Lanzamiento en la CUT del libro de Guillermo Rodríguez
El balance del MIR en voz de un militante histórico
“Confieso yo, que siendo
militante del MIR, a mi regreso me integré a la Resistencia Popular y recibí la
tarea privilegiada de aportar en un frente concreto: la lucha armada. Y para mi
propio orgullo, mi Partido me destinó a la vanguardia del pueblo, a las
milicias de la Resistencia. Porque para la Resistencia está claro que la
dictadura se sostiene apoyada sólo en el poder de las armas de las Fuerzas
Armadas. Y es por eso que luchamos por desarrollar una fuerza popular, que sea
social, política y militar, porque sabemos que sólo construyendo el ejército de
la Resistencia, superior al de las FFAA, lograremos derrocar a la dictadura. Es
por ello que elegimos desarrollar la guerra revolucionaria, porque ello nos
permite luchar en todos los frentes. Legal y clandestino.
Con la propaganda y
las armas. Porque mediante la guerra revolucionaria vamos desarrollando, en
pequeños combates, nuestras fuerzas para ir alcanzando el desarrollo de muchas
fuerzas, uniendo al pueblo, organizándolo para que luche hoy por sus derechos,
pero que se capacite, al mismo tiempo, para los combates decisivos. Me declaro
culpable de ser un miliciano y de estar absolutamente convencido que sólo la
guerra del pueblo nos hará libres. A ello me dediqué el escaso tiempo que
permanecí libre en Chile.
Desarrollando las milicias populares, que no son otra
cosa que grupos de obreros, estudiantes, campesinos, jóvenes y adultos, hombres
y mujeres, que toman las armas para hacer efectivo el derecho a rebelión”
Escrito por Guillermo Rodríguez
hace 30 años, en el contexto de su defensa ante el Consejo de Guerra de la
dictadura pinochetista en Chile que se le seguía por luchar en la Resistencia
Popular como militante del MIR.
El Movimiento de Izquierda
Revolucionaria chileno, MIR, entre 1965 y 1973 fue sinónimo de edificación de
poder popular, acción directa, reivindicación de la lucha armada, guevarismo
(en su clave anticapitalista y antiimperialista a la vez), crítica resuelta al
reformismo de las izquierdas tradicionales de la época, y la definición de los
pobres del campo y la ciudad como sujetos de transformaciones profundas.
El MIR
fue, entre muchas cosas, la constelación orgánica de diversos grupos de
inspiración revolucionaria para la toma del poder y la construcción del
socialismo en Chile. En este caso, el precio de la rebeldía organizada fue
altísimo. Desde los primeros momentos de la dictadura militar, el MIR fue el
objetivo de exterminio prioritario del pinochetismo; es decir, del
gobierno golpista de la burguesía aliada al imperialismo norteamericano. Más de
700 militantes, hombres y mujeres, pagaron con su vida la convicción y la
práctica de la lucha más definitiva contra el capital. Miles fueron torturados,
miles fueron exiliados.
Guillermo Rodríguez es un
sobreviviente del MIR. Una autoridad ética incuestionable para el conjunto de
la izquierda chilena. A los 16 años ingresó al Movimiento de Izquierda
Revolucionaria; a los 19 era parte de la guardia personal del Presidente
Salvador Allende. Aportó a la formación del poder popular en el cordón
industrial Cerrillos-Maipú en los últimos tiempos de la Unidad Popular
Guillermo Rodríguez, el “Ronco” (por un envenenamiento que sufrió por
agentes del Estado que dañaron para siempre su garganta y capacidad vocal),
participó en la resistencia armada desde el mismo 11 de septiembre de 1973;
estuvo preso en el Estadio Nacional, y exiliado en Canadá desde donde regresó a
Chile a cumplir tareas partidarias como responsable de las milicias de
resistencia popular en Santiago. Luego sería hecho prisionero nuevamente.
Autor de la novela “Hacia el
final de la partida”, el jueves 13 de marzo, en la sede de la Central Unitaria
de Trabajadores –como una forma de homenajear al legendario forjador de la
unidad de los trabajadores chilenos, Clotario Blest- lanzó su último texto “De
las Brigadas Secundarias a los Condones Industriales”, un libro que retrata su
participación personal en el período más alto de la luchas de clases en Chile,
por un lado, y donde realiza un balance propio de la historia del MIR hasta el
golpe de Estado de 1973.
A salón repleto y con la
presencia de Manuel Vergara, padre de tres revolucionarios chilenos asesinados
por el Estado en sus luchas por la emancipación de los pobres, el texto fue
presentado por un compacto de panelistas significativamente pertinentes para el
evento.
LAS PREGUNTAS Y
LOS GRANDES TEMAS
En las intervenciones, el
profesor Marcelo Cornejo, a partir del libro realizó una serie de preguntas
desde los cuestionamientos actuales de la nuevas generaciones rebeldes del país
y en perspectiva de relevar las claves para la construcción de una organización
política de carácter revolucionario.
Por su parte, el historiador y
académico de la Universidad de Santiago, Igor Goicovic, planteó que el texto de
Guillermo Rodríguez propone temas que abrazan nuevas investigaciones en
profundidad sobre a aspectos ligados al Movimiento Campesino Revolucionario
(frente de masas del MIR en el mundo rural y mapuche); a la relación entre el
Partido, los frentes intermedios y los frentes de masas; a la
cotidianidad de la militancia revolucionaria y a los hitos de resistencia
armada ocurridos inmediatamente después del golpe. Asimismo se refirió al rol
de la vanguardia, la construcción de la fuerza social revolucionaria y al papel
que le toca a la violencia política en un proyecto revolucionario.
LOS PROBLEMAS POLÍTICO MILITARES
DEL MIR
Renato Betancurt, ex militante
del MIR, poeta, escritor, y amigo del autor realizó la siguiente
reflexión en torno al libro.
“A pesar del final sombrío, no
se trata de una crónica opresiva, ni desalentadora. Por el contrario, estamos ante
el despliegue de una historia humana que provoca entusiasmo y en cierto modo,
incredulidad, para quienes no vivieron esa época. (…) El libro también
despierta un vivo interés por cuestionar la realidad contada, particularmente
respecto de las efectivas posibilidades que tenía la mayoría del pueblo para
alcanzar el umbral de una sociedad mejor, justa, igualitaria, democrática y
revolucionaria.
(…) Quedan planteadas preguntas…sobre los aciertos y errores
del MIR. ¿Era posible que la mayoría del movimiento social avanzara en términos
de conciencia y organización hacia una coyuntura de generación real de un poder
alternativo al poder detentado por las clases dominantes? (…) ¿El problema
político militar fue enunciado e implementado correctamente por los revolucionarios
o se cayó, más bien, en unas concepción elitista, sin entender la necesidad de
la implementación extensa, urgente, amplia, política, desde una perspectiva
miliciana del pueblo en armas? ¿Acaso no jugó muchas veces en contra del avance
del pueblo en conciencia y organización la prevalencia de un modelo
conspirativo, aparatista y elitista, respecto de las tareas técnico-militares
entre los revolucionarios?
Otros temas candentes…dicen relación con la
democracia interna en la organización interna de los revolucionarios y acerca
de la capacidad democrática de estos para resolver diversas controversias
tácticas, e incluso de índole estratégica, lo cual podría ejemplificarse con la
no realización de un Congreso interno que arrojará luces respecto del desempeño
adecuado del período y permitiera una decisiva participación de la militancia
proveniente de los frentes de masas. Por otro lado, la generación de dirigentes
entre los revolucionarios, ¿Era efectivamente democrática y los criterios y
métodos empleados para elegirlos fueron, a la luz de los hechos y del tiempo,
los más adecuados y efectivos?
(…) El libro es un relato apasionado,
convocándonos no sólo a observar el pasado, sino que a pensarlo críticamente
con la finalidad de reiterar en los hechos la posibilidad de construir y
alcanzar un mundo mejor.
(…) Este libro es un alegato que alienta la necesidad
de volver a ser capaces de mirar la realidad con la intención de intervenir en
ella para modificarla.”
UNA MIRADA EN PROFUNDIDAD
Rafael Agacino, economista,
filósofo, y actual miembro del Colectivo de Trabajadores, sintetizó en un agudo
análisis, arrancando del texto, el decurso de las tramas profundas de la vida
del MIR.
“En el libro hay una relación
entre la epopeya, la épica y la tragedia. (…) Cuando uno termina el libro la
pregunta que surge es la relación entre la historia y mi biografía, pero
pensando en el futuro. El texto tiene 15 capítulos. Los tres primeros capítulos
pasan del Liceo, la Brigada Secundaria Mirista y la participación de Guillermo
en el Grupo Político Militar 1 (GPM 1). Si uno leyera desde atrás el texto, es
decir: capítulo 15, “El Estadio Nacional”; capítulo primero, “Liceo”; capítulo
14, “El 11 de septiembre en Maipú”; capítulo segundo, “Mi incorporación a la
Brigada Secundaria Mirista”; capítulo 13, “Día de incertidumbre”, después del
“tacnazo” del 29 de junio de 1973 (ensayo del golpe militar que fue aplacado).
(…) Si uno mirara el texto desde esa perspectiva, el libro es una transición de
desinserción de la vida juvenil del “Ronco” a la incorporación de un gran
proceso histórico que está discurriendo. Esa desinserción, ese alejamiento de
los amigos, ese comprender que en el deseo tengo que incorporarme a la lucha
política, y que la lucha política se funda en ética, y la ética exige
compromiso, y el compromiso significa un madurar forzado debido a ese
proceso histórico que llama. El año 1965, 67, hacia el año 1973 es para la
generación que hoy tiene 60 o 50 años, la desinserción de su juventud. (…) Es
lo que ocurre en las primeras acciones de resistencia en la comuna de Maipú,
cuando se escucha el borbardeo a La Moneda , y donde la infraestructura, las
comunicaciones, todo lo que tenía que estar dispuesto, no está. Y, por lo
tanto, hay que tomar decisiones sobre la marcha. Decisiones que significan
miedo, audacia para tratar de colocarse a la altura de los acontecimientos.
Decisiones que pueden ser erradas. Y esas indecisiones venían del momento de
incertidumbre que antes había provocado el “tacnazo”; el momento que, en realidad,
esta gran tendencia de constitución de sujeto que va abriendo camino, que
disputa espacios al poder burgués creando poder popular, por desinteligencia de
la política y de sus dirigentes, por ciertas capitulaciones que se hacen en
torno a ese día crucial y donde no se pasa a la ofensiva, parece provocar esa
inmovilización que nos deja en vilo al momento del golpe que ocurre pocos
meses después. (…) Los primeros capítulos del libro son la epopeya, son el MIR
que va creando política. No la epopeya ingenua.
Es la epopeya de generaciones
de jóvenes, de generaciones de viejos que van cuajando un proyecto y creando
política. Es la epopeya de aquellos momentos estelares de la lucha de clases en
que los sujetos populares, por primera vez, sienten que constituyen un
colectivo en el cual residen las posibilidades de abrir futuro y construir una
nueva sociedad. Es la epopeya de la posibilidad histórica. (…) Pero también hay
otro MIR. El MIR que queda en medio de un proceso inconcluso. El texto de
Guillermo termina en el capítulo 15, después que un teniente de la Fuerza Aérea
admite la posibilidad de que el “Ronco” comience “a cooperar”, a “hablar”. Es
el darse cuenta que ya la derrota de ese proceso, es total. Es el momento en
que esa gran lucha contra la patronal y la burguesía, se pierde. Y aquí
comienza otro MIR. El MIR que está muy presente en las generaciones
posteriores. Es el MIR de la tragedia, es el MIR que va desde “el MIR no se
asila” hasta el MIR que resiste, el MIR que sigue sobreviviendo, con la memoria
partida, trizada, que reclama justicia por nuestros muertos y por la impunidad
que recorre las calles hasta la actual sociedad. Es el MIR de los
sobrevivientes, que sobrevive con los ausentes, presentes. Es el MIR que
gatilla este sentimiento de haber estado anclado en un momento de la historia,
pero que fue derrotado. Y entonces surgen todas esas preguntas que nos dicen
“¿Por qué no ganamos? ¿Por qué fuimos derrotados?”. Ahí está, entonces el MIR
de la epopeya revolucionaria, y luego, el MIR de la tragedia. Uno podría
preguntarse que cuando la historia queda suspendida el 11 de septiembre de
1973, y uno se queda mirando largos minutos la bandera que se quema en La
Moneda incendiada, “¿Dónde estábamos nosotros?” Es el tiempo de Miguel
(Enríquez), dice Allende, yo me quedo en La Moneda ; soy consecuente con mi
espíritu republicano, defiendo la democracia y las prerrogativas de un Estado
democrático. Es absolutamente coherente, pero ¿Dónde estábamos nosotros que nos
preparamos infinitamente para ese momento, para el momento crucial cuando todo
se decide; donde todas las circunstancias históricas se nuclean en minutos,
donde de ahí para adelante se define un futuro de vida o un futuro de muerte? A
veces pienso que ese MIR trágico que llevamos en nosotros, aunque no lo
reconozcamos, tal vez sea simplemente una penitencia. Como no estuvimos cuando
debíamos estar, nos quedamos. Y nos quedamos con una épica fundante que
significa resistir y resistir. Es la moral de quedarse, de estar con el pueblo.
Pero no es la ética del MIR épico de ganar. Ahora es el MIR trágico. Son
nuestros muertos, presentes. Somos los sobrevivientes de una experiencia sobre
la cual no terminamos de ajustar cuentas aún.
Si uno mira esta historia, se
pregunta cuál es el lugar que hoy, personal y colectivamente, ocupamos. Creo
que aquí hay elementos de ruptura y de continuidad.
La continuidad está
asociada a un fundamento ético de la política; una percepción crítica de lo que
fue la construcción del socialismo; la idea de entender la política como entrega
personal donde juego mi espíritu y cuerpo; donde la consecuencia no es
una “epopéyica necrofílica”, sino más bien, la construcción moral de las
relaciones transparentes, humanas, comunitarias, que deben engendrar y
caracterizar la sociedad del futuro. Pero también hay ruptura. Porque la
epopeya del MIR, científica, política, racional, realista, que advierte los
peligros, ya no puede ser reproducida hoy en los mismos términos. Porque han
pasado más de 40 años, y este país cambió. Masas completas de campesinos han
dejado de existir. Segmentos de la clase obrera, como los ligados al carbón y
los portuarios, han desaparecido. Las clases medias son distintas. Nuestra
juventud tiene códigos diferentes. ¿Es que nosotros podemos dialogar con esta
realidad actual a través de la tragedia o la remembranza de esa epopeya? Una
gran fortaleza que tiene el texto del “Ronco” es que se puede comenzar a
escribir un balance histórico del MIR, que se demanda no sólo por los caídos,
sino porque el MIR siempre fue promesa radical de futuro.”
LAS PALABRAS DEL AUTOR
Finalmente, fue el propio
Guillermo Rodríguez quien selló el lanzamiento de su libro destacando los
objetivos del relato histórico y biográfico.
“Elegí la sede de la CUT para
presentar mis libro, porque, más allá de la mirada crítica que se pueda tener
de lo que hoy es la CUT , es y sigue siendo una instancia importante de los
trabajadores. (…) La historia de la experiencia del MIR antes y durante la
experiencia de la Unidad Popular puede haber sido resuelta en un balance
colectivo, pero eso ya no es posible. Yo decidí, entonces, “tirarme al agua”,
dar la cara, y con este texto, meterme a las patas de los caballos. Sobre todo
porque en este tiempo parece estar pasado de moda, estar desfasado cuando se
habla de historia. Yo escribí este libro porque “estoy pegado” con el pasado. Y
estoy pegado a compañeros que nos interpelan, nos preguntan, y uno va caminando
y en una esquina se los encuentra. Y se acuerda que allí hicimos un “punto”, y
que en esa calle levantó una barricada, y pasa por otra calle y se acuerda que
allí asesinaron a fulano. Y ocurre que en Chile, ya los perfiles de los
compañeros se van diluyendo, borrando, desapareciéndose para la historia del
pueblo. Aún van quedando algunos mitos.
En el mejor de los casos, se les
reconoce como “víctimas de la represión”, y se les despoja de sus ideas y de su
proyecto. Pero aquí está el “Guatón Renato”; esto es lo que decía “El Santo”. Y
como soy porfiado, he querido traer a través del relato a estos populáricos. No
me interesa traer aquí a los dirigentes, muchos de los cuales hoy son
renegados, grandes empresarios. Prefiero hablar de los que estábamos haciendo
la pega abajo, en la base, en la militancia. Uno está aburrido de leer la
historia contada por otros. Porque muchas veces se escribe sin relación a la
realidad que vivimos los que estábamos haciendo la construcción en
terreno. Estoy aburrido de que nos falsifiquen la historia, la mitifiquen, que
oculten pedazos vitales de esta historia. Porque hoy están escribiendo una
historia de la reconciliación, “masticable” por todo el mundo, donde no existe
la lucha de clases, ni violencia, ni sujetos populares. Y en esta historia
oficial, también ocurre que, por ejemplo se pone de “malo” a Pinochet,
encubriendo y lavando a toda una clase social, a toda la articulación social y
política que estuvo detrás del golpe de Estado. Por eso la actual idea de la
política está basada en “el arte de los consensos”, de “lo posible”, donde, en
realidad, se niega a la política como la síntesis de las contradicciones de
clase y sus expresiones. (…) Y además ha comenzado a surgir una historia sobre
los movimientos sociales, poniendo a un lado a los actores políticos, como si
fuera todo espontáneo. Importa rescatar los proyectos políticos.
También me
interesaba escribir este trabajo porque, a partir de las derrotas, las nuevas
generaciones de constructores comienzan a conocer la historia de manera
tergiversada y sin profundidad. (…) Estas visiones, para mí, son parte de una
operación de la clase dominante, a escala planetaria, para ahondar la derrota.
(…) ¿Quién puede negar la crisis ideológica que hoy vivimos? ¿Quién puede negar
los grados de confusión que hoy existe en la izquierda? ¿Quién puede negar la
dispersión en la que nos encontramos? ¿Quién puede negar que nos falta un
proyecto común que nos convoque a todos para golpear juntos? Hoy incluso, es
posible escuchar que la clase obrera ya no es la clase motriz de las
transformaciones, y que hay buscar otros sectores, cuando basta leer los
diarios nada más, para darse cuenta que son los trabajadores quienes están
empujando la lucha. Entonces yo decidí contar mi experiencia. Rescatar toda
esta historia, en el sentido de aquello que nos pueda servir para la
construcción hoy. La idea es aportar a cuestiones no resueltas, como la
edificación de un proyecto político, reconstruir fuerza social revolucionaria,
resolver el problema de identidad de clase, poner al pueblo al centro del
quehacer político y no a la “vanguardia”, a la “organización”, al “grupito”.
Atender las dinámicas del pueblo y su maduración. En fin, recoger lecciones de
la historia.
Estoy convencido que sí podemos
construir fuerza social revolucionaria, que sí podemos construir proyecto
propio, que no podemos contentarnos con sólo ser vagón de cola de los intereses
de otros sectores. Ya podemos decir que en Chile no hay burguesía progresista
alguna. (…) Nosotros, como pueblo, vamos a estar sometidos una y mil veces a la
contradicción que es fundamental: reforma o revolución. (…) Con mi libro quise
entregar “pistas” a los compañeros que construyen hoy. Y evoco las discusiones
que hubo al interior del MIR sobre cuestiones estratégicas. Que si la lucha
será a través de una insurrección, o guerra popular o guerra popular
prolongada. Temas que tienen que ver con el poder. (…) En el último tiempo
hemos venido escuchando a quienes dicen que el MIR era “pura pequeña
burguesía”. Otros dicen que estábamos “locos”. Otros declaran que, además
de locos, nos hicimos parte de la “cultura de la muerte”. Entonces también
escribo el libro para decir que estoy orgulloso de haber participado en el MIR.
Me siento orgulloso de haber sido parte de un pueblo en lucha. Y por eso este
libro relata a una generación “aperrada”, generosa, honesta, limpia, clara. Pero
muchos ensucian esa generación con su propio cambio personal. (…) Es la hora de
sembrar unidad y construir un pueblo en lucha.”
Andrés Figueroa Cornejo (Polo de Trabajador@s por el
Socialismo)
La obscena cara monarquica del capitalismo una portada:
-Hace 39 años: Una portada para la historia de la ignominia
Comentarios
Publicar un comentario