Hoy
la propia “necesidad de calle” está cruzada como nunca por una
estrategia revolucionaria y otra reformista electoralista, de cuya
batalla de líneas depende la propia suerte de la apuesta de la calle.
Se
cierra este número días después de la manifestación del 27 de mayo de
las Marchas de la Dignidad, cuya lectura del comunicado final fue
precedida muy oportunamente por la canción “Si el gallo rojo cantara,
otro gallo cantaría…”. La movilización superó las expectativas, lo que
es aún más destacable porque ya no estamos en el punto álgido de la
protesta social, viniendo a poner sobre el tablero la persistencia de
una apuesta por la calle que, como ningún marco, las Marchas expresan de
forma masiva. Pero nos engañaríamos si no señalásemos al mismo tiempo
que esa propia “necesidad de calle” está cruzada como nunca por
estrategias diferentes de cuya batalla de líneas depende la propia
suerte de la apuesta de la calle.
Nunca
como ahora se han de enfrentar la posición revolucionaria y la
reformista electoralista en la solución de poder popular que tenemos
pendiente ante las verdaderas causas de la protesta. En esa batalla de
líneas, ningún esfuerzo será en vano por desterrar la confusión que se
está introduciendo en la misma “hipótesis de la indignación social”.
Empezando por la descripción de la situación política. Tenemos por
delante retos ingentes de esclarecimiento así como de organización,
tanto propia como dentro de los marcos de la protesta. Pero no tenemos
otra que superarlos (y superarnos) acompañando a la movilización. Desde
su mismo corazón. Pues no habrá otra forma de impedir que de nuevo nos
den el cambiazo en el gallo que finalmente nos cante.
*
Editorial
tras editorial constatamos la persistencia de una situación política
que no termina de estabilizarse. Y aunque es cierto que nosotros mismos
hemos de aprender a analizar con rigor y evitar que las pasiones y
deseos del momento nos hagan simplificar y despreciar los mecanismos del
sistema para salir airosos de situaciones de putrefacción, se confirma
una vez más que en situaciones de crisis históricas la clave está en
el peso que tiene la línea y la organización revolucionarias con
respecto a ese reformismo y electoralismo que a la mínima de cambio te
está cambiando “el relato” de lo que pasa y canalizando la “indignación”
por el embudo de lo institucional.
Ya
desde un principio advertimos contra la proclama “no es una crisis, es
una estafa” pues, como la historia nos enseñaba, los cambios profundos
no pueden realizarse sin una conciencia de las debilidades y fracturas
entre los que dominan. Ahora lo que nos parece principal resaltar es
que, en eso de la búsqueda de la puerta de salida de la podrida
situación política que padecemos, hay como una “pinza” de falsedades
entre el discurso de gobierno y el de los que aspiran a desgobernarlo.
Mientras el primero insiste en que ya no hay crisis –negando su
profundidad y temporalidad– las “fuerzas del cambio” prácticamente nos
cambian la causa de la inestabilidad política y de la indignación social
centrándola (en su viaje a la centralidad política) en la corrupción
del PP. Esto no es nuevo, como ya previmos en nuestro nº3 sobre la cuestión de la corrupción y la “descastización” del PSOE o, al menos, de
una parte de él.
Pero
esta briega por hegemonizar una centralidad progre del tablero no puede
llevarse a cabo sin tensiones internas porque, en realidad, cualquier
veleidad reformista en este país entra en contradicción con la política
de austeridad de Berlín y con la bunkerización del sistema de partidos
de la Transición. Aunque, por otro lado, esa “centralidad progre” puede
terminar por tener un aliado político dentro del sistema –siempre que se
porte bien en las cuestiones claves de poder– pues, efectivamente, la
situación del PP se está convirtiendo en un problema para el propio
sistema; tanto en la falta de legitimidad mínima para continuar con la
política de corsé dictada por los imperativos de déficits, como en lo
que se refiere a la estabilidad territorial. ¿Acaso Bruselas y los
grandes bancos tendrían problemas con un gobierno “más honrado” que nos
venda que sin contravenir los dictados imperiales se pueden llevar
adelante políticas progresistas simplemente dejando de ser corruptos?
En
ese sentido, la victoria de Sánchez en el PSOE renueva las esperanzas
dentro del sistema de canalizar ilusiones, tanto más si se inserta en la
continuidad histórica del régimen de la transición. Si encima la nueva
savia podemita llegada a las instituciones ha flirteado con que la casta
era el “susanismo” y los “felipedinosaurios” que tramaron un golpe
contra el “pobre Sánchez”, y si además no descartamos que el círculo de
empresarios catalanes vea con buenos ojos que en Madrid haya alguien con
más seny que no se pase todo el rato defendiendo a capa y
espada del Cid “la nación más vieja de Europa” y que evite “el choque de
trenes”, entonces se cumpliría aquello de que “lo más caricaturesco
sería (…) que fuera el PSOE a nivel estatal –una vez más– el que
pretendiese postularse como la estructura más seria en torno a la cual
se reconstruyera la ‘casa común de la izquierda’ con posibilidades de
echar a los dóberman del PP”. (Centrarse en (quebrar) el tablero, editorial de RR nº5, abril 2015)
En
cualquier caso, debemos alertar de que se está imponiendo ser muy
radical contra la corrupción como “método” para desviar la causa
inmediata principal de la degradación socio-laboral. Forma parte de la
rebaja calculada incluso con respecto a lo mejor del 15M: “no queremos
ser mercancía en manos de políticos y banqueros” y “PSOE y PP, la
misma…”. La experiencia histórica muestra cómo la radical rebaja del
discurso de conjunto antisistema (en este caso, la rebaja del discurso
contra el régimen de la Transición y la construcción imperial de la UE)
se nos “mete de macuto” con un exagerado radicalismo parcial contra una
parte del sistema o del tinglado institucional (en este caso, el PP).
Por eso, a las convocatorias contra la corrupción… del PP (¿quién puede
estar en contra de utilizar el hecho de que estos casos salten?) habría
que ir poniendo el acento también contra esa otra “corrupción” política
(en el sentido de desnaturalización) de la estrategia de lucha de los
últimos años.
Hay
algo más, dejando aparte lo nauseabundo que resulta diferenciar los
beneficios extraídos en el capitalismo de forma corrupta y de forma
“legítimo-legal”. Y es que, desde luego, prometer que se le va a “meter
mano” a la corrupción desbordada del PP compromete a mucho menos que
asegurar que un eventual “gobierno del cambio” se pone al servicio de
una estrategia de enfrentamiento con los dictados de Bruselas y Berlín y
contra el pago de la ilegítima deuda. Para nosotros, lo importante de
los “casos de corrupción” que saltan es, por un lado, visualizar las
peleas internas y debilidades de “los de arriba” y, por otro,
deslegitimar a “la clase política” que conduce y dirige las políticas de
recortes. Pero jamás haciendo de la “lucha contra la corrupción” la
línea de demarcación que sustituya a esa batalla contra el pago de una
deuda que ha pasado en pocos años del 30 al 100% del PIB principalmente
para salvar un sistema bancario que no vamos a esperar a ningún juez
para saber que todo él es una gangrena que mejor sería expropiársela del cuerpo.
*
La
lucha entre líneas, en los términos concretos planteados, está ya
presente con toda su crudeza en el centro de los marcos de movilización.
El principal, el del 22M. Ya en nuestro último número advertíamos de
que “hay fuertes intentos de adaptar las movilizaciones a los
‘objetivos de calle’ expresados por las “fuerzas del cambio”.
Obviamente, están obligadas a una cierta ‘tensión de pancarta’; pero
esta necesidad de calle está ligada al objetivo de desnaturalizar los
fundamentos mismos de lo mejor de la movilización antirrecortes que se
alcanzó con las Marchas de la Dignidad”.
Estamos
convencidos de que nuestra intervención en marcos como el de las
Marchas ha de llevarse de una forma muy delicada. Pues debemos aspirar,
de momento, a vencer a la mera estrategia electoralista (que está más
extendida de lo que parece, tal como venimos advirtiendo en nuestras
declaraciones de años anteriores) sin que el marco se destroce por la
vía de los hechos. Insistiremos en que el Movimiento 22M no está para “recortar” el discurso antirrecorte.
Esto, ese recorte de discurso, en todo caso será para las estrategias
electorales de tal o cual organización que no vienen al caso en el 22M.
El 22M es la “pata no electoral” de la protesta. Por tanto, lo lógico
sería que elevara su discurso de calle a partir del No Pago de la Deuda y
la oposición a los dictados de Bruselas-Berlín, por ejemplo,
defendiendo la expropiación bancaria. Es fácilmente defendible que el
“ahogo social” es el contrapunto “matemático” de los rescates a los
tiburones. Eso lo entiende el “pueblo llano” más incluso que la renta
básica. Y es lógico que el 22M sostenga bien alto el discurso de los mil
pies en la calle para que compense las exigencias del “embudo” del pie
en las instituciones.
Por lo demás, y en cuanto al modelo de “unidad organizativa”, el 22M no solo es una respuesta a los recortes de nuestros enemigos de clase. Es también una respuesta a la no-respuesta del “cumbrismo social” del sindicalismo oficialista que quiso hegemonizar y canalizar (como siempre) la protesta en lo años 2013-14.
Estamos
hablando de enfrentamiento de estrategias. En términos de “toma de
poder”, que es realmente lo decisivo, vivimos una contradicción de cara a
“la gente”. Mientras la estrategia electoralista promete alcanzar el
gobierno tanto más cuanto más rebaja la solución, la línea
revolucionaria propone una solución que se ve a largo plazo y no
satisface los “deseos inmediatos de victoria” con el menor sacrificio
posible. Hemos de asumir esta contradicción, aunando máxima flexibilidad
en nuestra intervención con hablar claro, no rebajando el discurso
–o sea, no mintiendo–, acompañando pacientemente la superación de los
límites dentro de nuestro pueblo que sufre. Exactamente como planteaba
Lenin en las Tesis de Abril: “Mientras estemos en minoría,
desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores
(…) a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan
sus errores”.
Publicamos este editorial como adelanto del número 12 de la revista de Red Roja, cuya aparición es inminente
Publicamos este editorial como adelanto del número 12 de la revista de Red Roja, cuya aparición es inminente
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Las Marchas de la Dignidad y la reconstrucción del movimiento obrero. Ángeles Maestro + Audio- La dignidad vuelve a la calle...y
"...Tal y como recoge el Manifiesto-llamamiento de las Marchas para el 27 de mayo (6) : “En
la lucha difícil que hemos emprendido por un cambio real, no un simple
cambio de gobierno, necesitamos que quienes estemos dispuestos a
pelear nos unamos. La construcción de poder popular exige pasos
pacientes y firmes que no se dejen seducir por los cantos de sirena de
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que nunca decimos otra vez Venceremos al fascismo siempre, esté donde
esté, se esconda donde se esconda, gobierne donde gobierne, porque la
Victoria sobre la muerte es la siembra y el renacimiento de la Vida.
¡Viva el Batallón Inmortal por siempre! El fascismo fue y será
derrotado, aunque sus técnicas hayan ariado y se hayan disfrazado,
adonde estén los iremos a buscar. No pasarán.”
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