sábado, 5 de abril de 2014

Zaragoza: Más silenciadas, más presas. Nuevas muertes en Zuera. por A las barricadas

Hay muchas cárceles dentro de la cárcel, muchas historias individuales silenciadas, muchos pequeños infiernos que no cabrían en un libro entero, ni en una enciclopedia del sufrimiento.
Pres@s en aislamiento, enfermos terminales, psiquiatrizados, dispersadas, menores… historias de desarraigo que ponen los pelos de punta.
Dentro de todas esas realidades una de las que menos se conoce es la de las mujeres en prisión, una minoría entre el colectivo de casi 70.000 personas presas en el Estado Español.
Ocupan pabellones sobresaturados, suelen acumular penas menos graves y reciben un trato de segunda, pues en muchas prisiones ni tan siquiera tienen acceso a instalaciones comunes como biblioteca o gimnasio y su patio es sensiblemente más pequeño.
Permanecen silenciosas, anónimas, como todas las personas presas, tan anónimas como la presa que se quitó la vida el pasado 11 de marzo en la zaragozana prisión de Zuera. Solo una escueta nota de prensa, ni tan siquiera un nombre, ni mucho menos un porqué. Una nota al margen en algún informativo y otra muerte más que acumula ese siniestro lugar en mitad de la nada que es la macrocárcel de Zuera, que en el pasado batió en varias ocasiones el siniestro récord de suicidios en prisión.
Apenas unos días después, el 1 de abril moría la presa del PCE(r) Isabel Aparicio, que se hallaba gravemente enferma y que había denunciado en diversas cartas la desasistencia sanitaria que sufría, hecho que quedó patente con su muerte. Tarde vienen las lamentaciones, aunque una persona presa parece no ser importante para casi nadie. Menos si se trata de una presa política. Donde quepa la revancha que no se espere justicia.
Artrosis degenerativa, osteoporosis, problemas de respiración, desplazamiento de sus vértebras lumbares y hernia de disco no se consideraron dolencias lo bastante graves como para derivar a Isabel a un hospital.
Los tiempos cambian, pero la miseria penitenciaria permanece. El goteo de muertes, silenciosas y silenciadas sigue y las noticias se emiten con sordina, no vayan a asustar a la ciudadanía bienpensante y revelen que las más lóbregas mazmorras siguen existiendo, aunque ahora se tiñan de democracia.

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