Los progres
Pensaba
en ello mientras tomaba cuenta de la nómina progresista que se ha
manifestado en Madrid a favor del juez Garzón. Sé que al juez Garzón le
ha condenado una justicia en la que no puedo creer globalmente -y hago
las necesarias excepciones- por su afección a la línea política que
corresponda en un momento dado, pero lo cierto es que, aparte de su
posible narcisismo, a considerar muy seriamente como inhabilitante para
el ejercicio, ha inferido muy graves heridas a la moral pública. Su
reiterada y olímpica resistencia a considerar los casos de tortura en el
ámbito de los tribunales -de lo que han sufrido multitud de familias
vascas- le inhabilita para ocupar cualquier estrado. A este respecto me
sorprende su pertenencia al Comité contra la Tortura del Consejo de
Europa. Un sarcasmo. No me vale que la progresía hable de la lucha
antifranquista del juez. Es más, me repele que haya usado unos huesos
para mí sagrados a fin de alzarse, pienso, una plataforma iluminada.
La
memoria histórica exige más, mucho más que una excavación; demanda algo
parecido a una causa general contra el franquismo que sigue operando
contra miles de ciudadanos. Los «progres» han de ondear de otra forma la
bandera tricolor.
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