InSurGente llama al pueblo a rodear el Congreso
Cada vez son más los trabajadores de a pie que toman conciencia de que la crisis que padecemos, por más que digan los keynesianos, no tiene otra salida que no sea la propia salida del capitalismo. Asimismo, cada vez más gente comprende el papel desmovilizador y protector de la oligarquía del bipartidismo (PSOE-PP) y el bisindicalismo (CCOO-UGT).
Un nuevo fantasma, en forma de profundo odio anti-institucional, recorre los barrios y pueblos de todo el Estado. La población va tomando conciencia del rol que han jugado las instituciones políticas del Estado capitalista antes y durante la crisis, y del que jugará tras ella.
El deber de todo revolucionario es azuzar ese fantasma y darle coherencia política. La gente ha de comprender que el Congreso le fue sustraído al pueblo por los fascistas en el 36, y que desde entonces no ha vuelto a sus manos. Que no vivimos en una democracia burguesa, sino en un régimen de contrarrevolución preventiva que, bajo la acusación sempiterna de “terrorismo”, reprime toda oposición que le resulte preocupante.
El deber de todo revolucionario, además de asistir al 25-S, es recordar que el 25-S no es suficiente. Que no basta con rodear el Congreso de forma simbólica. Que, para cambiar las cosas, cuando tengamos la fuerza suficiente habrá que rodear el Congreso de forma literal. Que la revolución no se hace con sentadas y manifestaciones, y ni siquiera con huelgas (aunque todas estas demostraciones de fuerza sean necesarias), sino acumulando contrapoder popular hasta el punto en el que superen y derroten la capacidad del Estado capitalista. ¿Podría el Che Guevara haber hecho la revolución cubana sin una fuerza material capaz de dar cuerpo real a sus ideas emancipadoras?
Ahora bien, para todo ello, un revolucionario debe estar allí, con la gente. Tanto en el 25-S, como en el 15-M, como en las asambleas barriales que han ido surgiendo. Donde no debe estar un revolucionario, salvo para perder el tiempo, es haciendo “entrismo” en las estructuras de poder articuladas por el sistema para desviar y contener la lucha popular, como sus sindicatos amarillos y sus partidos keynesianos (en la teoría, aunque “recortadores” en la práctica). Pero el 25-S, como el 15-M, son movilizaciones espontáneas de la gente, del pueblo trabajador realmente existente, y por tanto todavía terreno virgen para hacer un trabajo político de masas. ¿Se les debe señalar por el dedo por no ser marxistas-leninistas y revolucionarios desde el primer día? ¿Esa es la labor política de un revolucionario frente a los movimientos sociales y populares?
Desde Insurgente queremos desmarcarnos rotundamente de las esperpénticas teorías de la conspiración que se vienen sucediendo en los últimos meses. La convocatoria del 25-S frente al Parlamento andaluz por parte del SAT, uno de los sindicatos obreros, nacionalistas y anticapitalistas más prestigiosos que existen, es sólo otra prueba más de que los conspiranoides mienten, por sectarismo teórico y refinada alergia al “populacho” real.
Cuando la Audiencia Nacional ha llamado a declarar a los organizadores del evento; cuando sindicalistas han sido detenidos por el mero hecho de portar un cartel convocando para el 25-S, nuestro deber político es la solidaridad con los convocantes, no señalarles con el dedo e inventarnos que son fascistas. Tampoco podemos caer en los métodos carrillistas de la Transición, advirtiendo de ruido de sables y golpe de Estado a la menor señal de movilización no controlada por las instituciones oficiales.
Si el 25-S las fuerzas del Estado capitalista reprimen a la población, a las víctimas de la crisis que protestan contra los cómplices políticos de la oligarquía financiera, Insurgente estará del lado de la población y denunciará sin ambages la represión fascista de aparato de Estado heredero de Franco.
No nos cansaremos de gritarles aquello de que “PSOE y PP la misma mierda es”, y aquello otro de que “CCOO y UGT, sindicatos del poder”. El 25-S, ¡rodea el Congreso, dales donde más duele y señala sin complejos al poder político como el objetivo de todo movimiento revolucionario! Y el 26-S, a la huelga. Y el 27-S, y todos los días siguientes, a crear poder popular en los barrios.
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