¿Una batalla perdida por los trabajadores?
CONTIENDA COLOSAL EN EL MERCADO LABORAL ESPAÑOL
Por Manuel Medina / Canarias Semanal
De manera encubierta, en el Estado español se está desarrollando un forcejeo colosal entre el ejecutivo gubernamental de Mariano Rajoy,
que ostenta la representación genuina de las clases hegemónicas locales
y europeas, y la pasiva pero tenaz resistencia de los asalariados
a abaratar el precio de su fuerza de trabajo.
Según una reciente encuesta de la empresa de trabajo temporal Manpower realizada entre 9.000 personas adscritas a las oficinas de empleo, el 32% de los varones contestó que no trabajarían por menos de €1000 mensuales. El 28% de las mujeres se negaba, igualmente, a aceptar un puesto de trabajo por menos de la cantidad indicada.
Pero la encuesta realizada por esta empresa de trabajo temporal, indicaba más datos que ponían de relieve la magnitud del forcejeo que de forma subyacente se está produciendo en el mercado laboral español entre empleadores y desempleados. El 63% de los encuestados confesaron que bajo ningún concepto aceptaría un trabajo por menos de €800. Sólo el 25% de los parados reconoció que aceptaría un puesto de trabajo independientemente de cuál fuera la retribución que iban a recibir.
Según una reciente encuesta de la empresa de trabajo temporal Manpower realizada entre 9.000 personas adscritas a las oficinas de empleo, el 32% de los varones contestó que no trabajarían por menos de €1000 mensuales. El 28% de las mujeres se negaba, igualmente, a aceptar un puesto de trabajo por menos de la cantidad indicada.
Pero la encuesta realizada por esta empresa de trabajo temporal, indicaba más datos que ponían de relieve la magnitud del forcejeo que de forma subyacente se está produciendo en el mercado laboral español entre empleadores y desempleados. El 63% de los encuestados confesaron que bajo ningún concepto aceptaría un trabajo por menos de €800. Sólo el 25% de los parados reconoció que aceptaría un puesto de trabajo independientemente de cuál fuera la retribución que iban a recibir.
Por grupos de edades, los desocupados que manifestaron mayor resistencia a abaratar el coste de su fuerza de trabajo fueron los comprendidos entre 35 y 44 años. El 42% de ellos no trabajaría por menos de €1000. La resistencia a cobrar salarios de miseria se reducía en la medida que los encuestados iban teniendo menor edad.
El estudio de la ETT Manpower ofrecía también datos significativos de acuerdo a las áreas geográficas donde se realizó la encuesta. Mientras que los parados consultados en Madrid (41%) y en Cataluña (37%) fueron los que con mayor rotundidad se negaban a aceptar infrasalarios, solo un 13% de los desempleados canarios se resistían a aceptar un puesto de trabajo por menos de €1.000. Por encima de Canarias se encontraban Galicia (18%) y Andalucía y Aragón (21% en ambos casos).
Estos estudios y encuestas no son fruto de ningún tipo de interés puramente académico. Se intenta, a través de ellos, de auscultar cuál es el estado de ánimo, la capacidad de resistencia y los cambios que se producen en las filas de los desempleados. Los resultados sirven, posteriormente, para poner en marcha medidas legislativas y de otro tipo, orientadas a quebrar la voluntad de estos colectivos sociales.
La reciente reforma laboral, los cambios legislativos en la negociación de los convenios, las restricciones impuestas últimamente a la percepción de las prestaciones del "Plan Prepara" han estado encaminadas hacia un mismo fin: imponer en el mercado laboral el abaratamiento drástico de la mano de obra. La Secretaria General del Partido Popular, Mª Dolores de Cospedal, expresó con claridad cuál era la intención de las modificaciones de las prestaciones: "El Plan Prepara - dijo - tiene que valer para que las personas que lo perciban puedan encontrar un puesto de trabajo. Hasta ahora no ha valido para eso". Lo que la dirigente ultraconservadora quería expresar era que si fuera preciso quebrar la resistencia de los trabajadores a aceptar salarios de miseria utilizando el hambre como argumento de persuasión, no se iba a dudar un instante en hacerlo.
En otras condiciones históricas, la batalla entre las clases sociales hegemónicas y aquellas otras que se niegan a vender a precio de saldo su capacidad para producir, se estaría dirimiendo en las calles, en una confrontación clasista sin paliativos. Aquí y ahora, sin embargo, lo que se está teniendo lugar es una suerte de resistencia individual por parte de los asalariados a ceder ante la brutal presión del gobierno y la patronal. El desenlace de las confrontaciones con estas características está siempre asegurado: la derrota.
Con la excepción de Euskadi, en el Estado español
el litigio se está desarrollando en el terreno menos propicio para
los trabajadores. Pero difícilmente podía ser de otra manera en una
sociedad donde las organizaciones sindicales mayoritarias forman parte
de la institucionalidad del Sistema, y las formaciones políticas de
izquierda, a las que en las presentes circunstancias les correspondería
desempeñar un papel revolucionario, o son débiles o se han decantado
por la vía de la reforma y el electoralismo.
Comentarios
Publicar un comentario