capaz de poner en pie alternativas
de vida diferentes, autogestionarias y eficaces.
Sanidad, educación, tierras, trabajo, vivienda, son robados día tras
día con la excusa de una crisis que no es más que la expropiación de los
derechos ciudadanos para engordar las arcas de la especulación y la
estafa. Esto es el capitalismo y esto es la cara lavada y sin
maquillaje del sistema en que vivimos. Y la relación entre cada lucha se
hace imprescindible. Porque cada derecho cercenado forma parte de un
retroceso que el capitalismo no puede sino producir. Mientras las luchas
sigan dándose parcialmente seguirá en la UCI, pero seguirá depredando.
Es verdad, hubo un tiempo en que desde el mantel caían unas migajas
para la extensa clase media y hasta para la aristocracia obrera de una
Europa que había colonizado el mundo y esas migajas taparon el horizonte
y hasta el sol.
Fueron años donde el neoliberalismo impuso el olvido
del internacionalismo de clase, donde los hermanos trabajadores veían a
los pobres venidos desde el Estrecho o desde el Atlántico como
competidores y no como hermanos de clase, como oprimidos y explotados
por los dueños del poder. La dialéctica de la colonización se cumplió
sin pausa. Ya decía Fanon hace tanto tiempo que es necesario
descolonizar al colonizado y también descolonizar al colonizador.
Colonizadores que a su vez fueron colonizados y creyeron que la
subordinación permitiría que las migajas cayeran indefinidamente desde
un mantel manchado de sangre. Las migajas coloniales permitieron grandes
olvidos, enormes complicidades. Y dentro de los países colonizados las
migajas alimentaron a las burguesías locales cómplices del exterminio
necesario para poder someter al pueblo a las políticas del
neoliberalismo. América, Africa y Asia sufrieron terribles carnicerías
en nombre de la colonización y la desaforada política extractiva del
imperio.
En este contexto quiero situar a lo que es hoy el nacimiento de una
vanguardia de clase. Y que vuelve a poner el dedo en la antigua llaga
de la postergada reforma agraria de España, en donde la tierra sigue
estando en manos de unos pocos para mal de muchos. Esa reforma agraria
que si bien sería una reforma propia de la revolución burguesa, fue
también postergada porque aquí todavía vivimos y sufrimos una monarquía
–una metástasis más del canceroso estado capitalista- con la evidente
concentración de capital derivada de aquella partición territorial
hecha por y para una clase parásita, que sigue robando y parasitando.
Dueña de empresas, tierras, bancos y derechos, esa clase colonizadora no
sólo colonizó América, Asia y Africa, colonizó, explotó y explota su
propia tierra y la destruye.
Y si, hablo de vanguardia de clase, de autogestión y nuevos métodos
de lucha, capaces de situar los derechos expropiados por la clase
dominante juntos y dar la lucha de manera unitaria, de manera
internacionalista, de manera activa y conciente de que el desastre no se
resolverá por sectores, porque el desastre se llama sistema capitalista
de producción. Y esta vanguardia obrera que hoy está mostrando cómo
avanzar colectivamente necesita que todos y todas la apoyemos y seamos
capaces de aprender a generar nuevas formas de funcionamiento y
resistencia.
Esa vanguardia se está gestando en toda España y el mundo. Son
resistencias activas, organizadas y con nuevas formas de autogobierno y
autogestión económica y social . Desde los Sin tierra de Brasil, las
cooperativas argentinas, las fábricas recuperadas y gestionadas de
manera colectiva, los movimientos sociales por la soberanía nacional,
por la soberanía alimentaria, los diversos frentes del zapatismo, y
otras muchas formas de resistencia que cada día se extienden, se
profundizan y van gestando un gran frente antiimperialista.
Que es
decir anti- depredador, contra el capitalismo financiero y militar que
asola el planeta.
Marinaleda, Somonte, las Turquillas son parte de este camino, un
nuevo –y antiguo- sentido de lucha social e internacional.
Lucha de
clase, organización de clase, unidad de clase contra el robo del derecho
a la vida. La tierra y el derecho a trabajarla y cuidarla para vivir
con dignidad, son el eje del camino emprendido por las mujeres y los
hombre que forman el Sat.
Un sindicato que defiende la dignidad de los
trabajadores y trabajadoras y que por eso es constantemente
criminalizado, perseguido, multado y encarcelado.
El estado delincuente y apropiador necesita la violencia para
imponer sus leyes. Un estado que se hace llamar estado democrático,
estado de derecho, pero utiliza la violencia y la ilegalidad para
castigar al SAT con multas y cárcel, en nombre de un derecho a todas
luces anticonstitucional. Incluso la deficitaria constitución del 78
defiende el derecho al trabajo y a la vivienda. ¿Entonces en nombre de
qué leyes se puede juzgar a aquellos que defienden este derecho?
Es también bajo la luz de la legalidad constitucional donde las
acciones del SAT pueden ser defendidas y expandidas. Es bajo la luz de
la legalidad constitucional donde los banqueros, terratenientes y
grandes empresarios deben ser juzgados por robo y vaciamiento de las
arcas públicas y destrucción de los recursos naturales y económicos del
país y del mundo. No podemos olvidar la relación entre los dos puntos
del arco: se criminaliza a los trabajadores y trabajadoras mientras se
roba a través de los bancos y las empresas todo el patrimonio colectivo
(escuelas, hospitales, universidades, jubilaciones, tierra, salarios,
derecho a la justicia, etc. ) y se financia a una clase parásita que
además ha colocado como ministro de defensa al representante de la
empresa armamentística implicada en guerras de criminales en medio
oriente y en África y en cuanto golpe de estado y conspiración
antidemocrática se haya producido en América Latina.
Por eso, incluso dentro de esta legalidad constitucional –pobre,
limitada y monárquica como es la constitución del 78- del sistema
debemos exigir que la justicia se ejerza contra aquellos que atentan
contra nuestros derechos básicos. Aquellos que cada día promulgan un
decreto ley que restringe cada vez más el derecho constitucional.
Aquellos que votan el robo de la jubilación a nuestros ancianos,
aquellos que recortan la salud y la educación para embolsarse el dinero a
través de operaciones de ingeniería mafiosa, aquellos que multan a
quienes han sido capaces de ejercitar otra legalidad y demostrar que el
emperador está desnudo y que el estado capitalista sólo es una empresa
mafiosa. Peligrosamente ilegal y depredadora.
Retomo la urgente necesidad de unificar las luchas, de comprender que
es una misma lucha contra el sistema y es urgente organizarnos para
defender y sostener hasta el final esta lucha, porque la dignidad ya
está en marcha y “esta humanidad ha dicho basta y ha echado a
andar”.
Y escuchemos, para aprender y solidarizarnos activamente con una lucha que es nuestra:
Voces de Somonte.
Testimonio de M. , mujer jornalera y miembro del SAT.
Yo no conocía Somonte, pero siempre fui jornalera y en nuestras
asambleas hablábamos de la ocupación simbólica de tal o tal finca para
poder trabajar. Soy del Sindicato andaluz de trabajadores (SAT) ,
primero fui del SOC (Sindicato de obreros del campo) que después pasó a
ser el SAT.
En la asamblea se decidió que se iba a ocupar simbólicamente esta
finca, y a la gente de la parte de Córdoba nos tocó venir a ver cómo
estaba, cómo era el panorama de esta finca porque no sabíamos en que
condiciones estaba.
Vinimos a finales de febrero por primera vez; el camino se hizo
eterno, no conocíamos el camino, no veíamos adónde estaba la casa y
deseábamos llegar alguna vez. Cuando por fin llegamos, hicimos fotos y
supimos cómo era la finca. Nos fuimos, pero volvimos.
Yo nací en Córdoba, soy de capital, pero ahora soy más de campo que
un chaparro. Y así fue, se decidió en asamblea que el 4 de marzo se
ocupaba, vinimos simbólicamente pero como ya estábamos hartos de
simbolismos, decidimos que nos quedábamos. En ese momento vine con mi
marido, con un grupo de gente de Córdoba y con la familia de un
compañero del Sat de Palma del Río que falleció unos días antes, pero la
familia se quedó con nosotros. Así nos quedamos. Y desde el primer día
estuvimos muy a gusto. Éramos 20 personas. (*)
Al poco tiempo a mí me salió trabajo en el campo y tuve
que irme a trabajar. Fue entonces cuando vinieron a desalojarnos. Nos
mandaron más de doscientos antidisturbios, un gasto muy grande, un
gasto que además pagamos nosotros. En Somonte sólo estaban veinte
personas.
Yo llamé por teléfono y recuerdo que escuchaba los
golpes a la puerta, las patadas, los gritos de la gente que pedía
respeto. A las 6 de la mañana de ese día ya me había levantado para ir
atrabajar cuando llamé y escuché las voces que decían “Darnos 10
minutos, por favor, 10 minutos”, las patadas, los gritos y la gente
diciendo “Diez minutos, que la gente está acostada…” y los gritos de “a
la calle”. Yo entiendo que con un desalojo la adrenalina y los nervios
estaban a mil.
Corrí a la casa de una vecina que tenía la hija, una chiquilla de 19
años allí, en Somonte y llamamos otra vez. Es peor a veces escuchar que
estar allí, decía, porque los estaban desalojando a todos.
A las 6.30 de la mañana, cuando todavía estaban dormidos, llegaron
montones de furgones y coches de la policía y los echaron como perros a
la calle. Los empujaron hasta la carretera.
Ese mismo día estuvimos todo el día en la carretera, en la parte baja
de la carretera y a las 12 y media dijimos que ya era otro día y
volvimos a ocupar la finca y entonces abrimos todas las naves. Abrimos
las naves que habían estado cerradas hasta ese momento. Sólo habíamos
habilitado la casa, que era lo que más necesitábamos. Dormíamos en el
suelo, en colchones, con frío porque aquí marzo es frío. Teníamos poquitos sacos de la gente amiga y del sindicato para abrigarnos, pero igual pasamos mucho frío.
Además hemos sufrido mucha represión, miles de multas y detenidos.
Cada día hay multas y detenidos. Nos quieren frenar con tantas multas,
pero somos un sindicato normal y corriente, que sólo quiere que la gente
pueda trabajar la tierra y vivir con dignidad, que no haya tanta
injusticia con la gente trabajadora.
Las multas, no se exactamente a cuánto ascienden, pero piden años de
cárcel y más de cuatrocientos mil euros a la gente que está a la cabeza
del SAT. A Cañamero, a Gordillo, a Lola, y con la ocupación de la finca
de las Turquillas ha pasado más de lo mismo.
La única manera de acabar con esto es luchar, seguir luchando por la
justicia. Por eso es importante el apoyo de toda la gente, de ustedes,
de toda España y del mundo. La gente que viene a vernos nos ayuda,
porque aquí el día a día es duro, a veces nos venimos abajo, no es
fácil. Pero la gente que estamos aquí, es porque nos lo creemos. Otro
mundo es posible y eso es lo que creemos.
Somos veinticinco personas fijas. En un día normal, se reparten los
trabajos y cada quien sabe lo que tiene que hacer. Yo antes ayudaba a
una compañera a cocinar. Ella se fue y ahora llevo yo la cocina,
atiendo, lavo y cuando hay mercadillo voy al huerto a recoger y ayudo
con las cajas. Todos hacemos de todo. Hay mucho trabajo. Y todo se
decide en asamblea.
Desde que nos levantamos, a las 7.30, ya está el
trabajo repartido entre el campo y la casa. Hay que limpiar la casa,
las naves, o hay que recoger pimiento o lo que haya en la huerta.
Trabajamos de 7.30 a 2 de la tarde y de 3 a 5, porque a las seis ya
es de noche. Por eso hemos quitado la siesta, hay mucho trabajo y no hay
tiempo. En verano es diferente porque hace mucho calor, hemos tenido
días de 50 grados, pero este invierno será duro y hay que prepararse
porque hace mucho frío .
Yo estoy aquí por mí y por mi hijo, que tiene 17 años. La situación
económica es muy mala. Siempre he estado luchando y trabajando, pero la
situación económica en mi casa era insostenible y lo he dejado todo. Y
cuando digo todo, es todo.
En mi casa no había nada, absolutamente nada. Ahora mi hijo está con mi hermana le da de comer mi hermana y si yo estuviera allí serían dos bocas;
estando aquí me han cortado la luz tres veces por no poder pagarla.
Tengo un recibo de alquiler de 36 euros y no lo podía pagar sin tener
trabajo, estuve a punto de ser desahuciada en el 2011, todavía con el
gobierno de Zapatero. Frené el desahucio gracias a la ayuda del SAT
–hicimos una rifa, una colecta- pude pagar, pero todavía tengo una deuda
de 108 euros y tengo que pagar sí o sí.
Soy jornalera y me siento orgullosa de ser jornalera. Es un trabajo
duro, bonito y digno. Siempre he trabajado en el campo, porque el campo
no tiene puertas y me siento libre trabajando en el campo, trabajando
para nosotros, no para ningún hijo de puta, no tener que aguantar –eso
ponlo en letras grandes- NO TENER QUE AGUANTAR A NINGÚN HIJO DE PUTA Y
VIVIR DE UN JORNAL QUE ES NUESTRO.
EL CAMPO ES LIBRE AUNQUE ALGUNOS LE QUIERAN PONER PUERTAS.
Cuando esto salga adelante me gustaría poder vivir de un jornal
digno, nuestro. Va a costar echarlo a andar. No es un huevo que se ponga
a freír.
Tengo claro que si nos echan de aquí, volveremos. Sola no, sola nadie hace nada, por eso estamos juntos.
No sé cómo la gente en mi misma situación y en la situación del resto
de mis compañeros, no dan el paso y dicen Basta. A veces pienso que son
sumisos o nunca han luchado, o nunca van a luchar. A ellos les hablo,
para que despierten.
Continúa…
* (Hay que aclarar que el 5 de marzo la Junta de Andalucía tenía
previsto vender –privatizar- estas tierras que son públicas, y que la
venta tiene un marcado carácter ilegal y fraudulento. )
Comentarios
Publicar un comentario