sábado, 11 de octubre de 2014

¿Por qué el mundo está ignorando a los kurdos revolucionarios en Siria?. David Graeber... (¿No sera por que son revolucionarios?)

La batalla de Kobane y la expansión del Estado Islámico

 En medio de la zona de guerra siria un experimento democrático está siendo destrozado por el ISIS. Que el resto del mundo no se dé cuenta es un escándalo.
En 1937, mi padre se ofreció como voluntario para luchar en las Brigadas Internacionales en defensa de la República
española. Un posible golpe fascista había sido detenido temporalmente por la sublevación de los obreros, encabezada por los anarquistas y socialistas, y en gran parte de España una auténtica revolución social se produjo, lo que llevó a ciudades enteras en autogestión democrática, industrias bajo el control de los trabajadores, y el fortalecimiento radical de las mujeres.

Los revolucionarios españoles esperaban crear una visión de una sociedad libre que todo el mundo podría seguir. En cambio, las potencias mundiales declararon una política de “no intervención” y mantuvieron un bloqueo riguroso de la república, incluso después de que Hitler y Mussolini, signatarios ostensibles, comenzaron a mandar tropas y armas para reforzar el lado fascista. El resultado fue años de guerra civil que terminó con la derrota de la revolución y algunas de las masacres más sangrientas de un siglo sangriento.

Yo nunca pensé que vería, en mi propia vida, ocurrir la misma cosa. Obviamente, ningún acontecimiento histórico sucede realmente dos veces. Hay mil diferencias entre lo que ocurrió en España en 1936 y lo que está sucediendo en Rojava, las tres provincias kurdas en gran parte del norte de Siria, hoy. Pero algunas de las similitudes son tan sorprendentes, y tan angustiosas, que siento que me incumbe, como alguien que creció en una familia cuya política eran en muchos aspectos definida por la revolución española, decir: no podemos dejar que termine de la misma manera otra vez.

La región autónoma de Rojava, tal como existe hoy en día, es uno de los pocos puntos brillantes –-en realidad uno muy brillante-– que emergieron de la tragedia de la revolución siria. Después de haber expulsado a agentes del régimen de Assad en 2011, y a pesar de la hostilidad de casi todos sus vecinos, Rojava no sólo ha mantenido su independencia, sino que es un notable experimento democrático. Las asambleas populares han sido creadas como los órganos de toma de decisiones en última instancia, los consejos seleccionados con cuidado equilibrio étnico (en cada municipio, por ejemplo, los tres altos oficiales tienen que incluir uno kurdo, uno árabe y otro cristiano asirio o armenio, y al menos una de los tres tiene que ser una mujer), existen consejos juveniles y de mujeres y, en un notable eco de la organización armada Mujeres Libres de España, un ejército feminista, la milicia “YJA Estrella” (la “Unión de Mujeres libres “, la estrella hace referencia a la antigua diosa mesopotámica Ishtar), que ha llevado a cabo una gran parte de las operaciones de combate contra las fuerzas del Estado islámico.

¿Cómo puede ocurrir algo así y todavía ser casi totalmente ignorado por la comunidad internacional, incluso, en gran parte, por la izquierda internacional? Principalmente, al parecer, debido a que el partido revolucionario de Rojavan, el PYD, trabaja en alianza con los Trabajadores kurdos de Turquía (PKK), un movimiento guerrillero marxista que desde los años 1970 ha estado involucrado en una larga guerra contra el Estado turco. La OTAN, los EE.UU. y la UE lo clasifican oficialmente como una organización “terrorista”. Mientras tanto, los izquierdistas en gran medida los describen como estalinistas.

Pero, en realidad, el propio PKK ya no es nada remotamente parecido al viejo partido leninista y vertical que alguna una vez fue. Su propia evolución interna, y la conversión intelectual de su propio fundador, Abdullah Ocalan, que tuvo lugar en una prisión en una isla turca desde 1999, lo ha llevado a cambiar por completo sus objetivos y tácticas.

El PKK ha declarado que ya ni siquiera trata de crear un estado kurdo. En su lugar, inspirado en parte por la visión del ecólogo social y anarquista Murray Bookchin, ha adoptado la visión de “municipalismo libertario”, llamando a los kurdos a crear comunidades libres, autónomas, basadas en los principios de democracia directa, que luego se unirían a través de fronteras nacionales – las cuales se espera que se vuelvan progresivamente insignificantes. De esta forma, propusieron, la lucha kurda podría convertirse en un modelo para un movimiento mundial hacia una auténtica democracia, economía cooperativa, y la disolución gradual de la nación-estado burocrático.

Desde 2005, el PKK, inspirado en la estrategia de los rebeldes zapatistas en Chiapas, declaró un alto al fuego unilateral con el Estado turco y comenzó a concentrar sus esfuerzos en el desarrollo de estructuras democráticas en los territorios que ya controlaban. Algunos han cuestionado que tan serio es todo esto en realidad. Claramente, permanecen elementos autoritarios. Pero lo que ha sucedido en Rojava, donde la revolución siria le dio a los radicales kurdos la oportunidad de llevar a cabo tales experimentos en un gran territorio, contiguo, sugiere que esto es cualquier cosa menos una fachada. Consejos, asambleas y milicias populares se han formado, la propiedad del régimen ha sido entregado a las cooperativas administradas por los trabajadores, y todo a pesar de continuos ataques por parte de las fuerzas de extrema derecha del Estado Islámico (EI). Los resultados cumplen con cualquier definición de una revolución social. En el Medio Oriente, por lo menos, estos esfuerzos se han hecho notar: sobre todo después de que las fuerzas del PKK y Rojava intervinieran para abrirse exitosamente un camino a través del territorio de EI en Irak para rescatar a miles de refugiados yezidis atrapados en el Monte Sinjar después de que los locales peshmerga huyeran del campo. Estas acciones fueron ampliamente celebradas en la región, pero notablemente casi no llamaron la atención en la prensa europea o norteamericana.

Ahora, Isis ha vuelto, con decenas de tanques de fabricación estadounidense y artillería pesada tomadas de las fuerzas iraquíes, para tomar venganza en contra de muchas de esas mismas milicias revolucionarias en Kobane, declarando su intención de masacrar y esclavizar –-sí, literalmente esclavizar-– a toda la población civil. Mientras tanto, el ejército turco se sitúa en la frontera evitando que refuerzos o municiones lleguen a los defensores, y los aviones norteamericanos pasa por encima zumbando lanzando algunos simbólicos ocasionales diminutos bombardeos, al parecer, sólo para poder decir que no es cierto que no hicieron nada como un grupo que dice estar en guerra con los defensores de uno de los grandes experimentos democráticos del mundo.

Si hay un paralelo hoy con los superficiales devotos, falangistas asesinos de Franco, ¿quiénes serían sino Isis? Si hay un paralelo a la Mujeres Libres de España, ¿quienes podrían ser sino las mujeres valientes que defienden las barricadas en Kobane? El mundo –-y esta vez más escandalosamente, la izquierda internacional-– ¿será realmente cómplice de dejar que la historia se repita? 
David Graeber Es un antropólogo y activista anarquista estadounidense. 
 
Este artículo fue publicado originalmente en la página web de The Guardian el 8 de Octubre del 2014. Traducido y editado por Renzo Forero.
 
Los kurdos, solos ante el asedio islamista en el norte de Siria.

La batalla de Kobane, en la que los kurdos han aguantado durante varias semanas el asedio del Estado Islámico al grito de “no pasarán”, símbolo de la resistencia y de la soledad de los kurdos sirios.
 
 
“No pasarán”, el grito de la resistencia del Madrid asediado durante la Guerra Civil, ha sido tuiteado las últimas semanas por kurdos y simpatizantes del mundo entero, y también se ha podido escuchar en las manifestaciones en solidaridad con los kurdos de Siria, asediados por el Estado Islámico (EI). Al cierre de esta edición, Kobane, ter­cera ciudad del Kur­distán de Siria, justo en la fron­tera con Tur­quía, resistía todavía al asedio del grupo yihadista.
La población que sigue en Ko­bane (el 90% ha huido, la mayor parte hacia Tur­quía) se defiende, calle por calle, desde hace más de tres semanas. La batalla vital que se libra en estos momentos en Roja­va (el Kurdistán de Siria) no es una guerra entre dos ejércitos. Es una lucha de­sigual entre una población civil mal armada (“los kurdos están sólo armados de su coraje y de viejos ka­lash­nikov”, expresaba a medios kurdos el doctor francés de Médicos Sin Fronte­ras Jacques Bières después de salir de Kobane) y un auténtico grupo militar (de más de 10.000 hombres) que combate con armamento pesado: la brutal máquina de guerra del Estado Is­lámico, surgido en Iraq antes de implantarse en Siria durante la guerra actual, en la que ha combatido contra Ba­char al-Assad.
Si bien la ofensiva islamista contra Koba­ne se recrudeció este verano –por el rearme del Estado Islámico tras la toma de Mosul en Iraq y luego por sus derrotas militares en ese país–, los ataques yihadistas contra los kurdos de Siria no son nuevos. Em­pe­zaron hace ya dos años ante la indiferencia internacional a pesar de las masacres perpetradas contra la población kurda y las numerosas peticiones de ayuda por parte de los responsables kurdos. Así lo pedía, por ejemplo, Sahlem Muslim, copresidente del Partido de la Unión Democrática (principal partido kurdo en Siria), en una entrevista que concedió a quien esto escribe hace justo diez meses en París.
Después de meses de asedio islamista, la intervención internacional ha llegado en octubre a Kobane después de que la coalición dirigida por Estados Unidos decidiera intervenir en Siria, tras hacerlo en Iraq este verano, con bombar­deos aéreos y armamento propor­cio­nado al Kur­dis­tán iraquí, aliado de Occidente. Pero en Siria, los bombardeos no han servido para salvar a Kobane de su agonía. Los portavoces de las YPG, las milicias popu­lares kurdas que combaten en Koba­ne, con una fuerte presencia de mujeres (como la que se autoinmoló a primeros de octubre para evitar el avance de un tanque islamista en la ciudad), los consideran insuficientes.
En Rojava no hay empresas petroleras extranjeras como en el Kur­distán de Iraq; y mientras los kurdos de este país son socios de potencias como EE UU y practican una real­politik a golpe de petróleo gestionando una región autónoma (tras la invasión extranjera en Iraq iniciada en 2003), los kurdos de Siria se inspiran en la propuesta del confederalismo democrático (un proyecto político para Oriente Medio basado en la democracia participativa, elaborado por Abdulah Ocalan, el líder kurdo en prisión en Turquía) y tienen un solo aliado: el PKK (Parti­do de los Trabajadores del Kurdis­tán), la guerrilla kurda de Turquía, declarada “organización terrorista” por EE UU, la UE y Turquía, entre otros.
Seguramente por ello, la situación que se vive en Rojava no ha merecido una atención relevante de los mass media ni de la comunidad internacional. De momento, las protestas organizadas en todo el mundo (en ciudades como Londres, Pa­rís, Estambul o Berlín) han sido protagonizadas por kurdos.

El rol opaco de Turquía

Mientras tanto, los kurdos siguen acusando a Turquía de apoyar ­directamente a las “fuerzas oscurantistas” que atacan a su población, como califica a los islamistas Sah­lem Muslim. Son numerosos los indicios que circulan por las redes sociales y que apuntan a la probable implicación de Turquía: transporte de armamento hacia los grupos islamistas en Siria, imágenes de yihadistas heridos en Siria aten­didos en hospitales de Tur­quía, ­fotos de militares turcos con combatientes del EI, o declaraciones oficiales, como las del presidente turco, el islamista conservador Recep Taryp Erdogan, para quien “el PKK y el EI son lo mismo para Turquía”. Parece estar claro que Turquía no quiere, justo al otro lado de su frontera, un Kur­dis­tán autónomo (los kurdos de Siria se proclamaron autónomos de facto en 2013).
El 2 de octubre, el Parla­men­to de Ankara aprobó sumarse a la intervención en Iraq y Siria para frenar el avance islamista. Pero los kurdos ven en ello un chantaje y un afán para controlar a sus hermanos del otro lado de la fron­tera. Desde hace meses Tur­quía mantenía la frontera cerrada, impidiendo que llegara la ayuda humanitaria y militar a los kurdos de Siria. Final­mente la abrió hace unos días ante la avalancha de refugiados kurdos (160.000 la habrían atravesado ya), pero la mantenía cerrada, con frecuentes cargas con gases y carros de agua, para los centenares de kurdos que intentan atravesarla en sentido contrario para combatir a los islamistas en Kobane. Abdulah Oca­lan, por su parte, ha advertido a Tur­quía de que la caída de la ciudad supondrá el punto y final del proceso de paz iniciado por el PKK y Ankara en 2013. Mientras, Ko­bane apuraba su resistencia agónica al grito de “no pasarán”. 

Elisenda Panadés París (Francia)
 https://www.diagonalperiodico.net/global/24180-kurdos-solos-ante-asedio-islamista-norte-siria.html
 
 

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