lunes, 13 de octubre de 2014

¿Dejamos el Futuro del Planeta en manos de los capitalistas?. GPM

<<Lo que caracteriza a este siglo XIX es el contraste entre, por un lado, las fuerzas industriales y científicas inimaginables en épocas anteriores y, por otro lado, los síntomas de un declive que sobrepasa los horrores atestiguados por los anales de la caída del Imperio romano. De un lado, vemos las máquinas capaces de reducir el esfuerzo humano, del otro constatamos la miseria de la masa; las fuentes de riqueza recientemente descubiertas convertidas en fuentes de miseria, los triunfos del espíritu pagados al precio de una pérdida de carácter. A medida que la humanidad domina la naturaleza, el hombre se convierte en esclavo de otro o de su propia infamia, su ciencia parece que no puede brillar más que sobre el sombrío fondo de la
ignorancia, sus invenciones y progresos tienden a dotar a sus fuerzas materiales de vida intelectual y a rebajar la vida humana al nivel de una fuerza material sin alma. Es como si cualquier progreso en el orden de la técnica y de la ciencia debiera ir fatalmente acompañado de una regresión en las relaciones sociales y las instituciones políticas>> (K. Marx: Discurso en un mitin obrero reunido en Londres durante la primavera de 1856, para celebrar el cuarto aniversario del órgano cartista “The People’s Paper. Citado por Maximilien Rubel en “Marx sin mito”. Edición Octaedro, Barcelona/2003, Pp. 187).  

01. Antecedentes históricos del problema

Entre 1830 y 1840 Marx estudió los trabajos del célebre científico naturalista Liebig, quien entendió el metabolismo en animales y vegetales, como procesos bioquímicos que denominó “fuerza vital”. En 1840 esta tesis fue superada por Julius Robert Mayer, uno de los cuatro descubridores de la ley de la conservación de la energía, sosteniendo que el metabolismo se explica por la llamada energética, que comprende a otras ciencias como la termodinámica, la química, la biología, la bioquímica y la ecología. Pero el verdadero precursor de este impulso en la biología, sin duda fue Liebig. Cuatro años después, en sus “Manuscritos económico-filosóficos” Marx concibió a los seres humanos como componentes constitutivos de la naturaleza:
<<Que la vida física y espiritual del hombre está ligada a la naturaleza, es como decir que la naturaleza está ligada consigo misma, pues el hombre es una parte de la naturaleza>>. (K. Marx: Op. cit. Ed. Juan F. Fajardo/2001)

Y en 1864, siguiendo las investigaciones del científico John Tyndall —quien validó la tesis de Mayer— Marx pudo indagar sobre los trabajos del fisiólogo alemán Theodor Schwann, quien en 1839 había introducido la noción de “metabolismo celular”. Por su parte, Engels también aportó lo suyo en “Dialéctica de la naturaleza”. Así fue cómo Marx pudo concebir al “metabolismo”, como el principio activo de la existencia, no solo de las distintas especies vegetales y animales sobre la Tierra, sino también de la vida inteligente más allá del instinto, definiéndolo como un intercambio entre los seres humanos genéricos y la naturaleza, a instancias del trabajo social1:
<<El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre la humanidad y la naturaleza, donde el ser humano media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza, ejerciendo su poder natural sobre ella. Pone en movimiento las fuerzas naturales que forman parte de su corporeidad, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de apropiarse de los materiales de la naturaleza bajo una forma útil para su propia vida. Al operar por medio de ese movimiento sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a la vez su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitaban en ella y las somete a su señorío>>. (K. Marx: Libro I Cap. V Ed. Siglo XXI/1978 Pp. 215/216)2

La libertad del ser humano genérico, consiste precisamente en esto, en su trabajo; pero con absoluto respeto por la naturaleza exterior a él, a la que transforma para sus propios fines como especie animal racional, al mismo tiempo que la conserva. La conclusión a la que llegaron Marx y Engels estudiando el modo de producción capitalista, es que este sistema de vida y su clase dominante, con su propensión hacia la obtención de la ganancia inmediata como móvil fundamental de su existencia, provoca una irreparable ruptura del necesario metabolismo entre los seres humanos y su entorno natural. En un pasaje de su “Dialéctica de la Naturaleza”, Engels pone como ejemplo de esa ruptura la desertización a largo plazo de tierras, mediante la quema de bosques cubanos por sus terratenientes españoles, para dedicar esa superficie a rentabilizar el cultivo de café:
<<Lo mismo frente a la naturaleza que frente a la sociedad, en el régimen de producción capitalista solo interesa de modo predominante, el efecto inmediato y más tangible>> (Op. cit.)

Y en 1873 publicó su “Contribución al problema de la vivienda”, donde puso en evidencia otra forma de ruptura entre las humanidad y sus medios de trabajo al confrontar el campo con la ciudad, mostrando cómo al sustituir mano de obra por máquinas en el agro, el capitalismo desatendió el cuidado de la tierra y propendió a su esterilización, forzando a que masas ingentes de población rural emigre buscando empleo en las industrias urbanas, donde fue hacinada en viviendas precarias e insalubres. A esto Engels llamó oposición entre la ciudad y el campo:
<<La supresión de la oposición entre la ciudad y el campo, no es ni más ni menos utópica que la abolición de la oposición entre capitalistas y asalariados. Cada día se convierte más en una exigencia práctica de la producción industrial como de la producción agrícola. Nadie la ha exigido más enérgicamente que Liebig en sus obras sobre química agrícola, donde su primera reivindicación ha sido siempre que el hombre debe reintegrar a la tierra lo que de ella recibe, y donde demuestra que el único obstáculo es la existencia de las ciudades, sobre todo de las grandes urbes. Cuando vemos que sólo en Londres, se arroja cada día al mar, haciendo enormes dispendios, mayor cantidad de estiércol que la que produce el reino de Sajonia>>3. (Op. cit. Subrayado nuestro)

¿No es esto lo que se sigue viendo todavía, en los numerosos vertederos de todas las grandes ciudades del Mundo, desperdicios muchos de ellos que acaban recalando en los suburbios internacionales del sistema?

1 Independientemente de su adscripción o pertenencia, a una determinada clase social, raza, nacionalidad, confesión religiosa o sexo.
2 Todos estos datos bibliográficos los hemos recogido de la obra escrita por John Bellamy Foster titulada: “La ecología de Marx”, publicada en castellano por la Editorial “El Viejo Topo” en 2004 Pp. 246-248.
3 El fenómeno típicamente capitalista de la emigración poblacional del campo a la ciudad, se explica por el hecho de que la tierra cultivable es el único medio de producción que no se puede reproducir a voluntad y su extensión está absolutamente limitada por la superficie del Planeta, de modo tal que, según progresa la productividad en las tareas agrícola-ganaderas, la población asalariada activa disminuye cada vez más y el paro obrero se incrementa, viéndose forzada a emigrar buscando empleo en las industrias urbanas.
4 Gran parte de los incendios forestales cada vez más frecuentes en el Mundo —no pocos de ellos intencionados para convertir los bosques en tierras de cultivo— se producen por la despoblación rural que impide su vigilancia, desbrozamiento de malezas y hojas secas. Lo cual contribuye al exceso de dióxido de carbono en la atmósfera, que propende al llamado “cambio climático”.
5 “Pecado contra el espíritu Santo. Único pecado imperdonable en la teología cristiana: ‘Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres. ; mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada a los hombres. (Mateo XII, 31; Cfr. Marcos III. 28-29 y Lucas XII, 9-10) Cita de Marx.)
6 La tierra tiene precio pero no valor. Está determinado por la renta o parte de la ganancia que se obtiene explotando trabajo asalariado sobre ella según la tasa de interés vigente,. “La renta equivale a una suma determinada de dinero, que el terrateniente percibe todos los años por el arriendo (alquiler) de una porción del planeta. Ya hemos visto que todo ingreso determinado en dinero puede ser capitalizado, es decir, considerado como el interés de una determinada magnitud de capital invertido. Si el tipo medio de interés es, por ejemplo, del 5 %, una renta del suelo anual de 200 libras esterlinas podrá considerarse, por tanto, como el interés correspondiente a un capital de 4,000 libras. La renta del suelo de 200 Libras esterlinas así capitalizada, es la que constituye el precio de compra o valor de la tierra”. (K. Marx: “El Capital” Libro III Cap. XXXVII. Lo entre paréntesis nuestro).


02. La continuidad del proceso letal

El capitalismo a instancias de la propiedad privada de la tierra y la creciente mecanización del campo, ha sustraído de su medio natural a quienes la venían cultivando, para empujarles hacia las ciudades, donde también gran parte de ellos han sido y siguen siendo privados de un salario, a raíz de que el afán de los capitalistas por obtener crecientes ganancias, exige sustituir más y más trabajo humano por máquinas más y más eficaces, cuando ese progreso debiera servir para repartir las horas de trabajo y disponer de mayor tiempo libre, en parte dedicado a la tarea de gobernar, entre quienes verdaderamente aportan con su inteligencia y esfuerzo al progreso de la humanidad4. Mientras tanto:
<<Cuanto mayores sean la riqueza social, el capital en funciones, la magnitud y el vigor de su crecimiento y por tanto también, la magnitud absoluta de la población obrera (activa) y la productividad de su trabajo, tanto mayor será la pluspoblación relativa o ejercito industrial de reserva (en paro). La fuerza de trabajo disponible (desocupada) se desarrolla por las mismas causas que la fuerza expansiva del capital (su acumulación). La magnitud proporcional del ejército industrial de reserva, pues, se acrecienta a la par que las potencias de la riqueza (creada). Pero cuanto mayor sea este ejército de reserva en proporción al ejército de los trabajadores activos, tanto mayor será la masa de una población excedentaria consolidada (en paro), cuya miseria está en relación inversa a la tortura de la que ha sido objeto en su actividad laboral. (Porque cuanto más progresa la productividad del trabajo, menor es el salario del trabajador activo respecto de la ganancia que produce, y mayor su gasto de energía, forzado por el ritmo al que es sometido por el mayor número de máquinas, más y más eficaces, que le obligan a poner en movimiento al mismo tiempo). Por último, cuanto más amplios sean los sectores empobrecidos de la clase trabajadora (activa) y más numeroso sea el ejército industrial de reserva, tanto mayor será la indigencia oficial. Esta es la ley general absoluta de la acumulación capitalista>>. (K. Marx: “El Capital” Libro III Cap. XXIII Aptdo. 3. Lo entre paréntesis nuestro)

Pero para los fines de conseguir que la práctica de acumular capital se consolide a escala planetaria, impidiendo que ese ejército de reserva expulsado de las ciudades regrese al campo, fue condición sine que non de los capitalistas que la tierra aumente de valor, un asunto que Marx abordó en el último capítulo, Libro I de “El Capital” titulado: “La teoría moderna de la colonización”, donde alude a lo que, en tal sentido sostuvo Edward Wakefield: concentrar la propiedad de la tierra en manos de adinerados colonos capitalistas, es decir, el latifundio:
<<Si el capital, dice Wakefield, “estuviera distribuido en porciones iguales entre todos los miembros de la sociedad […], a nadie le interesaría acumular más capital que el que pudiese emplear con sus propios brazos. Es éste el caso, hasta cierto punto, en las nuevas colonias norteamericanas, donde la pasión por la propiedad de la tierra (en minifundio), impide la existencia de una clase de trabajadores asalariados”5. Por tanto, mientras el trabajador puede acumular (riqueza) para sí mismo —y puede hacerlo mientras sigue siendo propietario de sus medios de producción—, la acumulación capitalista y el modo de producción capitalista son imposibles. No existe la clase de los asalariados indispensable para ello…>> (K. Marx: “El capital” Libro I Cap. XXV).

Así fue y sigue siendo posible a los capitalistas, convertir (metabolizar) a los parados de las ciudades no en esclavos ni en sujetos libres, sino en simples indigentes. De lo contrario, no tardarían en emigrar de las ciudades al campo, para ganarse la vida como pequeños propietarios a lo largo y ancho del Planeta, con lo cual dejarían de presionar a los empleados en la industria urbana, para que trabajen más por menos, malogrando de tal modo la acumulación de capital como privilegio de unas minorías sociales acaudaladas cada vez más irrisorias. La lectura y fácil comprensión de este capítulo, permite tomar conciencia acerca de la verdadera esencia destructiva y genocida del capitalismo, así como de sus propios límites históricos.

Pero lo más importante que aquí nos ocupa, es que atendiendo a la ganancia, los capitalistas han sido empujados a dejar por completo al margen la importancia de la naturaleza en cualquier proceso productor de riqueza para los fines de la vida humana. Para Marx, como para cualquier sujeto racional, sin la preservación de la naturaleza exterior a los seres humanos, no es posible producir riqueza. Y la riqueza no deja de ser una parte de la propia naturaleza, potencialmente contenida en la fuerza de trabajo. Pero una cosa es la riqueza y otra su valor, que ya deja de ser un producto de la naturaleza, para ser algo propiamente social, como es el caso de su valor de cambio:
<<La tierra actúa como agente (o factor de la producción) del valor de uso de un producto, digamos el trigo (o sea, riqueza material para su consumo). Pero no tiene nada que ver con la producción del valor (económico) del trigo (algo que solo puede ser generado por el trabajo social)>>. (K. Marx: “El Capital” Libro I Cap. XV. El subrayado y lo entre paréntesis nuestro)6.

Ahora bien, una parte de ese valor de cada producto, es la ganancia del capitalista, un “plus” que —por arte de birlibirloque— obtiene a cambio de nada. Así las cosas, el capital empleado en explotar trabajo sobre la tierra, supone un doble juego de relaciones. Por una parte, las relaciones propias del sistema entre asalariados y patronos. Por otra, las relaciones entre el ser humano y los medios de producción que pone en movimiento, naturalmente limitados por la masa y superficie del Planeta y, por tanto, no producidos ni reproducibles por nadie en particular, sino por la propia naturaleza. Y aquí surge un grave problema, que es la opción de preservar o no preservar las condiciones de vida en la Tierra, por parte de quienes viven de ella, sean explotadores o explotados. Una problemática que, como hemos visto, se ha planteado un reducidísimo número de personas conscientes de su propia realidad en este mundo desde los tiempos de Epicuro, pero que ha recrudecido de forma cada vez más dramática bajo el capitalismo, cuya clase dominante al respecto, ha venido demostrando ser incapaz de anteponer los intereses generales de la humanidad, a sus intereses particulares como minoría social dominante, sometida como está al sistema autotanático de producción que usufructúa, tal como lo señalara Marx hace ya casi 150 años con notable agudeza evocando a Liebig:
<<…la gran propiedad del suelo (aplicando técnicas cada vez más avanzadas de cultivo y recolección mecanizados), reduce la población (afectada al trabajo) agrícola a un mínimo en constante disminución, oponiéndole una población industrial en constante aumento hacinada en las ciudades; de ese modo engendra condiciones que provocan un desgarramiento insanable en la continuidad del metabolismo social, prescrito por las leyes naturales de la vida, como consecuencia de lo cual se dilapida la fuerza del suelo, dilapidación ésta que, en virtud del comercio, se lleva mucho más allá de las fronteras del propio país [Liebig]>> (K. Marx: “El Capital” Libro III Ed. cit. T.8 Pp. 1034. Lo entre paréntesis nuestro)
Si Marx, Engels y demás investigadores de la relación entre sociedad y naturaleza, no incursionaron en los daños que el capitalismo está provocando hoy en el medio ambiente, fue sencillamente porque el desarrollo de las fuerzas productivas en aquella época, no alcanzaron a dar testimonios visibles de ello. Y lo mismo cabe decir de lo que hoy se conoce por la deliberada guerra telúrica y climática.

03. ¿Qué hacer ante tal criminalidad enquistada?

En estos días está sesionando la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en el Mundo, donde seguramente se debatirá el V Informe del “Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático” (PICC), presentado en setiembre de 2013, que acaba diciendo lo siguiente:
<<Finalmente, señalar que debido a las múltiples presiones a que se han visto sometidos los científicos más comprometidos del panel, por parte de intereses gubernamentales, económicos y políticos, el informe del PICC no contempla mucho más abiertamente, la profundidad y la gravedad de la crisis causada por calentamiento global antropogénico, pero a pesar de ello, el informe del PICC es una buena herramienta de análisis y de ayuda para el trabajo de lucha contra el cambio climático.
La presión y los chantajes por parte de poderes con intereses creados en lobbies del gran capital, así como de diferentes gobiernos contra muchos de los expertos que participan en los estudios y la elaboración del informe del PICC, son de tal magnitud y a todos los niveles, que esta vez fueron puestos de manifiesto por voceros del PICC. Las grandes compañías están pagando a opositores y negacionistas del cambio climático, para desacreditar el trabajo de los científicos del PICC.
Por su parte, ante este hecho el Director de la Unidad de Implementación de las United Nations Framework Convention on Climate Change, Halldór Thorgeirsson, quien dirige las negociaciones de las Naciones Unidas a alto nivel internacional del cambio climático, afirmó que “los científicos tendrán que estar preparados para contrarrestar los ataques de parte de los escépticos”. Y que “Los intereses creados están pagando para sembrar el desprestigio de los científicos por doquier todo el tiempo. Tenemos que estar preparados para eso”>>. Aquí se puede ver el Informe.

Este problema humanitario del “calentamiento global” del Planeta, a raíz del exceso de dióxido de carbono en la atmosfera que se atribuye a “causas antropogénicas” —tal como señalan los científicos del PICC al final de su V Informe—, en realidad y verdad es por causas específicamente clasistas, tendencia que se ha venido verificando desde principios del siglo pasado, y que se fue acentuando desde mediados de la década de los años 70. En el siguiente gráfico la progresión se indica por la trayectoria marcada en color rojo.

Ante semejante panorama, se suceden con muy poca convicción, reiteradas advertencias de ciertos políticos, como el socialdemócrata ex vicepresidente norteamericano Albert Arnold Gore, quien alertó sobre las consecuencias de ese fenómeno sobre la vida en el Planeta. Pero no han hecho nada, demostrando que la pequeñoburguesía es la retaguardia del gran capital. De los hechos se deduce la evidencia, de que no pueda esperarse un cambio sustancial a este respecto en la conducta de la burguesía internacional, sino bien al contrario. ¿Por qué? Pues, porque el deterioro del clima en el Planeta, no es algo que dependa de determinados sujetos que representan al sistema capitalista, sino del propio sistema que les hace sentir muy bien, induciéndoles irresistiblemente a no hacer nada por cambiar su status quo. En última instancia, porque la propensión a obtener ganancias crecientes como leitmotiv de su existencia, puede más en esa minoría social de explotadores corruptos y genocidas, que el futuro de su propia descendencia.

Y en este proceso, todas las organizaciones políticas de medio pelo que integran las instituciones de Estado capitalistas, naturalmente tampoco están hechas para acabar con este sistema autotanático de vida; esos que proclaman vanamente defender desde allí los intereses de las clases medias y asalariadas, en realidad son tan cómplices de sus consecuencias, como los magnates que, a la cabeza de este movimiento histórico ya caduco, están todos ellos dispuestos a ir hasta el final para defenderlo. That’s the question. ¿Cómo resolverla?:

1) Expropiación de todas las grandes y medianas empresas industriales, comerciales y de servicios, sin compensación alguna.

2) Cierre y desaparición de la Bolsa de Valores.
3) Control obrero colectivo permanente y democrático de la producción y de la contabilidad en todas las empresas, garantizando la transparencia informativa en los medios de difusión, para el pleno y universal conocimiento de la verdad en todo momento y en todos los ámbitos de la vida social.
4) El que no trabaja no come.

5) De cada cual según su trabajo y a cada cual según su capacidad.

6) Régimen político de gobierno basado en la democracia directa, donde los más decisivos asuntos de Estado se aprueben por mayoría en Asambleas por distrito, y los altos cargos de los tres poderes, elegidos según el método de representación proporcional, sean revocables en cualquier momento de la misma forma.

¡¡¡Viva la Comuna de París!!!

1 Independientemente de su adscripción o pertenencia, a una determinada clase social, raza, nacionalidad, confesión religiosa o sexo.
2 Todos estos datos bibliográficos los hemos recogido de la obra escrita por John Bellamy Foster titulada: “La ecología de Marx”, publicada en castellano por la Editorial “El Viejo Topo” en 2004 Pp. 246-248.
3 El fenómeno típicamente capitalista de la emigración poblacional del campo a la ciudad, se explica por el hecho de que la tierra cultivable es el único medio de producción que no se puede reproducir a voluntad y su extensión está absolutamente limitada por la superficie del Planeta, de modo tal que, según progresa la productividad en las tareas agrícola-ganaderas, la población asalariada activa disminuye cada vez más y el paro obrero se incrementa, viéndose forzada a emigrar buscando empleo en las industrias urbanas.
4 Gran parte de los incendios forestales cada vez más frecuentes en el Mundo —no pocos de ellos intencionados para convertir los bosques en tierras de cultivo— se producen por la despoblación rural que impide su vigilancia, desbrozamiento de malezas y hojas secas. Lo cual contribuye al exceso de dióxido de carbono en la atmósfera, que propende al llamado “cambio climático”.
5 “Pecado contra el espíritu Santo. Único pecado imperdonable en la teología cristiana: ‘Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres. ; mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada a los hombres. (Mateo XII, 31; Cfr. Marcos III. 28-29 y Lucas XII, 9-10) Cita de Marx.)

6 La tierra tiene precio pero no valor. Está determinado por la renta o parte de la ganancia que se obtiene explotando trabajo asalariado sobre ella según la tasa de interés vigente,. “La renta equivale a una suma determinada de dinero, que el terrateniente percibe todos los años por el arriendo (alquiler) de una porción del planeta. Ya hemos visto que todo ingreso determinado en dinero puede ser capitalizado, es decir, considerado como el interés de una determinada magnitud de capital invertido. Si el tipo medio de interés es, por ejemplo, del 5 %, una renta del suelo anual de 200 libras esterlinas podrá considerarse, por tanto, como el interés correspondiente a un capital de 4,000 libras. La renta del suelo de 200 Libras esterlinas así capitalizada, es la que constituye el precio de compra o valor de la tierra”. (K. Marx: “El Capital” Libro III Cap. XXXVII. Lo entre paréntesis nuestro). 


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