¡Váyase usted a la mierda


¡Váyase usted a la mierda

Mikel Arizaleta.- En mi charla semanal con Harald Martenstein le vi compungido y un tanto tristón:

Estaba de viaje, me dijo, me encontraba de pie en un andén en Uerdingen (Alemania). En Uerdingen no hay propiamente estación pero sí andén. Y quise fumar un cigarro, como hago de vez en cuando. Pues sí, me tomé esa libertad, y la libertad es mi tema favorito.

En el andén no había marcado ghetto alguno para fumadores, con esto no quiero hacer comparaciones históricas improcedentes, ni tampoco critico las medidas represivas contra la salud. Nada de eso. Digo de modo absolutamente objetivo y descriptivo que no había un ghetto marcado en amarillo. ¿Se puede decir, no? Al menos yo no lo vi.

Me fui andando hasta un extremo del andén. Lejos. En total aguardaban al tren como unas seis personas. Una pareja vino hacia mí, distaba de ellos unos 100 metros. Se pararon en frente y me dijeron: “Usted no puede fumar aquí. Usted nos molesta”. Si hay gente que tiene que recorrer 100 metros por sentirse molestada y agobiada hay que decir que esa gente es muy drogata, necesita ayuda médica por su dependencia.

Una vez estaba hospedado en un hotel ecologista. Para esas ocasiones llevo el cigarro electrónico. Que ni humea ni los perros drogatas son capaces de detectarlo. Aprendí que hay que ser amable con la gente, love buys love, el amor granjea amor. El tiempo era espléndido y yo estaba en mi cuarto frente a la ventana abierta de par en par con mi cigarro electrónico en la boca. Abajo, en el jardín del hotel, un hombre pequeño y rechoncho me miró. ¿Puedo decir que era pequeño y rechoncho o resulta cruel decirlo? Tampoco yo soy ni muy grande ni muy delgado. No me había vestido todavía la camisa cuando entró una mujer joven en mi habitación y me entregó una hoja de papel en la que se leía: “Su habitación es un cuarto para no fumadores, por lo que usted deberá abonar para la descontaminación la cantidad de 120€ por haber fumado en él”. Sólo pudo ser aquel pequeño rechoncho. ¡El muy c… ve fumar a un huésped de lejos y corre a recepción a chivarse! ¿He dicho ya que no hago comparaciones históricas improcedentes?

En mi opinión se toma en consideración a demasiados grupos y sensibilidades, …se es todo el día tan sensible, …tan comprensivo, …se tiene todo en tanta consideración que se ha montado una grandísima congestión sensiblista. Se quiere ser siempre amable. Y a alguien hay que poder mandarle de vez en cuando sencillamente al carajo.

Y le espetó Fernando Fernán Gómez:

"Sí señor, desgraciadamente soy una persona maleducada. No soy como usted. ¡Haga el favor de dejarme en paz! ¡Déjeme en paz! ¡Pues déjeme de admirar! ¡Váyase a la mierda, a la mierda!"

Tomado de inSurgente

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