Estaba
de viaje, me dijo, me encontraba de pie en un andén en Uerdingen
(Alemania). En Uerdingen no hay propiamente estación pero sí andén. Y
quise fumar un cigarro, como hago de vez en cuando. Pues sí, me tomé esa
libertad, y la libertad es mi tema favorito.
En el
andén no había marcado ghetto alguno para fumadores, con esto no quiero
hacer comparaciones históricas improcedentes, ni tampoco critico las
medidas represivas contra la salud. Nada de eso. Digo de modo
absolutamente objetivo y descriptivo que no había un ghetto marcado en
amarillo. ¿Se puede decir, no? Al menos yo no lo vi.
Me fui
andando hasta un extremo del andén. Lejos. En total aguardaban al tren
como unas seis personas. Una pareja vino hacia mí, distaba de ellos unos
100 metros. Se pararon en frente y me dijeron: “Usted no puede fumar
aquí. Usted nos molesta”. Si hay gente que tiene que recorrer 100 metros
por sentirse molestada y agobiada hay que decir que esa gente es muy
drogata, necesita ayuda médica por su dependencia.
Una vez
estaba hospedado en un hotel ecologista. Para esas ocasiones llevo el
cigarro electrónico. Que ni humea ni los perros drogatas son capaces de
detectarlo. Aprendí que hay que ser amable con la gente, love buys love,
el amor granjea amor. El tiempo era espléndido y yo estaba en mi cuarto
frente a la ventana abierta de par en par con mi cigarro electrónico en
la boca. Abajo, en el jardín del hotel, un hombre pequeño y rechoncho
me miró. ¿Puedo decir que era pequeño y rechoncho o resulta cruel
decirlo? Tampoco yo soy ni muy grande ni muy delgado. No me había
vestido todavía la camisa cuando entró una mujer joven en mi habitación y
me entregó una hoja de papel en la que se leía: “Su habitación es un
cuarto para no fumadores, por lo que usted deberá abonar para la
descontaminación la cantidad de 120€ por haber fumado en él”. Sólo pudo
ser aquel pequeño rechoncho. ¡El muy c… ve fumar a un huésped de lejos y
corre a recepción a chivarse! ¿He dicho ya que no hago comparaciones
históricas improcedentes?
En mi
opinión se toma en consideración a demasiados grupos y sensibilidades,
…se es todo el día tan sensible, …tan comprensivo, …se tiene todo en
tanta consideración que se ha montado una grandísima congestión
sensiblista. Se quiere ser siempre amable. Y a alguien hay que poder
mandarle de vez en cuando sencillamente al carajo.
Y le espetó Fernando Fernán Gómez:
"Sí
señor, desgraciadamente soy una persona maleducada. No soy como usted.
¡Haga el favor de dejarme en paz! ¡Déjeme en paz! ¡Pues déjeme de
admirar! ¡Váyase a la mierda, a la mierda!"
Tomado de inSurgente
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