Viejas costumbres que se irán eliminando
Una vez más,
Fidel habló como el sabio que es, augurando la inexorable reconducción
del comportamiento sectario que retrasa el avance de los “ideales
superiores” mencionados por Borón y que continúa siendo habitual en esos
izquierdistas infantiles que el propio ex presidente cubano bautizó
hace unos años como “superrevolucionarios”. Y es que, efectivamente,
antes o después, estos onerosos compañeros de viaje han de entender la
diferencia cualitativa que existe entre sus fines personales o
partidistas y los comunes, léase lograr el anhelado cambio estructural
que haga de este mundo insoportable un lugar amable, justo, solidario y
divertido.
Hace unos días, en un acto público con el dirigente jornalero Diego Cañamero,
viejo amigo y camarada de quien esto firma, también abordamos este
tema. Yo le decía que nos tenemos que preguntar ante cada paso que
vayamos a dar si éste nos va a acercar al objetivo universal que
compartimos las distintas familias de la izquierda anticapitalista,
evitando, en caso contrario, esfuerzos vanos, y, sobre todo,
desviaciones que nos acaben alejando de él. Se trata, al fin y al cabo,
de algo tan sencillo (y a la vez tan complejo, dada la mezquindad de
quienes anteponen sus prioridades al bien común) como es aplicar las
enseñanzas del materialismo dialéctico. Es una cuestión de tiempo, dice
Fidel con razón, pero también es una cuestión de método, de inteligencia
y de generosidad.
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errazkin@gmail.com y en Twitter: @errazkin
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