
Según han informado medios de
comunicación africanos, entre
ellos el Nigeria Daily Post, el
Sahara Reporters y el All
Africa, pero nada los
principales medios de
comunicación estadounidenses,
ya se conoce que el gobierno de
Liberia con toda probabilidad
sabía que Patrick Sawyer estaba
infectado con el virus del Ébola
cuando le fue autorizado viajar
desde Liberia a Estados Unidos.
Patrick Sawyer, consultor
liberiano americano que laboraba
en el Ministerio de Finanzas de
Liberia, viajó a Lagos, capital
nigeriana y la mayor ciudad de
África, para participar en una
conferencia de trabajo cuando se
desmayó a su llegada al
aeropuerto de esa urbe.
Como que se trató del primer
estadounidense fallecido a causa
del Ébola, el caso fue
ampliamente divulgado en Estados
Unidos. En especial porque
Sawyer planeaba viajar, al
término de la conferencia en
Lagos, a Minnesota, donde
residen su esposa y sus hijos.
Si Sawyer hubiera llegado a
Estados Unidos, por supuesto que
habría llevado consigo la
enfermedad y este es sin dudas
el motivo por el que se decretó
una férrea censura del caso en
los medios principales de prensa
estadounidenses.
Lo que ha provocado la
continuidad del escándalo en los
medios africanos es que se ha
sabido que el viceministro de
finanzas liberiano, Sebastián
Omar, aprobó el viaje de Sawyer
a pesar de conocer de la
probabilidad de que éste
estuviera infectado con el virus
del Ébola.
Omar ha declarado que Sawyer era
su amigo y por ello no podía
haberle impedido viajar. Ha
dicho que él no debe ninguna
disculpa por haber puesto en
riesgo potencial millones de
vidas.
Melissa Melton, aguda
periodista, investigadora de la
prensa alternativa
estadounidense especializada en
la lectura entre líneas de la
prensa corporativa, ha escrito
que “el presidente nigeriano,
Goodluck Jonathan, ha denunciado
públicamente a Sawyer era un
loco, pero tal vez su
declaración está fuera de lugar
porque debió haberse referido
así a Omar antes que a Sawyer”.
Al ser preguntado acerca de los
motivos que tuvo para dar su
aprobación al viaje de Sawyer,
el viceministro liberiano
respondió airadamente y sin
disculparse (según el Daily Post
de Nigeria):
“Yo no le debo a usted
explicaciones. Patrick Sawyer
era un médico especialista en
salud pública, si usted quiere
saberlo. El doctor ugandés (que
lo atendió en Lagos) también era
médico, si también quiere usted
saberlo. Ya ellos no están con
nosotros. Así que el maldito
problema no es por qué él mintió
o no mintió para viajar, sino
cómo abordar la extraña
enfermedad. Si no tiene algo que
aportar en esa dirección calle
usted sobre el tema. Yo no tengo
tiempo hoy francamente para sus
arengas" dijo un Sebastian Omar
visiblemente enojado.
No obstante, periodistas locales
le han insistido en que como
funcionario gubernamental es su
deber salvaguardar a la
población y dar a los liberianos
y la comunidad internacional una
explicación sobre el caso, “no
darla representaría una
arrogancia completa de la gente
en el gobierno”.
En su respuesta, Omar sentenció:
"los viejos dicen que el tambor
vacío produce un ruido más
fuerte. Así estarán hablando
para sí mismos y, como veo que
no saben de lo están hablando y
como la cuestión es encontrar la
solución, no tiene ningún
sentido seguir intentando
encontrar la culpa. Alguien debe
haber frustrado el demonio en
Liberia... Llévenme a la corte
internacional puesto que soy
culpable de la aprobación de un
viaje".
Para Melissa Melton es
interesante que mientras los
principales medios de
comunicación africanos fueron
rápidos en señalar que Sawyer
estuvo a solo un vuelo de
distancia de trasladar el Ébola
a Estados Unidos, ninguno de
ellos ha cuestionado, como lo
más importante, cómo un hombre
sabidamente infectado con Ébola
fue autorizado por su superior a
abandonar el país para
potencialmente llevarlo a otros.
Sawyer fue el primer caso de
Ébola en Nigeria. No había allí
Ébola hasta que Sawyer lo
introdujo. La enfermera que
trató a Sawyer brevemente cuando
se derrumbó en Lagos murió poco
después a causa de la
enfermedad.
El hecho de que una epidemia
como el Ébola sea introducida en
un país cualquiera es un hecho
digno de alarma y solidaridad
universal. Lo lamentable es que
se reconozca la gravedad del
peligro de manera distinta
cuando la amenaza se cierne
sobre un país rico o uno pobre.
Cubaperiodistas.cu
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