Los tambores de la CUP
La legislación electoral vigente está impidiendo que la mayoría de la
población acceda con facilidad a la campaña de la Candidatura de Unitat
Popular (CUP). Como no tiene representación en el Parlament, sus
mensajes audiovisuales no pueden ser percibidos por los medios de
comunicación de gran audiencia, como los canales de televisión y las
grandes cadenas de radio.
La CUP se tiene que mover en las catacumbas, que es propio y
tradicional de los inicios de los movimientos revolucionarios que han
surgido a lo largo de la historia. Al principio, han sido minoritarios y
luego, algunos, con suerte, sangre, sudor y lágrimas, han conseguido la
hegemonía o, como mínimo, han logrado cambiar el 'status quo', una vez
que el 'establishment' ha asumido que no podía seguir ninguneando o
combatiendo si no quería ser barrido con violencia de la historia. Se
antojan las gentes de la CUP aquellas órdenes mendicantes que se
rebelaron, hartas de la corrupción, opulencia e ignominia, de las
jerarquías eclesiales católicas a finales de la edad media.
Con mucho predicamento en zonas rurales de la Catalunya más
'catalana', pero también muy implantada en los depauperados barrios de
clase media de la Barcelona metropolitana, los seguidores y militantes
de la CUP huelen a Pedraforca, a piercing, a tractor, a camiseta
coloreada de manga corta, a kufiya, a 'vella chiruca'.
Los torrentes de indignación que desembocaron el 15 de mayo del 2011
en la plaza de Catalunya y han semidesaparecido durante estos meses
tendrán la ocasión de resurgir en forma de votos el próximo domingo y,
muy buena parte de ellos, se expresarán en papeletas a favor de la CUP.
Su gente ha empezado la campaña muy tarde. Porque la CUP es eso:
juventud, improvisación, asamblearismo y también humildad para la
autocrítica. Y los sismógrafos de las encuestas periodísticas no han
detectado este deslizamiento de tierras izquierdistas hasta hace muy
poco. Pero si, como sentencian los expertos demoscópicos, lo importante
no es la foto en un momento dado sino la tendencia, la CUP puede
convertirse en la gran revelación del 25-N, aunque los medios de
comunicación no le presten demasiada atención.
Hay muchos pertinaces abstencionistas, votantes en blanco, electores
que se dedicaban a depositar papeletas con insultos para aliviarse, que
pueden respaldar el próximo domingo a los 'outsiders' de la CUP (unidad
popular se traduce en euskera por 'herri batasuna').
"No son políticos"
Porque sus candidatos son distintos a los demás políticos, en opinión
de los desencantados de la política que han maniefstado que les
votarán. Mejor dicho, no porque sean distintos, sino porque ellos "no
son políticos". No son jóvenes --y no tan jóvenes-- que se han apuntado a
un partido para ser de profesión político, como algunos veintiañeros
recién licenciados que ya son diputados o concejales de los partidos de
siempre. Para la gente de la CUP, la política es una vocación, no una
profesión. Y así lo están percibiendo muchos desencantados de ERC, SI e
ICV-EUiA, que ven a los representantes de tres formaciones, apoltronados
y encadenados al y por el 'sistema'. La CUP ha desempolvado sin
complejos el marxismo y el internacionalismo. Y habla más que ERC de los
ancestrales Països Catalans.
Los electos de la CUP --eso confían sus votantes-- no viajarán, como
aquellos republicanos y ecosocialistas del tripartito, en un Audi
blindado con televisión y reposapiés de piel. Al menos, eso es lo que
aseguran ahora. La CUP suena a renovación, a monitor de esplai, a casa
'okupada', a huerto urbano, a asamblea, a salacot de Eudald Carbonell.
Su gente no entra dentro del tópico antidemocrático “todos los políticos
son iguales”. Y huelen a fuego de leña y a hierba mojada, pero también
están muy presentes en las redes sociales de las nuevas tecnologías; la
palabra CUP apareció más en Twitter que Ciutadans, SI y PPC durante y
después del debate de TV-3.
Los dirigentes de ERC, ICV y SI han detectado que algo se mueve bajo
sus pies, que hay una corriente sumergida que lleva otra sigla, CUP, y
que puede empañar, a última hora, sus respectivos buenos augurios. Están
preocupados, porque, aun en el caso poco probable de que no obtenga
ningún escaño, la CUP arañará muchos votos a estas dos fuerzas vecinas.
'Atabalar' en la Ciutadella
Por eso se comprende que: primero, los medios de comunicación
privados más subvencionados por la Generalitat informen más de lo que
sería lógico de la CUP (cuánto más atomizado sea el voto de izquierdas,
más distancias conseguirá la derecha convergente de sus oponentes); y
segundo, Oriol Junqueras haya abandonado su bonhomía discursiva al
dirigirse a Artur Mas y se muestre en esta segunda parte de la campaña
mucho más agresivo y desconfiado en relación con las supuestas
intenciones soberanistas de CiU.
Sus videos son atractivos. Están realizados con esmero e imaginación.
Uno de ellos, sin embargo, es algo inquietante. Solo se oyen tambores,
de entre marcha militar y batucada. Evocan al timbaler del Bruc. Son los
'tabals' (timbales). Y 'tabal' es el origen etimológico del verbo
'atabalar' y del sustantivo 'tabalot'.
Si logran irrumpir en la Ciutadella, algo que cada día que pasa
parece más probable, los redobles de la CUP van a 'atabalar' a más de un
izquierdista acomodado y a no pocos conservadores pseudosoberanistas.
@afarrasc
De inSurgente
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