sábado, 22 de noviembre de 2014

Devotos de Frascuelo y de María…

La España de charanga y pandereta,

cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y alma inquieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.

Demoledor poema este de Machado. Tiene cien años. Muchos. Y aquí vamos de la milana bonita a los elogios fúnebres de una duquesa a la que solo Diego Cañamero, un líder campesino, un jornalero, clavó en pocas palabras un certero epitafio para esa
España estamental que vuelve por sus fueros, en coche de caballos, en vítores pueblerinos ensayados en las vaquillas y los derribos crueles, en cortesía de boina en mano a la puerta del amo: Esa aristocracia insultante. Todo lo demás, bambolla. Y de los hechos, si no de armas, si de Registro de la Propiedad, pero de la casa de Alba, vamos a la Pantoja que entra en prisión recordando sin duda que un día no tan lejano aquello era la pera y nunca iba a pasar nada, martir popular, absuelta en su vida de copla. 
 
Nuestra vida pública tiene tintes de fúnebre verbena, de esperpento descagallado. Aborrecible país este de los majos, las majas y las majezas, del desplante taurino en el que “un lechuzo tarambana” o “un sayón con hechuras de bolero” te daría con gusto descabello, de la chulería del señorito que cuando va de montería dice entre risas “Vamo a mata uno rojos”. 
 
“España de la rabia y de la idea”, ay, dónde, si se ha hecho tarde, si hay que empezar casi de cero, quién, cuándo, cómo, si, si, viene Gil de Biedma en mi ayuda
Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Ese país, este, que es el tuyo porque no tienes ya otro a dónde ir a espicharla, en eso pocos engaños caben, en el que por fuerza la historia termina mal y las esperanzas se ven frustradas, hechas esperanza feroz de desesperados, patria eterna de Caín en la que no hay quien no se reclame Abel, en la que nos vemos pacíficos por escarmentados y al miedo le llamamos templanza,y en la que a pesar de eso, a pesar de eso… Yo qué sé, si cabalgamos todos a lomos de nuestros demonios, a galope tendido además. No seré yo quien prediga el futuro.
 
 

Hoy 20 de noviembre ha muerto la Duquesa de Alba. Queremos expresar nuestras condolencias. Nos dan igual las familias de quienes se ahogan en el estrecho. Nos traen sin cuidado las familias de los obreros que mueren en accidentes de trabajo. ¿Y a quién le importan las familias de quienes se suicidan tras ser desahuciados? ¿Sale acaso en la tele alguno de ellos? ¿Son ricos o famosos? ¿Very Important People (VIP), quizá? ¿Acaso no debería haber clases sociales? ¿Acaso todas las personas deberían ser iguales? ¿Acaso no es mejor, aplicando la lógica de algún tertuliano de la tele, volver a la Edad Media antes que volver al Esclavismo? ¡Pues entonces!..


Murió Cayetana Fitz-James, Duquesa de Alba. Una mujer que como persona tiene nuestro respeto, al igual que cualquier ser humano, pero que ha sido la representante más conocida de esa clase de señoritos andaluces que han mantenido en la miseria y el subdesarrollo crónico a nuestra tierra. Una elite social que es responsable directa del drama del desempleo masivo en el medio rural y de la pobreza extrema que hemos sufrido durante siglos.

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