CON HOTEL O SIN HOTEL, TENDRÁN QUE OÍR A FIDEL. Cuba. Hace 55 años: Diez días en las entrañas del imperio (I-II-III y IV)... + Malcolm X
Foto:Fidel desciende la escalerilla del avión en aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York. Foto: Korda, Alberto
"...En medio de esa situación, gracias a la solidaridad de la comunidad afronorteamericana y latina, la delegación encabezada por Fidel fue invitada a alojarse en un hotel de Harlem, el barrio del pueblo negro neoyorquino. Entre los coordinadores de aquella acción estuvo Malcolm X, el mítico activista por los derechos humanos...."
Foto:Fidel desciende la escalerilla del avión en aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York. Foto: Korda, Alberto
Por Acela Caner Román y eugenio Suárez Pérez/ Resumen Latinoamericano/ 17/9/15 .-
"...En medio de esa situación, gracias a la solidaridad de la comunidad afronorteamericana y latina, la delegación encabezada por Fidel fue invitada a alojarse en un hotel de Harlem, el barrio del pueblo negro neoyorquino. Entre los coordinadores de aquella acción estuvo Malcolm X, el mítico activista por los derechos humanos...."
Foto:Fidel desciende la escalerilla del avión en aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York. Foto: Korda, Alberto
Por Acela Caner Román y eugenio Suárez Pérez/ Resumen Latinoamericano/ 17/9/15 .-
En
1960, Fidel Castro Ruz partió rumbo a Nueva York, en un Britannia de
la Compañía Cubana de Aviación, para asistir al XV Periodo de Sesiones
de la Asamblea General de la ONU
Fidel
Castro camina hacia el avión que lo conducirá a él y a la delegación
cubana que participará en el XV Periodo de Sesiones de la Asamblea
General de la ONU en Nueva York. Foto: Korda, Alberto
CON HOTEL O SIN HOTEL, TENDRÁN QUE OÍR A FIDEL
El domingo 18 de septiembre de 1960, Fidel Castro Ruz inició un memorable viaje a Estados Unidos al frente de la delegación cubana que participaría en el XV Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas.
BIENVENIDO, FIDEL
Poco después de las 11:00 a.m., junto a varios miembros de su delegación, Fidel partió rumbo a Nueva York, en un Britannia de la Compañía Cubana de Aviación. A las 4:34 de la tarde, la nave cubana tocó tierra en el aeropuerto internacional de Idlewild.
Había bastado el anunció de que Fidel asistiría a la Asamblea General
de las Naciones Unidas, para que el gobierno de Eisenhower adoptara un
conjunto de medidas para aislarlo y limitar su contacto directo con el
pueblo norteamericano.
Entre esas disposiciones se encontraba su confinamiento a los límites
de la isla de Manhattan, una férrea custodia policial y la prohibición
de la asistencia de público a las sesiones de la Asamblea.
Sin embargo, las regulaciones no pudieron impedir que en el último
piso del Empire State, flotara una gigantesca tela, colocada por algún
amante de la Revolución Cubana, que decía: “Bienvenido, Fidel”.
Más de 500 policías, un número indeterminado de agentes secretos del
Departamento de Estado y de agentes de la policía local, esperaban a
Fidel en el aeropuerto. Aunque en realidad la escolta no era necesaria,
pues millares de simpatizantes y miembros del Comité Pro Trato Justo
para Cuba aguardaban por Fidel y, en caravana de automóviles, lo
siguieron hasta el hotel. Ellos eran los verdaderos guardianes del
máximo líder de la Revolución Cubana.
Muy cerca de las cinco de la tarde, Fidel arribó al hotel Shelburne
situado en las calles 37 y avenida Lexington. Los alrededores del hotel
habían sido tomados desde la mañana por fuertes contingentes de la
policía metropolitana, quienes mantuvieron a raya a los miles de
simpatizantes de la Revolución Cubana que esperaban la llegada de Fidel
para darle la bienvenida.
Varios incidentes desagradables sucedieron causados por la brusca
actuación de la policía. Estos hechos se agudizaron cuando las
autoridades norteamericanas le notificaron a la tripulación de la nave
que condujo a Fidel, que si no salían “de la pista del aeropuerto antes
de las 12 de la noche de ese día, el avión será incautado”.
Ante tantas agresiones, el notable periodista y escritor
norteamericano Carleton Beals dirigió un telegrama a Fidel que decía:
“Bienvenido. Estoy avergonzado de la falta de cortesía de mi pueblo,
tan generoso en oro para los lacayos, pero tan pobre en generosidad del
alma”.1 Asimismo, Beals elevó una enérgica protesta al Departamento de
Estado “por el trato increíble dado al Primer Ministro de Cuba, doctor
Fidel Castro, en su visita a la ciudad de Nueva York para asistir a la
Asamblea General de las Naciones Unidas”.
SI ES NECESARIO ACAMPAREMOS EN LOS JARDINES DE LAS NACIONES UNIDAS
El lunes 19 de septiembre sucedió un hecho inaudito: la gerencia del Shelburne le notificó a la delegación cubana que debía abandonar el inmueble, al tiempo que se negó a devolver los 5 000 dólares que la delegación había depositado como garantía de pago. No era un hecho aislado. Los dueños de los más céntricos hoteles neoyorkinos también se negaron a hospedar a la delegación cubana. El único que ofreció sus servicios exigió condiciones humillantes.
Ante tales circunstancias, el Primer Ministro cubano se entrevistó
con el danés Dag Hammarskjöld, entonces secretario general de la ONU.
Tras expresar su consternación ante el hecho acontecido y las
dificultades para hallar alojamiento en los hoteles de Nueva York, Fidel
le comunicó que si era necesario, él y los miembros de su comitiva
oficial acamparían en los jardines de la ONU.
En el curso de la entrevista, Fidel preguntó a Hammarskjöld si no
creía que “había llegado el momento de cambiar la sede de las Naciones
Unidas para otro país”, a lo que el Secretario General respondió con un
ligero movimiento del hombro derecho.
En Cuba, al conocer de la nueva agresión, de manera espontánea, cientos
de cubanos se fueron reuniendo en parques y plazoletas de todo el país.
El pueblo en pleno había decidido pasar la noche a la intemperie, como
muestra de solidaridad con Fidel y su comitiva.
En La Habana, una singular y gigantesca movilización se congregó
dentro de la explanada norte del Palacio Presidencial y sus calles
aledañas. Improvisados cartelones y telas decían “Con hotel o sin hotel,
tendrán que oír a Fidel”.
Allí, el comandante Raúl Castro —quien había sido designado Primer
Ministro por el tiempo que Fidel estaría fuera de Cuba—, dirigiéndose a
los presentes comentó que apenas una hora se había necesitado para
convocar a los habaneros a esa concentración que, en escala menor,
representaba la Asamblea General del Pueblo de Cuba.
Con palabras emocionadas, Raúl desenmascaró las intenciones del
gobierno de Estados Unidos y, refiriéndose a Fidel dijo: “Lo respetan,
lo respetaron antes y tendrán que respetarlo encuéntrese donde se
encuentre. A los gobernantes que fielmente responden y respetan a sus
respectivos pueblos, tienen que respetar los demás dondequiera que se
encuentren”.2
TUVE QUE REFUGIARME EN HARLEM
Cortesia de Jorge,,, Fidel y Malcon X en el hotel Theresa
En medio de esa situación, gracias a la solidaridad de la comunidad afronorteamericana y latina, la delegación encabezada por Fidel fue invitada a alojarse en un hotel de Harlem, el barrio del pueblo negro neoyorquino. Entre los coordinadores de aquella acción estuvo Malcolm X, el mítico activista por los derechos humanos.
Cuando supo de esa invitación, el Primer Ministro cubano comunicó al
secretario general de la ONU que le habían brindado el hotel Theresa en Harlem y se dispuso a marchar de inmediato hacia el lugar, no sin antes
exigir de las Naciones Unidas las garantías correspondientes a un jefe
de Estado miembro de esta institución internacional.
Pasada la medianoche, Fidel llegó al hotel Theresa. Su arribo ocurrió
apoyado por las voces de los más humildes habitantes de Nueva York que
aclamaron al líder cubano con gritos de ¡Viva Castro! y ¡Fidel, Fidel,
Fidel!
Años después, en la misión cubana de la ONU —cuando en 1995 asistió a
los festejos por el aniversario 50 de las Naciones Unidas—, reunido
con Lucius Walker y los Pastores por la Paz, Fidel les contó cómo 35
años atrás tuvo que refugiarse en Harlem en una época de lucha muy dura
por los derechos civiles y contra la discriminación.
Fidel relató sobre su nueva visita al barrio neoyorkino: “Me reuní
con los de Harlem, ¡qué placer!, ¡qué felicidad!, ¡qué afecto!, ¡qué
cariño encontré allí!, ¡qué espíritu de lucha, de combatividad pude
apreciar allí! ¡Increíble! […] Pocas veces en mi vida he visto tanto
entusiasmo, tanto afecto y tanto apoyo. Y si no olvidé el primer Harlem,
jamás podré olvidar el segundo Harlem. ¡Ojalá viviera mil años para
seguirlo recordando! Fue realmente muy emocionante para mí”.3
Así comenzaron los diez días de la delegación cubana en las entrañas del imperio.
1 Revolución, 19 de septiembre de 1960, La Habana, p. 12.
2 Revolución, 20 de septiembre de 1960, p. 8.
En estos días que la prensa mundial elogia a Martín Luther King, inSurGente recuerda en varios videos a Malcolm X
Cuba+. Impulsando la solidaridad con Cuba nº10
Por Christopher Neal
Diez días en las entrañas del imperio (segunda parte)
En
1960, Fidel Castro Ruz partió rumbo a Nueva York, en un Britannia de
la Compañía Cubana de Aviación, para asistir al XV Periodo de Sesiones
de la Asamblea General de la ONU
18 de septiembre de 2015
NIKITA JRUSCHOV Y FIDEL CASTRO
La mañana del martes 20 de septiembre de 1960, una multitud calculada
en miles de personas por la propia policía neoyorquina —a la cual no es
posible acusar de parcialidad en favor del líder cubano— aguardaba la
salida de Fidel Castro por las calles que rodean el hotel Theresa,
cuando a las 12 y 14 minutos del mediodía, apareció frente al hotel,
Nikita Jruschov. El Primer Ministro soviético iba a saludar a su
homólogo cubano.
Fidel Castro recibió personalmente al gobernante soviético. Era el
primer encuentro de ambos líderes, quienes sostuvieron una cordial
conversación que no excedió los 30 minutos.
Tras la partida de Jruschov, el Primer Ministro cubano se dirigió
hacia el edificio de la ONU, adonde llegó alrededor de las tres de la
tarde.
Un nuevo precedente se estableció en la Asamblea de las Naciones Unidas, cuando Nikita Jruschov se levantó de su asiento para saludar a Fidel. Los periodistas y empleados de la ONU confirmaron que era la primera vez en la historia de ese organismo que un jefe de Gobierno se levanta para ir a saludar a otro jefe de Gobierno.
Una breve entrevista de ambos acaparó la atención de los delegados de las 97 naciones y de más de dos mil periodistas presentes.
Un nuevo precedente se estableció en la Asamblea de las Naciones Unidas, cuando Nikita Jruschov se levantó de su asiento para saludar a Fidel. Los periodistas y empleados de la ONU confirmaron que era la primera vez en la historia de ese organismo que un jefe de Gobierno se levanta para ir a saludar a otro jefe de Gobierno.
Una breve entrevista de ambos acaparó la atención de los delegados de las 97 naciones y de más de dos mil periodistas presentes.
NUEVOS INTENTOS PARA OBSTACULIZAR PRESENCIA DE CUBA EN LA ONU
Aunque la delegación cubana había resuelto el problema de alojamiento
y participaba en la Asamblea, iban en aumento los intentos de
obstaculizar su presencia en el país.
En horas de la noche de ese martes 20 de septiembre, se produjo el
secuestro de otro avión cubano. Ese acto de inadmisible piratería fue
cometido contra la nave donde viajaban el comandante Juan Almeida y el
ministro Regino Boti, quienes habían llegado para integrarse a la
delegación cubana.
El avión secuestrado —un Britannia de Cubana de Aviación—, llevaba
una inscripción que decía: “Delegación de Cuba en la O.N.U.”. La nave
fue entregada por las autoridades de Nueva York a un funcionario
judicial. El hecho no fue casual, este era el tercer avión cubano que
retenían los norteamericanos en una semana. El primero, fue un
Britannia que llegó al aeropuerto Idlewild en un servicio regular de
pasajeros y, el segundo, un DC-4 de Aerovías Q.
Otro hecho, esta vez de trágicas consecuencias, aconteció en el
restaurante El Prado, ubicado en la Octava Avenida y la calle 51 en
Nueva York. En ese mismo lugar, en la tarde del miércoles 21, un grupo
de cubanos simpatizantes de la Revolución fue atacado a tiros por
varios contrarrevolucionarios. Los disparos hirieron a una niña
venezolana de apenas nueve años de edad, quien se encontraba de paseo
con sus padres. Lamentablemente, la niña falleció al siguiente día.
La policía neoyorquina llegó minutos después del tiroteo. Las
detenciones que realizó no incluían a los atacantes. El Departamento de
Estado norteamericano, en una monstruosa conjura, inculpó a un
inocente, solo porque simpatizaba con la Revolución Cubana.
ALMORZARÉ CON LOS HUMILDES
En la sesión del jueves 22, el jefe de la delegación cubana, Fidel
Castro, junto al canciller Raúl Roa, el comandante Juan Almeida y demás
miembros de su delegación, acudió a saludar a Nikita Jruschov en el
salón de sesiones de la ONU. Momentos después el Mariscal Josip Broz,
Tito, presidente de la República Federativa Socialista de Yugoslavia,
se acercó a Fidel y departió con el líder revolucionario cubano
durante unos minutos.
Mientras tanto, las autoridades yanquis siguieron sus actos
inamistosos hacia Cuba al excluirla de un almuerzo que Eisenhower
ofreció el 22 de septiembre a las delegaciones latinoamericanas.
La reunión, convocada por el imperialismo, se efectuaría después que
el presidente Eisenhower pronunciara su discurso en la Asamblea General
de la ONU, por la mañana. Un vocero del gobierno de Estados Unidos
había anunciado la invitación a 18 representantes latinoamericanos ante
la ONU (la lista excluía a Cuba y República Dominicana). Al festín
imperialista en el salón Waldorf Towers, del hotel Waldorf Astoria,
dejó de asistir el jefe de la delegación uruguaya Eduardo Víctor Haedo,
quien no fue en obvio gesto de solidaridad con el representante
cubano.
Ese día, cuando Fidel salía de la ONU, un periodista le preguntó
cuál era su opinión sobre el almuerzo en el lujoso Waldorf Astoria,
al cual no había sido invitado.
“Me parece bien —respondió— y lo que deseo es que los que asistan a
él tengan buen apetito. Yo almorzaré en el barrio de Harlem, con los
humildes. Yo pertenezco al pueblo humilde”.
Al llegar al hotel Theresa, Fidel subió al comedor donde almorzó con
los empleados y el propietario. Lo acompañaban Celia Sánchez y otros
miembros de la delegación, así como numerosos periodistas
norteamericanos, quienes antes de comenzar el almuerzo le hicieron
varias preguntas.
DE UN LIBERTADOR A OTRO LIBERTADOR
DE UN LIBERTADOR A OTRO LIBERTADOR
En horas de la noche, el Comité Cubano Norteamericano ofreció una cena al compañero Fidel.
Richard Gibson, miembro del Comité Pro Justo Trato a Cuba, entregó un
busto de Abraham Lincoln al Primer Ministro de Cuba y reconoció “el
honor que es para el Comité hacer entrega del busto de Lincoln a
Castro”.
En el momento de la entrega, Gibson expresó: “De un libertador a otro libertador”.
Al acto asistieron más de 300 personas. Después del saludo hecho por
Gibson, el compañero Fidel tomó la palabra. Al referirse a su estancia
en el hotel Theresa y en el barrio de Harlem, confesó: “me siento como
quien camina en un desierto y se encuentra, de repente, en un oasis”.
El Primer Ministro cubano obsequió a Love Woods —propietario del
hotel Theresa—, un busto del prócer cubano José Martí, con la siguiente
inscripción: “Peca contra la humanidad el que fomente y propague la
oposición y el odio de las razas”.
¡ESTUPENDO!, ¡ESTUPENDO!
¡ESTUPENDO!, ¡ESTUPENDO!
El viernes 23, en la sesión de trabajo de la Asamblea General de la
ONU intervino Nikita Jruschov. El Primer Ministro soviético fue
portador de proposiciones a favor de liquidar el colonialismo, de
respetar y cumplir estrictamente las cláusulas de la Carta de las
Naciones Unidas, y de otras importantes propuestas, como la de trasladar
la sede de la ONU de Estados Unidos.
“¡Estupendo!”, “¡Estupendo!”, se escuchó por los auriculares de la
transmisión en español de traducciones simultáneas cuando el Premier
soviético hizo la propuesta del traslado de sede. La voz que se escuchó
fue reconocida como la de Fidel, quien en su entusiasmo no pudo
contenerse y lanzó esa exclamación de aprobación, dirigiéndose al doctor
Raúl Roa.
Esa noche, el Primer Ministro soviético ofreció una cena a la
comitiva cubana. El encuentro se efectuó en el edificio de la delegación
permanente de la Unión Soviética en la ONU.
http://www.granma.cu/cuba/2015-09-18/diez-dias-en-las-entranas-del-imperio-segunda-parte
Diez días en las entrañas del imperio (tercera parte)
El
lunes 26 de septiembre de 1960, a las 2:40 de la tarde, Fidel Castro
arribó a la entrada principal del edificio de las Naciones Unidas
vistiendo su inconfundible traje de campaña
Tras ocho días de estancia en Nueva York, el lunes 26 de septiembre de 1960, a las 2:40 de la tarde, Fidel Castro arribó a la entrada principal del edificio de las Naciones Unidas vistiendo su inconfundible traje de campaña.
Esa tarde haría su primera intervención ante la ONU.
CUBA SIEMPRE HA ESTADO DISPUESTA A DISCUTIR SUS PROBLEMAS
Fidel comenzó su intervención diciendo: “Aunque nos han dado fama de que hablamos extensamente, no deben preocuparse. Vamos a hacer lo posible por ser breves y exponer lo que entendemos nuestro deber exponer aquí. Vamos a hablar también despacio, para colaborar con los intérpretes. Algunos pensarán que estamos muy disgustados por el trato que ha recibido la delegación cubana. No es así. Nosotros comprendemos perfectamente el porqué de las cosas. Por eso no estamos irritados ni nadie debe preocuparse de que Cuba pueda dejar de poner también su granito de arena en el esfuerzo para que el mundo se entienda. Eso sí, nosotros vamos a hablar claro”.*
Fidel se refirió a varios de los incidentes ocurridos en esos días, respaldados por las campañas sistemáticas contra Cuba, y por la complicidad de las autoridades estadounidenses y que incluyeron hasta el trágico hecho que dio lugar a la muerte de una niña.
Seguidamente, hizo el recuento de cómo llegó a ser Cuba una colonia de Estados Unidos; los años de lucha de los cubanos por alcanzar su independencia; lo que encontró la Revolución al llegar al poder; y la alternativa del Gobierno Revolucionario ante esa situación. Asimismo, recordó la contribución del gobierno de Estados Unidos a la dictadura batistiana.
Más adelante, dio a conocer cuáles habían sido los primeros pasos del Gobierno Revolucionario una vez alcanzado el poder: rebaja de los alquileres, restablecimiento de los precios de los servicios telefónicos, la rebaja de las tarifas eléctricas y, sobre todo, se detuvo en el significado de la Ley de Reforma Agraria.
“Sin reforma agraria, nuestro país no habría podido dar el primer paso hacia el desarrollo. Y, efectivamente, dimos ese paso: hicimos una reforma agraria. ¿Era radical? Era una reforma agraria radical. ¿Era muy radical? No era una reforma agraria muy radical. Hicimos una reforma agraria ajustada a las necesidades de nuestro desarrollo, ajustada a nuestras posibilidades de desarrollo agrícola. Es decir, una reforma agraria que resolviera el problema de los campesinos sin tierra, que resolviera el problema de los abastecimientos de aquellos alimentos indispensables, que resolviera el tremendo desempleo en el campo, que pusiera fin a aquella miseria espantosa que habíamos encontrado en los campos de nuestro país. […] ¿Qué nos planteó el Departamento de Estado norteamericano, como aspiraciones de sus intereses afectados? Tres cosas: el pronto pago..., “pago pronto, eficiente y justo”. ¿Ustedes entienden ese idioma? “Pago pronto, eficiente y justo”. Eso quiere decir: “Pago ahora mismo, en dólares y lo que nosotros pidamos por nuestras fincas. […] Nosotros no confiscábamos las tierras; nosotros, simplemente, proponíamos pagarlas en 20 años, y de la única manera en que podíamos pagarlas: en bonos, que habrían de vencer a los 20 años; que cobraban el cuatro y medio por ciento de intereses y que se irían amortizando año por año”.
A continuación, el líder revolucionario expuso cómo comenzaron las amenazas contra nuestra cuota azucarera y cómo habían comenzado los bombardeos sobre los centrales azucareros y otras acciones terroristas procedentes de Estados Unidos, causando muertos, heridos y destrucciones materiales. Además, recordó las agresiones económicas y los intentos que Cuba ha hecho en el seno de la OEA para condenarlas.
Tras detallar los logros alcanzados en 20 meses, invitó a cualquier miembro de las Naciones Unidas o periodista para que visite a Cuba “pues allí no se le cierra las puertas a nadie, y vean con sus propios ojos la realidad cubana”.
Fidel reiteró la necesidad de que la ONU esté bien informada de los acontecimientos provocados por Estados Unidos contra Cuba, y ratificó que “el gobierno de Cuba siempre ha estado dispuesto a discutir sus problemas con el gobierno de Estados Unidos, pero el gobierno de Estados Unidos, no ha querido discutir sus problemas con Cuba”.
DESAPAREZCA LA FILOSOFÍA DEL DESPOJO
Luego, el jefe de la Revolución Cubana abordó los problemas que preocupan a otros pueblos del mundo. Como una fórmula que acabe con la explotación de los pueblos y con las guerras, Fidel expresó: “El quid de la paz y de la guerra, el quid de la carrera armamentista o del desarme. Las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón: el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas. ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso!”.
Al retomar las propuestas hechas por varias delegaciones en sus intervenciones, Fidel dejó constancia de la opinión de Cuba ante cada problemática y, especialmente, se detuvo en la lucha por la paz: “Nos queda un punto que, según hemos leído en algunos periódicos, iba a ser uno de los puntos de la delegación cubana, y era lógico, el problema de la República Popular China. […] Aquí han ingresado, en los años recientes, numerosos países. Es negar la realidad de la historia, y negar la realidad de los hechos y de la vida misma, el oponerse aquí a la discusión de los derechos de la República Popular China; es decir, del 99 % de los habitantes de un país de más de 600 millones de habitantes a estar representados aquí. Es sencillamente un absurdo, un ridículo, que ni siquiera se discuta ese problema”.
NOSOTROS NO PODEMOS SER ENEMIGOS DEL PUEBLO NORTEAMERICANO
Otro tema de sumo interés aborda Fidel cuando se refiere a cómo, maliciosamente, se intenta tergiversar la opinión pública presentando a los revolucionarios como agresores y enemigos, y afirma: “Nosotros no podemos ser enemigos del pueblo norteamericano, porque hemos visto norteamericanos como Carleton Beals, o como Waldo Frank, a ilustres y distinguidos intelectuales como ellos, salírseles las lágrimas pensando en los errores que se cometen, en la falta de hospitalidad que particularmente se cometió con nosotros”. Y precisa: “En muchos norteamericanos, los más humanos de los escritores, los más progresistas de sus escritores, los más valiosos de sus escritores, veo la nobleza de los primeros dirigentes de este país […] Lo digo sin demagogia, con la sincera admiración que sentimos por aquellos que un día supieron liberar a su pueblo de su colonia y luchar, no para que hoy su país fuese el aliado de todos los reaccionarios del mundo, el aliado de todos los gánsteres del mundo, el aliado de los latifundistas, de los monopolios, de los explotadores, de los militaristas, de los fascistas”.
Por último, Fidel expuso la esencia de la Declaración de La Habana, para que los delegados conocieran cuál era la línea del Gobierno Revolucionario de Cuba.
Su intervención concluyó a las 8:15 de la noche con una prolongada ovación.
Un diplomático latinoamericano comentó: “Por primera vez, la voz de los pueblos latinoamericanos se escuchó en la ONU”.
* Todas las citas del discurso fueron tomadas del periódico Revolución, 27 de septiembre de 1960.
Diez días en las entrañas del imperio (cuarta parte y final) (+Fotos)
A
las 6 y 46 minutos de la tarde del 28 de septiembre, el Primer Ministro
cubano descendió la escalerilla del avión de la línea soviética
Aeroflot que lo había transportado a la Patria
Fidel
Castro camina hacia el avión que lo conducirá a él y a la delegación
cubana que participará en el XV Periodo de Sesiones de la Asamblea
General de la ONU en Nueva York. Foto: Korda, Alberto
ÚLTIMOS DÍAS EN LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO
El martes 27 de septiembre de 1960, Fidel estuvo muy ocupado. En las primeras horas de la mañana se entrevistó con Wladyslaw Gomulka, miembro del Consejo de Estado de Polonia, y a las diez de la mañana asistió al debate en la Asamblea, donde escuchó el discurso del presidente Gamal Abdel Nasser.
El martes 27 de septiembre de 1960, Fidel estuvo muy ocupado. En las primeras horas de la mañana se entrevistó con Wladyslaw Gomulka, miembro del Consejo de Estado de Polonia, y a las diez de la mañana asistió al debate en la Asamblea, donde escuchó el discurso del presidente Gamal Abdel Nasser.
En la tarde se entrevistó con el presidente de Ghana, Kwame Khrumah, y
a las seis, asistió a la recepción que ofreció la delegación uruguaya a
la delegación cubana.
A las ocho de la noche estuvo en el banquete ofrecido por el Premier
de la India, Jawaharlal Nheru a los jefes de Estado. Más tarde, se
reunió con el jefe de la delegación de Bulgaria, Teodor Jivkov, quien
como Jruschov y Nasser también lo visitó en el hotel Theresa.
Mientras tanto, la prensa cubana anunciaba que después del mediodía del 28 de septiembre Fidel regresaría a La Habana.
Antes de embarcar, Fidel se entrevistó con el Mariscal Tito y con el entrañable Nasser presidente de la República Árabe Unida.
Como el avión en el que debía regresar a La Habana, una vez más fue
obstaculizado, Fidel aceptó la gentil invitación de la delegación
soviética para que hiciese uso de un avión que puso a su disposición con
el objetivo de que se trasladara a Cuba.
TRAEMOS UNA PROFUNDA IMPRESIÓN DE ESTE VIAJE
A las 6 y 46 minutos de la tarde del 28 de septiembre, el Primer Ministro cubano descendió la escalerilla del avión de la línea soviética Aeroflot que lo había transportado a la Patria.
TRAEMOS UNA PROFUNDA IMPRESIÓN DE ESTE VIAJE
A las 6 y 46 minutos de la tarde del 28 de septiembre, el Primer Ministro cubano descendió la escalerilla del avión de la línea soviética Aeroflot que lo había transportado a la Patria.
A su paso, la exclamación más escuchada por el Comandante en Jefe era: “Fidel, seguro, a los yanquis diste duro”.
Pocas horas después, frente al Palacio Presidencial, Fidel fue recibido por decenas de miles de cubanos. Luego de las palabras de bienvenida pronunciadas por Osvaldo Dorticós, Fidel inició sus palabras reflexionando sobre su visita a Nueva York: “En realidad, nosotros traemos una profunda impresión y alguna experiencia de este viaje. ¡Es una verdadera lástima que cada cubano no tenga la oportunidad de haber vivido diez días como los hemos vivido nosotros!”* Diez días, reiteró, en las entrañas del imperio.
Pocas horas después, frente al Palacio Presidencial, Fidel fue recibido por decenas de miles de cubanos. Luego de las palabras de bienvenida pronunciadas por Osvaldo Dorticós, Fidel inició sus palabras reflexionando sobre su visita a Nueva York: “En realidad, nosotros traemos una profunda impresión y alguna experiencia de este viaje. ¡Es una verdadera lástima que cada cubano no tenga la oportunidad de haber vivido diez días como los hemos vivido nosotros!”* Diez días, reiteró, en las entrañas del imperio.
“[…] aquí, en medio de la vorágine de los acontecimientos, ni ustedes
ni nosotros somos capaces de darnos realmente cuenta de lo mucho que
significa, no ya en el orden internacional, que no me estoy refiriendo a
eso, sino lo que para cada uno de nosotros representa esta patria nueva
que estamos construyendo”.
“No intentaría tratar de explicarlo, porque sé que es imposible,
pero, al menos expresando el sentimiento de todos nosotros, los que
hemos vivido diez días en las entrañas del imperio, confesamos que hemos
tenido realmente una idea clara y completa de lo que significa tener
patria. Sobre todo ahora que ya no somos colonia; ahora, que somos un
pueblo realmente soberano y libre”.
Más adelante, Fidel expuso “Hay que haber vivido diez días en la
entraña del monstruo imperialista, para saber que monopolio y publicidad
es allí una sola cosa y como nosotros somos enemigos de los monopolios,
como nosotros hemos chocado con todos los monopolios más poderosos del
imperio, unánimemente, con muy pocas y honrosas excepciones, los órganos
de publicidad nos combaten, mas no nos combaten con razones, porque
razones, de eso sí que carecen; nos combaten con mentiras, con todo
género de falsedades, con todo género de invenciones porque […] cuando
lo único que se posee es desvergüenza e indecencia, ¡lo que se muestra
es eso: desvergüenza e indecencia!”
“Nosotros vimos vergüenza, nosotros vimos honor, nosotros vimos
hospitalidad, nosotros vimos caballerosidad, nosotros vimos decencia
en los negros humildes de Harlem”.
ESE PETARDITO YA TODO EL MUNDO SABE QUIeN LO PAGÓ
En ese momento se oye explotar un petardo. Fidel reacciona con firmeza: “¿Una bomba? ¡Deja...! Ese petardito ya todo el mundo sabe quien lo pagó, son los petarditos del imperialismo. Creen... claro, mañana le irán a cobrar a su señoría y le dirán, le dirán: ‘Fíjate bien, fíjate bien, en el mismo momento en que estaban hablando del imperialismo sonó el petardo’ […]
ESE PETARDITO YA TODO EL MUNDO SABE QUIeN LO PAGÓ
En ese momento se oye explotar un petardo. Fidel reacciona con firmeza: “¿Una bomba? ¡Deja...! Ese petardito ya todo el mundo sabe quien lo pagó, son los petarditos del imperialismo. Creen... claro, mañana le irán a cobrar a su señoría y le dirán, le dirán: ‘Fíjate bien, fíjate bien, en el mismo momento en que estaban hablando del imperialismo sonó el petardo’ […]
“¡Qué ingenuos son! ¡Si por cada petardito que pagan los
imperialistas nosotros construimos quinientas casas! ¡Por cada petardito
que puedan poner en un año, nosotros hacemos tres veces más
cooperativas. ¡Por cada petardito que paguen los imperialistas, nosotros
nacionalizamos un central azucarero yanqui! ¡Por cada petardito que
pagan los imperialistas, nosotros nacionalizamos un banco yanqui! ¡Por
cada petardito que pagan los imperialistas,
nosotros refinamos cientos de miles de barriles de petróleo! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros construimos una fábrica para dar empleo a nuestro país! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros creamos cien escuelas en nuestros campos! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros convertimos un cuartel en una escuela! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros hacemos una ley revolucionaria! ¡Y por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros armamos, por lo menos, mil milicianos!”.
nosotros refinamos cientos de miles de barriles de petróleo! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros construimos una fábrica para dar empleo a nuestro país! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros creamos cien escuelas en nuestros campos! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros convertimos un cuartel en una escuela! ¡Por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros hacemos una ley revolucionaria! ¡Y por cada petardito que pagan los imperialistas, nosotros armamos, por lo menos, mil milicianos!”.
El compañero Osmany Cienfuegos “da una buena idea” y es que la
respuesta a ese petardo sea dedicada al Regimiento de Santa Clara
convirtiéndolo en una nueva ciudad escolar.
¡VAMOS A ESTABLECER UN SISTEMA DE VIGILANCIA REVOLUCIONARIA COLECTIVA!
Suena otro petardo y Fidel toma una decisión crucial para el posterior desarrollo de la Revolución. “Estos ingenuos parece que de verdad se han creído eso de que vienen los ‘marines’, y que ya está el café colado aquí. Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva, ¡vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva! Y vamos a ver cómo se pueden mover aquí los lacayos del imperialismo, porque, en definitiva, nosotros vivimos en toda la ciudad, no hay un edificio de apartamentos de la ciudad, ni hay cuadra, ni hay manzana, ni hay barrio, que no esté ampliamente representado aquí”. “Vamos a implantar, frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria que todo el mundo sepa quién vive en la manzana, qué hace el que vive en la manzana y qué relaciones tuvo con la tiranía; y a qué se dedica; con quién se junta; en qué actividades anda. Porque si creen que van a poder enfrentarse con el pueblo, ¡tremendo chasco se van a llevar!, porque les implantamos un comité de vigilancia revolucionaria en cada manzana, para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe, y para que vean que cuando la masa del pueblo se organiza, no hay imperialista, ni lacayo de los imperialistas, ni vendido a los imperialistas, ni instrumento de los imperialistas que pueda moverse”.
¡VAMOS A ESTABLECER UN SISTEMA DE VIGILANCIA REVOLUCIONARIA COLECTIVA!
Suena otro petardo y Fidel toma una decisión crucial para el posterior desarrollo de la Revolución. “Estos ingenuos parece que de verdad se han creído eso de que vienen los ‘marines’, y que ya está el café colado aquí. Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva, ¡vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva! Y vamos a ver cómo se pueden mover aquí los lacayos del imperialismo, porque, en definitiva, nosotros vivimos en toda la ciudad, no hay un edificio de apartamentos de la ciudad, ni hay cuadra, ni hay manzana, ni hay barrio, que no esté ampliamente representado aquí”. “Vamos a implantar, frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria que todo el mundo sepa quién vive en la manzana, qué hace el que vive en la manzana y qué relaciones tuvo con la tiranía; y a qué se dedica; con quién se junta; en qué actividades anda. Porque si creen que van a poder enfrentarse con el pueblo, ¡tremendo chasco se van a llevar!, porque les implantamos un comité de vigilancia revolucionaria en cada manzana, para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe, y para que vean que cuando la masa del pueblo se organiza, no hay imperialista, ni lacayo de los imperialistas, ni vendido a los imperialistas, ni instrumento de los imperialistas que pueda moverse”.
Surgían así los Comité de Defensa de la Revolución.
CON LA CABEZA Y CON EL CORAZÓN
Antes de concluir sus palabras, Fidel se refirió a la larga y dura lucha que los cubanos debemos enfrentar. Y dejó claramente explícito que cuando él compareció en la ONU, no compareció un hombre, ¡compareció un pueblo! Y que allí estaba cada uno de los cubanos.
CON LA CABEZA Y CON EL CORAZÓN
Antes de concluir sus palabras, Fidel se refirió a la larga y dura lucha que los cubanos debemos enfrentar. Y dejó claramente explícito que cuando él compareció en la ONU, no compareció un hombre, ¡compareció un pueblo! Y que allí estaba cada uno de los cubanos.
Convencido de la victoria ante el enemigo imperialista, Fidel
aconseja dos cualidades, cuando dice que esa victoria la obtendremos
“con dos cosas: inteligencia y valor; con la cabeza y con el corazón.
Nunca dejar ni que nos arrastre el valor por encima de la inteligencia,
ni tampoco que la inteligencia vaya delante del valor. ¡Inteligencia y
valor han de marchar juntos por el camino que conduce a la victoria!”
Para finalizar, Fidel precisa algunas valoraciones sobre su viaje:
“Consideramos que de las impresiones de nuestro viaje, estas son las
conclusiones más importantes, la idea del rol que Cuba está jugando, la
idea de la lucha que tenemos por delante, la necesidad de conducirla con
valor y con inteligencia y la necesidad de trabajar muy duro, de
redoblar el esfuerzo”.
Aún resonaban las palabras de Fidel cuando, en todos los barrios del
país, los vecinos reunidos espontáneamente fundaban los primeros Comité
de Defensa de la Revolución.
* Todas las citas del discurso están tomadas del periódico Revolución, 29 de septiembre de 1960.
Comentarios
Publicar un comentario