Mesas y 15-M: una propuesta de acción Por Armando Fernández Steinko
El movimiento DRY-15M está desbordando a todos los actores. Al mismo tiempo está creando un campo político y social en que coexisten muchos actores. Varios de ellos tienen objetivos semejantes o que pueden llegar a converger en un futuro más o menos inmediato. Otros, sin embargo, tienen objetivos o “rumbos” que, partiendo de planteamiento hoy comunes (oposición al turnismo político y la corrupción, oposición a los banqueros etc.) pueden evolucionar hacia objetivos opuestos. Esto no es nuevo. Así, la Tea Party norteamericana surgió de la rabia justificada contra el rescate de Wall Street con dinero público. Sin embargo, la ausencia de organizaciones de izquierda en el panorama político norteamericano provocó que esta rabia se canalizara hacia una impugnación de cualquier forma de intervención estatal, incluida aquella a favor de los pobres y de las víctimas más débiles del neoliberalismo.
Esto demuestra dos cosas: una: que los consensos previos nacidos de una coyuntura puntual pueden llevar a caminos distintos. Dos: que sólo la acción coordinada de ciertas partes del movimiento dentro del movimiento puede acabar decidiendo su naturaleza a medio plazo. Quien adopte una actitud pasiva se convertirá en el objeto de las decisiones de los que adoptan una actitud activa. Es un campo de lucha como otro cualquiera.
Estamos, por tanto, en un cruce de caminos, una oposición a la política sin más, es decir, a las posiciones defendidas por los círculos de la derecha, de la ultraderecha y de lo que algunos llaman con un poco de mala intención el “anarquismo burgués” (“fumo porros y lo que quiero es que “los políticos” y el “Estado” me dejen en paz”). En Madrid el grueso del movimiento no comparte este punto de vista, lo cual no quiere decir que no puedan ser arrastrados hacia él. Coy nos informa desde Murcia de que esta posibilidad está muy viva por ahí. Resulta ingenuo pensar que un movimiento de tanta relevancia en pleno colapso de los pactos de la transición es dejado a su albedrío por los que toman las grandes decisiones. Esto no es abrazar una teoría de la conspiración, es mantener los ojos abiertos.
¿Qué podemos hacer desde las mesas?
Es verdad, hemos perdido uno o dos meses de tiempo desde febrero. Esto es achacable a nosotros mismos, probablemente a una parte de los que estamos intentando coordinar (o promover) todo esto. Sin embargo, el 15-M les ha sorprendido y desbordado a todos, incluso a la gente que puso en marcha el DRY. Simplemente no es cierto — así me informa una de las personas que han estado desde la hora cero en esto — que haya una especie de estrategia diseñada a priori que luego “salió bien”. El movimiento está lleno de contingencias desde el principio y así seguirá siendo probablemente. Los medios han contribuido poderosamente a amplificar algunas de sus partes y a silenciar otras. Por ejemplo, lo de “Spanish Revolution” puede ser un slogan acertado, pero desde luego no ha sido lanzado por los que iniciaron el movimiento. Y hay que recordar que las “revoluciones naranjas” también son “revoluciones”. El compañero Benjamín Balboa acaba de publicar un artículo imprescindible sobre el peligro de “naranjización” de la “revolución española”
También se debería leer este otro artículo que apunta en un sentido parecido:
El movimiento que surgió del 15-M nace de la indignación frente a las detenciones de algunos manifestantes del 15-M. Su expansión ya no está bajo el “control” (en el buen sentido) ideológico o político de sus iniciadores., se ha convertido en un “río revuelto” (José Coy) donde mucha gente intenta pescar. Sería un error, por tanto, pensar dos cosas y de actuar a partir de este pensamiento equivocado, es decir, partir de la base de que:
1.)El 15-M va a evolucionar automáticamente hacia posiciones progresistas (justicia social, justicia ambiental, lucha contra el neoliberalismo etc.): la gente es buena y crea y cuando se la deja “en paz” todo saldrá bien;
2.) Que al estar revuelto el río no tenemos que mojarnos las manos en espera de que se “clarifique” por sí solo. El río no se va a clarificar nunca por sí solo: hay que luchar por clarificarlo.
¿Qué hacemos entonces?
Hay entre 5.000 y 6.000 personas que han suscrito el llamamiento con una media constante de 15 adhesiones por día. Se han formado un par de decenas de mesas y promotoras locales que, sin embargo, no están aún del todo coordinadas entre sí por diferentes razones, algunas puramente técnicas. Lo que podemos aportar al movimiento es nuestra intervención organizada y sistemática para evitar la naranjización del 15-M y su atomización, para asegurar su sesgo anti neoliberal y para asegurar su sostenibilidad en el tiempo. Para eso propongo la siguiente estrategia
a.) Trabajar para la conformación de asambleas ahí donde no existan y personarse en ellas
b.) Trabajar en dichas asambleas para logar una coordinación superior a nivel de todo el estado y alrededor de un programa de mínimos de carácter nítidamente anti neoliberal así como advertir del peligro de “naranjización”.
c.) El programa de mínimos inmediato en este momento (mediados de mayo 2011) es la lucha contra el Plan de Estabilidad que viene de Bruselas. Ese plan va a precipitar a todo el sur de Europa en un largo período recesivo y va a destruir lo que queda del Estado del bienestar y la solidaridad institucional y territorial. Trabajar hoy y ahora para que las manifestaciones contra dicho plan sean el mismo día en todo el Estado
d.) Crear mesas de convergencia ahí donde no hayan llegado las asambleas. La mejor estrategia es agrupar primero a la gente de forma no sectaria siguiendo todo lo que hemos venido discutiendo en los últimos meses en relación con las mesas (llamar uno por uno a los actores organizados y no organizados conocidos, lanzar públicamente la iniciativa etc.). Utilizar los grupo o mesas constituidos para convocar asambleas abiertas en las plazas siguiendo las directrices del conjunto del movimiento y aprovechando las sinergias del todo el tejido organizado y no organizado del lugar o el barrio.
e.) Ahí donde las asambleas funcionen razonablemente bien empezar a introducir una reflexión sobre el día después, es decir, qué hacer para evitar que cuando las asambleas pierdan fuelle o se sectoricen — una cosa que pasa continuamente en este tipo de situaciones — perviva una estructura organizativa más estable aunque igual de unitaria y operativa. Aunque sea por simple seguridad, este formato "pequeño" pero muy capilar, ramificado y, sin embargo, bien coordinado a través de la red tanto a nivel estatal como a nivel local — es decir, bien insertado en las asambleas de barrio — podría llegar a ser fundamental a medio plazo para compensar las intermitencia que siempre van a existir en un movimiento como el del M-15. En un formato más pequeño, pero multiplicado y, sobre todo, bien coordinado. Este formato tiene unas ventajas muy importantes en situaciones como esta:
A). La gente se conoce personalmente, ha socializado, conoce sus recursos y sus propios defectos – gente que habla mucho pero que luego no hace nada etc. — con lo cual se conocen mucho mejor las fuerzas con las que se cuenta. Estos espacios son más sólidos, estables y resistentes al desánimo y el cansancio, están más cohesionados programáticamente;
B). No hay posibilidad de que se metan los boicoteadores de uno y de otro color, de que gane terreno la naranjización;
C). Permite un debate político más intenso e “íntimo”, discutir más en profundidad, organizar mejor las acciones aunque siempre y cuando haya una coordinación entre las mesas y estas estén bien comunicadas con las asambleas que pueden ser una especie de coordinadora local de mesas o de algo parecido con este y otro nombre (promotoras, plataformas vecinales etc.)
D). Permite formar grupos a partir de las preferencias personales (amigos y personas que ya se conocen y se juntan etc.) con lo cual se asegura mejor su estabilidad (si no te gusta un pesado te vas a otra mesa o creas una nueva)
E. Genera espacios más perdurables y consistentes que los que se dan en las asambleas.
F). Permite crear mesas sectoriales (por ejemplo educación, periodismo etc.). Las “asambleas sectoriales” podrían llegar a ser exactamente lo mismo que las mesas: en ese caso es una cuestión de nombre. Pero las asambleas, así en general, tal vez no tienen el formato ideal para que los profesionales hagan un trabajo productivo. Mucha gente en Madrid, por ejemplo, ha manifestado su interés por participar en espacios sectoriales antes que territoriales y tal vez sea mejor un formato pequeño y más íntimo que uno excesivamente grande y abierto. Si me equivoco, mejor que mejor.
Alguna gente no sabía bien qué actividades plantear para las mesas. Esta muestra de sublevación ciudadana pacífica de baja intensidad realizada en Murcia es un buen ejemplo.
Estamos preparando un menú de propuestas de actividad de este tipo para que nadie pueda decir que no sabe qué hacer con las mesas. Esto mismo pero de forma sostenida y constante en todo el territorio, pensado, calculado, bien organizado y con los medios de comunicación detrás para que le den cobertura, coordinado a través de las asambleas de barrio y localidad puede ser un mecanismo muy efectivo de lucha precisamente por su carácter capilar y difuso.
Mesas, “plataformas” e “iniciativas”
La idea de las mesas no es una cuestión nominal. Hay iniciativas llamadas “plataformas” que, en realidad, son mesas de hecho. No importa que conserven su nombre, no queremos construir chiringuitos. Lo que sí sería importante es que se vincularan o colgaran a una misma página web todas estas iniciativas (plataformas, mesas, o como se llamen) para que entren en comunicación con el resto del tejido, intercambien experiencias y vayan tupiendo un mapa de todo el Estado con manchas de poder ciudadano organizado de forma relativamente estable. También algunas “asambleas” ya confirmadas seguramente tendrán un formato casi idéntico al de las mesas. No importa, todo lo contrario. Lo que importa es el formato que decíamos arriba no el nombre que reciba el agrupamiento (o la “convergencia”) voluntaria de un número determinado de ciudadanos.
Lo que importa, en segundo lugar, es que estos agrupamientos estén coordinados y que tengan un programa mínimo común y una voluntad, también común, de actuar de determinada forma. También importa, y mucho, que sean operativos y no se pierdan en discusiones interminables como las que se dan a veces en las asambleas desanimando profundamente a la gente a seguir participando.
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