El pacto del euro y más allá

Entender la economía como crimen organizado


«La diferencia entre una democracia y una dictadura
es que una democracia votas primero y obedeces después;
en una dictadura no hace falta que pierdas el tiempo votando.»
Charles Bukowski 

En otros tiempos y en otras sociedades menos complejas, cuando un poderoso quería explotarte te ponía unos grilletes, te daba unos azotes, te mantenía a base de pan y agua, violaba a tu mujer e hijas y encima te obligaba a llamarle señor. Por supuesto, también era costumbre que al explotado se le cruzasen los cables y le cortase la garganta al señor mientras dormía, o se aliase con los explotados de los alrededores para cortar varias gargantas de varios señores. La insurrección era vista como algo lógico e inevitable, y la vergüenza recaía sobre el señor por no haberse sabido defender. La cosa estaba clara, las cartas no estaban marcadas y hasta el más tonto de la aldea hubiera podido señalar al explotador en una rueda de reconocimiento... 

... La única solución definitiva es la reapropiación de la economía por el pueblo
Vivimos en un mundo dominado por el dinero. Los gobiernos y el capital no son enemigos , como cree parte de la izquierda, sino que ambos son cómplices que se van cediendo terreno según las circunstancias históricas con el único fin de generar todo el dinero posible, aumentar el poder nacional todo lo posible, y desarrollar las fuerzas productivas (e improductivas) todo lo posible. Los estados no son débiles, sino que han tenido la fortaleza necesaria para salvar al capital de su colapso durante la crisis financiera de 2008, inyectando sumas ingentes al sistema financiero. Los estados son cómplices de las fechorías del capital y los políticos son los perros guardianes de las injusticias sociales [83].
Cualquier gobierno de cualquier color, que haya existido jamás o que exista actualmente en cualquier parte del mundo, nos lleva a una espiral enloquecida de poder y crecimiento económico. Para los estados no existen los valores humanos sino sólo la “razón de estado” , que es la competencia y la rivalidad militar o económica con el resto del mundo. Nosotros, como pueblo, no debemos buscar la exuberancia material, el despilfarro y el enriquecimiento, sino la justicia y el racionalismo económico. La economía debe servir a los humanos, en una escala manejable; no son los humanos los que deben servir a la economía. Para ello resulta indispensable el decrecimiento económico y la simplificación de la economía; la vuelta a los sectores primario y secundario, el abandono de la economía especulativa, la abolición del interés crediticio; y la localización de la economía en circuitos cerrados y cercanos al pueblo, sin intermediarios ni chupatintas.
A largo plazo, la única solución permanente a esta locura económica que vivimos desde hace siglos será la reapropiación de la economía por el pueblo, la autogestión de fábricas, campos, comercios y oficinas. La economía entonces será como el pueblo quiera que sea...

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