Una explicación desde Bilbao

Una explicación desde Bilbao




Mikel Arizaleta.- Todo esto en septiembre de 2011 era todavía una fábrica joven de sueños de muchos colores, un gaztetxe creativo, Kukutza, centro de formación, de ilusiones compartidas, de proyectos de futuro y vida… Era un local abandonado, que un día perteneció a un narcotraficante.

Hubo manifestaciones grandes de apoyo, escritos sesudos de defensa y solidaridad, lloros de pena.

Un buen día intervino la propiedad privada con jueces, alcalde y policía… y primero lo dejaron así, luego lo convirtieron en solar vacío. Hoy es un páramo de soledad y tristeza. Rompieron sueños con excavadoras y a pelotazos. Me recordó en pequeño la conquista o saqueo de América, el rescate de Grecia o la gobernanza de Rajoy: narcotraficantes saqueando la Universidad, las clínicas, las pensiones de una vida trabajada… con autoridades, jueces y policía.

El alcalde Azkuna justificó en voz alta: “El Ayuntamiento tiene que defender la propiedad privada”. El consejero de Interior, Rodolfo Ares, explicó con una de sus milongas la bestial actuación de sus ertzainas: “estos pirómanos hubieran incendiado Rekalde (barrio de Bilbao). Eran de Bilbao, del País Vasco, del resto del Estado y también de Alemania. (…) Actos de “sabotaje y guerrilla urbana” “dirigidos y planificados con gente que avisaba a donde había que acudir”(…) “mecanismos de ordenes de actuación o, al menos, coordinando o mandando mensajes”. Con mochilas preparadas “para provocar incidentes” y disponían de gasolina y artefactos incendiarios. Eran “radicales, intolerantes y desalmados, kale borroka, violencia callejera, antisistemas, alcohol, algunos con delitos de violencia de género. Hay que ser “prudentes“.

Hubo bastantes detenidos y muchos masacrados y heridos. Y luego mucha tristeza y un páramo vallado y muerto en medio del barrio. Y los vecinos al pasar por delante hoy menean la cabeza y dicen: si les dejamos gobernar así seguirán rompiendo nuestros sueños, arrasando nuestra creación y quebrando nuestra vida.

Nos dijeron hace años los pueblos de América, luego lo repitieron los griegos y hoy muchos entre nosotros. Es lo que ocurre por desentendernos de nuestros sueños y halagar al viejo narcotraficante con palabras bellas como banco, juez, alcalde o policía.

Tomado de inSurgente
 

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