NI DIOS, NI PATRIA, NI REY.

NI DIOS, NI PATRIA, NI REY.

1.-No me gusta la confesionalidad mal disimulada del estado. Lo normal sería que la religión se quedara en la casa de cada uno. Que asumiéramos su enorme importancia en nuestra cultura, que valorásemos la aportación del cristianismo a la contención de los instintos más salvajes de la especie. La culpa, el pecado, la conciencia, son todos valores que tienen que ver con ese gazpacho greco latino, judaico  y orientalista que se preparó para mejorar la condición humana y su propensión a la barbarie. Que más tarde volviese la bestia a hacer de las suyas en nombre precisamente de la cristiandad, es culpa de los hombres y mujeres que pueblan la tierra. Se quiere decir con esto que nos merece un gran respeto la religión y su aportación al mundo tal y como lo conocemos. Pero ya está. Ninguna de las íntimas convicciones que pertenecen al territorio de la fe debiera imponerse a los ciudadanos de la aldea. Ninguna apreciación sobre sexualidad, educación, moralidad o  estructura social y económica de la comunidad debiera tener públicamente más valor que el respeto al que lo dice. Y por doloroso que pueda ser para quien siente devoción a las figuras que ilustran la fe o la mitomanía, tendrán que respetar también nuestra indiferencia e incluso nuestro desprecio por la escayola o nuestro interés puramente artístico, sin más misticismo que el lírico,  por las  músicas, las pinturas, las poesías, la  filosofía  y las magníficas obras que en todas las disciplinas artísticas nos ha legado el sentimiento religioso de la humanidad. Que cada uno sea libre de creer en dios, en Buda o en los juncos de la ribera, pero que esa necesidad o gusto personal no se inmiscuya en la vida civil. Y si esas creencias se ponen muy estupendas y pretenden limitar la libertad de la gente, no sé; ablación de clítoris, aborto, persecución de la homosexualidad, que prevalezca siempre la razón  frente al sofisma de ultratumba...mas >>>

Comentarios