Si la entidad sionista hubiera sabido lo que le iba a esperar en Gaza
probablemente no se habría embarcado en su agresión contra la Franja.
Israel no ha podido, en efecto, alcanzar ninguno de sus objetivos
políticos y militares a pesar de sus brutales ataques
aéreos que habían
costado la vida 190 de palestinos y heridas a 1.280 hasta el martes día
15 de Julio.
La masacre de civiles ha servido para dejar constancia una vez más ante el mundo de la crueldad y el genocidio que sufre el pueblo palestino desde la instalación del régimen sionista en su territorio, es decir, desde la Catástrofe (Nakba) de 1948. Esta comprensión, cada vez más extendida, de la naturaleza criminal y la crueldad del régimen israelí -que ha logrado el difícil récord de superar a la del régimen nazi en Alemania o el del apartheid en Sudáfrica- constituye una primera derrota del mismo a nivel mediático que ha sido lograda principalmente gracias a Internet, que ha neutralizado el control que los sionistas ejercen de los grandes medios corporativos.
Sin
embargo Israel no ha logrado ninguno de sus objetivos en la guerra de
Gaza. El primero y más importante era el de detener la caída de cohetes y
misiles en el territorio de la entidad sionista. El segundo, la
destrucción de los lugares de almacenaje y reservas de los mismos y el
tercero el asesinato de los principales líderes de las facciones de la
resistencia palestina.
En lo que se refiere al primer objetivo el fracaso israelí es evidente. La resistencia palestina ha respondido a los bombardeos israelíes contra Gaza mediante el envío ininterrumpido de sus misiles y cohetes desde el inicio del conflicto, tal y como hizo también Hezbolá en la Guerra de Julio de 2006 en el Líbano. La resistencia ha sorprendido además a los israelíes al utilizar misiles con un alcance de hasta 140 kms, lo que sitúa en su radio de acción a toda la zona central de la entidad sionista o Gush Dan, cuyo centro es la ciudad de Tel Aviv y donde se agrupa la mayoría de la población israelí y sus principales recursos económicos. Algunos misiles han caído incluso en la zona de Haifa, al norte de Israel.
Las
consecuencias económicas de esto son muy relevantes. La paralización de
la actividad por los ataques con cohetes y misiles, que obligan a
millones de israelíes a permanecer en los refugios, causa enormes
pérdidas a la economía israelí y aleja a los inversores y turistas
extranjeros. Es probable, en este sentido, que la campaña de Gaza lleve a
la ruina de toda la temporada turística de verano israelí. Algunas
fuentes israelíes afirman que las pérdidas económicas derivadas de los
ataques con misiles se elevan a 2.500 millones de dólares hasta la
fecha. A esto hay que añadir el aspecto psicológico al crear pánico y
temor entre los israelíes, muchos de los cuales pueden sentirse
inclinados ahora a emigrar en busca de mejores condiciones de vida.
Estos
lanzamientos han tenido lugar también a pesar de todos los tipos de
vigilancia israelí con aviones, satélites, globos y drones que intentan
determinar la localización exacta de los lanzamientos. Los misiles han
sido capaces de pasar sin difícultad, salvo unos pocos que habrían sido
interceptados, de creer a las fuentes oficiales israelíes, por el
sistema Cúpula de Hierro que fue diseñado para abatir cohetes de corto
alcance. Esto supone otra muestra clara de la incapacidad de dicho
sistema, financiado por EEUU, de frenar los ataques con misiles en
especial a la luz de las continuas mejoras técnicas en los misiles
palestinos. Cabe señalar aquí también que el coste de los misiles
interceptores del sistema es muy superior al de los cohetes que busca
interceptar, lo cual hace posible a los palestinos generar una sangría
económica para Israel aún con los cohetes más simples.
Israel
ha mostrado también su fracaso ante el mundo en lo que se refiere a su
cacareada operación terrestre, que no se ha llevado a cabo, lo cual
muestra la comprensión por parte del Ejército israelí de que una acción
de este tipo conllevaría bajas intolerables en las filas de los soldados
sionistas. Los palestinos han mejorado su capacidad militar desde la
agresión terrestre israelí de diciembre de 2008 y enero de 2009. En el
nuevo arsenal palestino están los misiles antitanques Cornet, que pueden
destruir los tanques israelíes Merkava y otros blindados. A ellos hay
que añadir trampas explosivas, francotiradores y operaciones de martirio
contra los militares israelíes que podrían no limitarse a Gaza sino
extenderse a otras partes de la entidad sionista.
Las dos únicas incursiones terrestres israelíes en la costa y el este de Gaza han terminado en sendas emboscadas tendidas por los resistentes palestinos. En el primero de los casos, varios comandos israelíes fueron sorprendidos en la playa y cuatro de ellos resultaron heridos por el fuego de los palestinos y se vieron obligados a huir bajo la cobertura de bombardeos aéreos y navales. Esto demostró la rápida disposición de los palestinos a hacer frente a cualquier intento de infiltración sionista en la Franja.
Los
palestinos han usado también drones con cámaras que envían imágenes de
forma inmediata y que pueden llevar misiles en sus alas. Algunos de
ellos pueden portar hasta 65 kgs de explosivos e impactar directamente
contra objetivos como radares, concentraciones de infantería, centros de
mando etc. Los resistentes han mostrado también su capacidad en la
guerra electrónica hasta el punto de penetrar incluso en el Canal 2 de
la televisión israelí y dejar un mensaje en el mismo.
A todo ello hay que añadir un importante fracaso a nivel político. Durante mucho tiempo, el régimen sionista y sus aliados y agentes han llevado a cabo una activa campaña, en cooperación con Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo, para fomentar la división confesional entre musulmanes shiíes y sunníes con el fin de favorecer el debilitamiento de los estados árabes e islámicos de la región y asegurar así la hegemonía israelí. Sin embargo, la guerra de Gaza ha supuesto una ocasión propicia para el derrumbe de todo este plan. Es sabido que las capacidades de la resistencia palestina no habrían podido ser desarrolladas sin el apoyo del eje de la resistencia, es decir Irán, Siria y Hezbolá. Por su parte, los wahabíes -ya sean los gobernantes saudíes, los clérigos a sueldo, los medios propagandísticos que utilizan (en especial las cadenas de televisión) y los grupos takfiris han brillado por su ausencia en Gaza. Los clérigos wahabíes, tan dados a lanzar llamamientos al yihad contra otros musulmanes, no han abierto la boca con respecto a la agresión israelí en Gaza. Tampoco los líderes de estos grupos han lanzado llamamientos para combatir a Israel. Todo ellos ha dejado muy claro ante la opinión árabe y musulmana su condición de agentes enemigos del mundo árabe y el musulmán.
Como
conclusión, la guerra de Gaza, más allá del sufrimiento y las muertes
indiscriminadas que ha causado entre los civiles palestinos y que
constituyen el mejor reconocimiento de la impotencia israelí para
conseguir sus objetivos reales en el conflicto, llevará al
fortalecimiento de la capacidad de disuasión de la resistencia palestina
y a un cambio en el equilibrio de poder entre la misma y el régimen
sionista. En segundo lugar, cualquier acuerdo para un alto el fuego será
realizado en base a los términos de la resistencia palestina, que no
aceptará ninguna solución que no incluya la apertura del paso fronterizo
de Rafah con Egipto, aspecto éste que supondrá un paso decisivo para el
fin del bloqueo de Gaza por primera vez desde 2007. Así lo recoge la
reciente propuesta egipcia de alto el fuego.
La masacre de civiles ha servido para dejar constancia una vez más ante el mundo de la crueldad y el genocidio que sufre el pueblo palestino desde la instalación del régimen sionista en su territorio, es decir, desde la Catástrofe (Nakba) de 1948. Esta comprensión, cada vez más extendida, de la naturaleza criminal y la crueldad del régimen israelí -que ha logrado el difícil récord de superar a la del régimen nazi en Alemania o el del apartheid en Sudáfrica- constituye una primera derrota del mismo a nivel mediático que ha sido lograda principalmente gracias a Internet, que ha neutralizado el control que los sionistas ejercen de los grandes medios corporativos.
En lo que se refiere al primer objetivo el fracaso israelí es evidente. La resistencia palestina ha respondido a los bombardeos israelíes contra Gaza mediante el envío ininterrumpido de sus misiles y cohetes desde el inicio del conflicto, tal y como hizo también Hezbolá en la Guerra de Julio de 2006 en el Líbano. La resistencia ha sorprendido además a los israelíes al utilizar misiles con un alcance de hasta 140 kms, lo que sitúa en su radio de acción a toda la zona central de la entidad sionista o Gush Dan, cuyo centro es la ciudad de Tel Aviv y donde se agrupa la mayoría de la población israelí y sus principales recursos económicos. Algunos misiles han caído incluso en la zona de Haifa, al norte de Israel.
Las dos únicas incursiones terrestres israelíes en la costa y el este de Gaza han terminado en sendas emboscadas tendidas por los resistentes palestinos. En el primero de los casos, varios comandos israelíes fueron sorprendidos en la playa y cuatro de ellos resultaron heridos por el fuego de los palestinos y se vieron obligados a huir bajo la cobertura de bombardeos aéreos y navales. Esto demostró la rápida disposición de los palestinos a hacer frente a cualquier intento de infiltración sionista en la Franja.
A todo ello hay que añadir un importante fracaso a nivel político. Durante mucho tiempo, el régimen sionista y sus aliados y agentes han llevado a cabo una activa campaña, en cooperación con Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo, para fomentar la división confesional entre musulmanes shiíes y sunníes con el fin de favorecer el debilitamiento de los estados árabes e islámicos de la región y asegurar así la hegemonía israelí. Sin embargo, la guerra de Gaza ha supuesto una ocasión propicia para el derrumbe de todo este plan. Es sabido que las capacidades de la resistencia palestina no habrían podido ser desarrolladas sin el apoyo del eje de la resistencia, es decir Irán, Siria y Hezbolá. Por su parte, los wahabíes -ya sean los gobernantes saudíes, los clérigos a sueldo, los medios propagandísticos que utilizan (en especial las cadenas de televisión) y los grupos takfiris han brillado por su ausencia en Gaza. Los clérigos wahabíes, tan dados a lanzar llamamientos al yihad contra otros musulmanes, no han abierto la boca con respecto a la agresión israelí en Gaza. Tampoco los líderes de estos grupos han lanzado llamamientos para combatir a Israel. Todo ellos ha dejado muy claro ante la opinión árabe y musulmana su condición de agentes enemigos del mundo árabe y el musulmán.
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Israel comienza ataque terrestre contra Gaza y sufre primeras bajas
Hezbolá condena agresión contra Gaza y se coordina con Hamas
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