Carta a un amigo apaleado por la policía


No soy capaz de adivinar qué pasaba por la cabeza de esos policías que actuaron con tan extrema violencia contigo. Reciben el nombre de "agentes del orden", pero, viendo lo que hicieron, no quiero ese orden para mi país ni para su gente...

Querido Nacho. Me asusté mucho cuando me dijeron que habías salido malherido de la brutal agresión de la policía en la calle Lagasca y me alegra que ya estés más recuperado. No quiero entrar en la cuestión de la conveniencia o inconveniencia de vuestra okupación de un inmueble, si bien me decías que, de momento, únicamente lo estabais limpiando y adecentando, pues no quiero que ese árbol dificulte la visión de la totalidad del bosque. También supe que no os desalojaron del edificio, pues habíais decidido quedaros fuera, en la calle, sobre la acera. A resultas de lo allí sucedido, no quiero imaginar lo que podría haber ocurrido dentro, sin cámaras ni testigos.

Acabaste en el hospital, con múltiples contusiones y heridas, producto de las patadas. Sé que eres una persona convencida de que el pacifismo es la vía adecuada en cualquier situación o acción reivindicativa. Más aún, me dijeron que insististe a tus compañeros para no dar argumentos a vuestros detractores al utilizar actitudes o actos violentos. Tú mismo me contaste al día siguiente que, en pleno fragor de aquella mañana, dijiste a los policías que podíais ser sus hijos o sus hermanos. Yo te creo, Nacho; te conozco y te creo. Sé que dices la verdad al contar que, mientras un policía te pisaba la cara contra el suelo, otros te pateaban el cuerpo y otro más te rompió de una patada en los testículos. Poco pudieron ver los compañeros, fotógrafos, periodistas y curiosos, pues los policías habían formado un semicírculo para ocultar la escena, pero tu cara y tu cuerpo delatan el troglodítico proceder de aquellos policías, y ya no orinas sangre, menos mal, menudo susto tuvimos en el cuerpo todos, especialmente tus padres.
.. Sigue leyendo en Kaosenlared

Comentarios