¿Qué hacer ante un sistema que agoniza?
1. Situación socio-económica.
La economía española agoniza. Se hunden
los sectores productivos. El Índice de Producción Industrial, que empezó
a presentar cifras negativas en el mes de noviembre, cayó más de un 10%
en tasa interanual en el mes de marzo. El consumo de cemento, como
indicador de la situación en la construcción, se situó en abril en
cifras de 1966 y cae a un ritmo del 41% anual.
El descalabro y la nacionalización de
BANKIA – que supondrán una aportación de fondos públicos, sólo por
ahora, de 23.000 millones de euros (8.000 millones de euros más de lo
que se ha recortado en salud y educación) – vienen a confirmar los
peores pronósticos acerca de la situación general de la banca española.
La nueva cifra del déficit público, el 8,9%, aleja cada vez más el
cumplimento de los objetivos exigidos por la UE y continuará
incrementándose con el trasvase de fondos públicos a la banca y el
desplome de la actividad económica y de las bases imponibles de los
tributos que recaudan el Estado y las CC.AA.
Los intereses que el Estado debe pagar
por la financiación de la deuda se sitúan desde hace semanas en cifras
superiores al 6%. La petición desesperada del Gobierno para que
intervenga el Banco Central Europeo, como ha venido haciendo en los
últimos meses, ha sido rechazada.
La Mesa del Congreso se ha negado a
tramitar la pregunta parlamentaria de AMAIUR que exigía que el Gobierno
hiciera público el nombre de los 50 principales acreedores del Estado
español. Se pone así en evidencia la complicidad del Parlamento para
ocultar la identidad de quienes están enriqueciéndose a manos llenas con
la deuda pública española y que con toda seguridad, entre otros,
incluye a los mismos banqueros “patriotas” que reclaman dinero público
para financiar sus bancos y empresas.
Es más que probable que ya se haya
decidido dejar al Estado español en caída libre. Ello supondría una
intervención que conllevaría un préstamo multimillonario del FMI y el
BCE a cambio de un nuevo y brutal plan de ajuste de reducción del gasto
público, a semejanza de lo ocurrido en Grecia, con despidos de
centenares de miles de empleadas públicas, recorte de las pensiones, de
la prestación por desempleo y venta masiva de recursos públicos. En las
grandes crisis los acreedores mandan.
El Gobierno Rajoy, igual que hizo el del
PSOE, intenta evitar la intervención que ya parece decidida, aplicando
“preventivamente” lo que los “mercados” le exigen: la liquidación de
derechos laborales y del sistema de protección social. Recortes, cierre
de servicios y privatizaciones complementarias son caras de la misma
moneda que suponen un monumental trasvase de recursos públicos a la
empresa privada, el desmantelamiento de todo lo público y la exclusión
de amplios sectores populares de la educación y la sanidad públicas.
Prosigue la masiva destrucción de empleo con cifras cada vez más
aterradoras de paro, que pronto llegarán a los seis millones, y
centenares de miles de personas sin derecho a subsidios, provocando
situaciones desesperadas en barrios y pueblos de todo el Estado.
La fuga de mas de 200.000 millones de
euros (cerca del 20% del PIB ) en menos de un año hacia lugares más
seguros para grandes capitalistas es un ejemplo brutal del “patriotismo”
de los capitalistas y de la utilidad de la libertad de movimientos de
capitales.
El horizonte socio-económico muestra que
estamos ante el estallido en el mismo centro del sistema de una
profunda crisis sistémica que viene de lejos. Y en donde los grandes
capitales, de la mano de su fracción dominante, la financiera, no
encuentran otra manera de aumentar la tasa de ganancia que utilizar a
corto plazo el mecanismo de la deuda pública, no tanto con la pretensión
de crear riqueza futura, sino para convulsiva y desesperadamente
apropiarse de toda la acumulada hasta ahora. Todo lo que exista y pueda
“liquidarse” debe pasar cuanto antes a la esfera financiera. Lo han
venido haciendo durante años aplicando la “deuda externa” a la periferia
“tercermundista”. Pero ahora esa periferia ha inundado, a modo de un
tsunami imparable, estados como el nuestro.
Todo esto transcurre, además, en medio
de una agudísima pelea interbancaria, a niveles estatal e internacional,
cuyo criterio para salir vencedor es disponer, precisamente, de
suficiente liquidez y estar libre de “activos tóxicos” para poder dar
crédito. En este contexto, con la fortaleza y estabilidad del euro sólo
se persigue garantizar el máximo de “retorno” seguro y aumentado de las
inversiones y préstamos que se realicen desde los capitales centrales
europeos, principalmente alemanes.
Una consecuencia mayor de la parálisis
del crédito es la propia parálisis de la actividad económica, pues
perversamente el capital financiero se ha constituido en “planificador”
de cualquier actividad productiva y de “consumo”.
2. Perspectivas políticas.
Ante un estado de cosas que se degrada
cada día y que -como sabemos- va a seguir imparable, es previsible que
se produzcan cambios políticos destinados a asegurar el mantenimiento de
las estructuras de poder y aplastar eventuales estallidos de revuelta
popular.
El hundimiento de las expectativas de
trabajo y de vida de millones de trabajadoras y trabajadores, que hasta
ahora se han creído que la situación se resolvería en plazo breve, y que
cada día que pasa comprueban que no hay salida, va a dar lugar a
situaciones sociales explosivas.
La salida de Grecia del euro en los
próximos meses hace prever que la insostenible situación del Estado
español, por sus dimensiones (su PIB es más del doble del de Irlanda,
Portugal y Grecia juntos), conduzca al capitalismo europeo a una
reconfiguración. Este proyecto llevaría a establecer una comunidad
económica restringida que incluiría a los estados y regiones con mayor
potencial económico y dejaría fuera al resto: a los PIIGS o a parte de
ellos Todo ello, manteniendo las fronteras políticas de los Estados para
asegurar mejor los mecanismos de represión.
La opción “blanda” de una vuelta del
PSOE al gobierno central con el apoyo de IU – como se ha producido en
Andalucía y Asturias – no sería aceptable para un capitalismo que
necesita el “puño de hierro” y que cuenta con menos maniobrabilidad para
hacer concesiones formales. Por el contrario, la comprobación de que
sus gobiernos llevan a cabo las mismas políticas contra las clases
populares, creará un caldo de cultivo adecuado para el desarrollo de
opciones de extrema derecha que mediante la mano dura garanticen el
“orden” para “salvar al país del caos y la bancarrota”, azuzando en todo
momento la división y conflictividad en el seno de las mismas capas
populares.
La historia demuestra qué es lo que hace
la burguesía en situaciones de crisis, cuando su supervivencia está en
juego y tiene que evitar a toda costa que la situación en la calle se le
vaya de las manos. Lo sucedido en Europa tras la crisis de 1929 y el
auge del fascismo –destinado a liquidar a la izquierda y al movimiento
obrero y eliminar todo tipo de libertades democráticas para crear
ejércitos de esclavos- no nos permite ingenuidad alguna. Las palabras
del presidente del eurogrupo, Jean Claude Juncker, no dejan lugar a
duda: “Sabemos exactamente lo que debemos hacer. Lo que no sabemos es
cómo salir reelegidos si lo hacemos”.
La opción está meridianamente clara. Si
el problema es la democracia parlamentaria, se la liquida en aras del
objetivo mayor: mantener las estructuras de poder. Y no son
especulaciones. Ya han impuesto presidentes de gobierno “tecnócratas”
designados por la UE y el FMI en Grecia e Italia. Un portaaviones de la
OTAN estuvo atracado frente a la Plaza el Comercio en Lisboa mientras se
decidía el resultado de la“Revolución de los Claveles” y está presente
la amenaza de un golpe de estado en Grecia. En cualquier caso, asistimos
a una profundización de la transformación de las mismas democracias
parlamentarias en verdaderos regímenes de contrarrevolución preventiva
donde hasta la acusación de terrorismo pierde progresivamente su
carácter selectivo. Se está produciendo, como preveíamos, la
aplicación de las leyes antiterroristas a sindicalistas, al movimiento
estudiantil y al movimiento popular, con peticiones de decenas de años
de cárcel y multas elevadísimas con las que pretenden estrangular todo
tipo de disidencia.
En el Estado español varias opciones
pueden estar sobre la mesa, en la perspectiva de salida de la UE y de
creación de un espacio económico integrado del que, obviamente, quedaría
fuera. En este escenario se intensificarían las tensiones centrífugas
encabezadas por las burguesías vasca y catalana, que dirigen sectores
industriales potentes y dinámicos y que no desearían quedar fuera del
nuevo espacio de negocio.
Estas tensiones, que ya están presentes,
junto a la probable intensificación de la movilización obrera y popular
en respuesta a los ataques a sus condiciones de trabajo y de vida,
exacerbarían el nacionalismo español más trasnochado y abonarían el
terreno a las evocadas “soluciones” de extrema derecha.
Un gobierno “tecnócrata”, como el de
Italia o Grecia, o de “concentración nacional” (como reiteradamente pide
“El País”), podría adoptar modalidad de República autoritaria o de
Monarquía, previa abdicación en Felipe. Lo que es seguro es que, en
cualquier caso, asumiría formas para, con el pretexto del Orden, la mano
dura, la “lucha contra la corrupción” o el consabido “salvar a España”,
imponer las medidas más brutales aplastando el movimiento obrero y
popular. De ello, sin duda, se habrá hablado en la reciente reunión del
muy secreto Club de Bildeberg, en el que, como es habitual, participan
además de la reina Sofía, dirigentes del PP y del PSOE especialmente
vinculados al núcleo duro “otanista” y en los que no falta Juan Luis
Cebrián, Consejero Delegado del Grupo PRISA
Si estas opciones son el producto del
pacto con las burguesías vasca y catalana, o bien las dirige también
contra ellas el sector más retrógrado del capitalismo español, son
incógnitas hoy por hoy imposibles de resolver. Por lo demás, la
posibilidad de que AMAIUR gane las próximas elecciones en la Comunidad
Autónoma Vasca, no hace más que echar más leña en la caldera
españolista, último reducto –como en otras etapas históricas- del
capitalismo más atrasado y más corrupto.
Lo que es evidente es que las
organizaciones revolucionarias debemos prepararnos para escenarios cuyas
formas pueden variar pero que serán esencialmente autoritarias. La
liquidación de derechos y libertades, aún tan raquíticos como los que
hoy tenemos, será la opción de una clase que no tiene otra salida que
intentar recuperar el crecimiento, haciendo producir a la clase obrera
en situaciones de miseria y esclavitud, concentrando empresas y capital y
acabando con la pequeña y mediana empresa.
Como ha sucedido con diferentes pueblos
en otras épocas de crisis económica profunda, la secular lucha por los
derechos nacionales se tiñe profundamente de rojo y el órdago es total.
La esperanza en la victoria de las organizaciones que en los diferentes
pueblos del Estado español defendemos el socialismo y los derechos
nacionales de los pueblos carece de fundamento si no enfrentamos de
forma coordinada el enemigo común.
La situación en el movimiento obrero y popular en el Estado español se caracteriza por lo siguiente:
- Salvo en Hego Euskal Herria y en Galicia, donde mayorías sindicales diferentes de CC.OO y UGT son capaces de convocar con éxito importantes huelgas generales, en el Estado español predomina la ausencia de perspectiva alternativa que lleva a la clase obrera a la pasividad y al sentimiento de impotencia ante el paro masivo y el deterioro de las condiciones de vida.
- No hay prácticamente resistencia obrera organizada en las grandes y medianas empresas ante la destrucción de empleo y la precarización de las condiciones de trabajo. Continúa el desprestigio de los dos sindicatos mayoritarios, sin que se produzca un crecimiento significativo de los sindicatos alternativos.
- Entre los sectores de la clase obrera más explotados: mujeres, emigrantes y jóvenes, predomina de forma abrumadora la ausencia de organización sindical, con excepciones, como la del recién creado Sindihogar, que agrupa a muchas inmigrantes del servicio domestico.
- Se agudiza la percepción por parte de amplios sectores de la ignominia de la corrupción política y empresarial, empezando por la Casa Real, y del expolio organizado desde los poderes públicos.
- El auge y la penetración social del discurso y de la actuación de organizaciones fascistas,
- Se están iniciando experiencias de coordinación de luchas, de ayuda mutua ante despidos o discriminaciones, o de oficinas de derechos sociales en barrios, con la colaboración de militantes del sindicalismo de clase y alternativo. No se trata de asesorar como en una gestoría, sino de implicar en una asamblea estable a muchas personas asalariadas precarias de pequeñas empresas o paradas en la recuperación de la solidaridad de clase.
- Se está produciendo una politización primaria en cada vez más sectores y una radicalización en las consignas del movimiento popular que se ha expresado en: las masivas manifestaciones de la Huelga General, en la manifestación del 15 de abril (sanidad, educación y servicios sociales), en las del 12M y en la huelga y manifestación de la huelga de enseñanza del pasado 22 de mayo, a pesar de la pasividad manifiesta de las burocracias sindicales.
3. ¿Qué hacer?
La complicidad de las direcciones de
CC.OO. y de UGT y de la dirección de IU con las políticas de los
gobiernos, aceptando los compromisos con la UE y colaborando en los
recortes como en Andalucía –y con toda seguridad en Asturias -no sólo
les inhabilita para constituirse en alternativa alguna, sino que
favorece el discurso dominante de que no hay salida por la izquierda y
abonan la penetración de discursos y opciones de extrema derecha.
Existe un evidente desfase entre el
grado de arraigo en el seno de nuestro pueblo de una alternativa
política revolucionaria para superar la crisis y, por otro lado, la
indignación y las importantes movilizaciones populares que esta crisis
ya ha provocado. No en vano, el nuevo escenario de potente movilización
popular abierto principalmente tras el 15M de 2011 y losperfiles
contradictorios que ha desarrollado, son resultado lógico de dos crisis
de carácter histórico. Por un lado, la que atraviesa el capitalismo, y
que, como ya hemos señalado, cada vez más se percibe como una crisis
sistémica generadora de una “guerra social” sin precedentes. Pero
también, de la persistencia de nuestra propia crisis como movimiento
comunista internacional, que abona los discursos de impotencia
reformistas, antiorganizacionales y de conciliación de clase que, en
parte, se dan dentro de ese movimiento popular.
Urge volcar todas las energías y
recursos de los que dispongamos para conseguir articular el sindicalismo
alternativo y el movimiento popular para que sean capaces de resistir y
erigir alternativas ante la brutal ofensiva en ciernes. La
deslegitimación del sistema que se extiende por amplios sectores obreros
-sobre todo los más jóvenes y precarios-, esa conciencia cada vez más
amplia de que no hay salida para millones de personas, hace posible que
una acción organizada, con ideas claras y perspectivas organizativas
unitarias, surgida desde dentro de los movimientos, se perciba como una
alternativa viable.
4. ¿Cómo y en qué dirección trabajar?
Conscientes de la gravedad de la
situación y del momento histórico que vivimos, Red Roja plantea la
necesidad de actuar de manera organizada para recuperar la democracia y
la política al servicio de los de abajo y con los de abajo. Ello supone:
1. Conseguir que los sectores más
conscientes y con una perspectiva política compartida, discutamos y
acordemos formas de trabajo que coincidan en objetivos y en los
instrumentos organizativos.
2. Potenciar las asambleas populares que
aglutinen y potencien las luchas obreras locales, el movimiento de
paradas, inmigrantes, el movimiento ciudadano por sus reivindicaciones
–incluida la
revitalización de las asociaciones
vecinales a través de la participación de sectores que desbanquen a las
actuales direcciones corrompidas– y la lucha contra la privatización y
el desmantelamiento de servicios sanitarios, educativos y de servicios
sociales públicos.
3. Desde ya, allí donde sea posible,
fomentar la creación de agrupaciones o comités populares de base contra
la crisis en centros de trabajo, estudio, de barrio,…como estructura de
poder embrionario popular que asegure la continuidad y la máxima
eficacia en las movilizaciones populares y el propio asamblearismo.
4. Promover la creación de Plataformas o
Coordinadoras contra la privatización de la sanidad y los recortes que
se coordinen con la Red Autogestionada Antiprivatización de la Sanidad
como estructura más eficaz para impedir que propuestas como las
“Plataformas en defensa de los servicios públicos” - promovidas por
PSOE, IU, CC.OO. y UGT cumplan su objetivo de desviar, integrar y
debilitar la lucha popular. De la misma forma, en educación, es preciso
apoyar las organizaciones y plataformas que identifican la esencia del
problema: los recortes están al servicio de la privatización y a la
misma han contribuido y contribuyen decididamente PSOE y PP y callan
CC.OO. y UGT. Apoyar decididamente la lucha contra los desahucios y por
la vivienda social, así como fomentar formas de autogestión y
autoorganización social que se propongan dar respuesta a las necesidades
populares más acuciantes.
5. Incidir específicamente dentro de las
organizaciones del sindicalismo de clase para impulsar y fortalecer los
planteamientos unitarios y de coordinación con el movimiento de
asambleas populares. En general, llevar a cabo todas las iniciativas a
nuestro alcance para promover la unidad entre el sindicalismo de clase y
el movimiento popular. Trabajar de forma continuada para buscar formas
de confluencia entre el sindicalismo de clase del conjunto del Estado
con el de Galicia y Hego Euskal Herria.
Todo ello con el objetivo de desarrollar
un movimiento político y social de resistencia y de lucha que plantee,
entre otros objetivos programáticos que ya son patrimonio unitario del
movimiento popular, la imperiosa necesidad de salir de la UE y del euro y
la construcción del poder popular1 que garantice la plena soberanía
sobre los recursos y sobre todos los aspectos de la organización social.
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